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Etapa 16 Grimaldo - Galisteo


VÍA DE LA PLATA


La Vía de la Plata es la ruta más dura si deseamos realizar el Camino en época estival, debido a su adversa climatología, con temperaturas muy altas prácticamente durante todo el día, sobre todo pasado el medio día que se vuelven verdaderamente insoportables.
Es aconsejables comenzar la etapa muy pronto, la brisa de la mañana te carga las pilas, disfrutas de hermosos amaneceres y sobre todo le resta horas al sol abrasador.


La salida de Grimaldo la hacemos por el arcén de por la N-630, me acompañan Caetano y Rita (Brasil) y Andrea (Polonia), giramos a la izquierda por la carretera de Holguera, que se abandona, al poco, tomando el camino a la derecha, a continuación pasamos bajo un puente de la autovía y atendiendo a las flechas que nos desvían, a la derecha, por un camino.



Durante los próximos cinco kilómetros la etapa se torna llana, fácil y previsible. Pasaremos por las inmediaciones del Prado Pajares, Dehesa de Grimaldo y el Cerro Cabildo - de 570 metros - Portelas y fincas valladas, son una constante en este tramo. Hay que prestar mucha atención a las señales, especialmente en un punto conocido como Cuatro Términos, donde el camino, en considerable descenso, hace un giro de casi 90º a la derecha coincidiendo con una valla metálica. Se sigue en descenso cruzando portelas, algunas de ellas muy deterioradas, hasta alcanzar la Presa del Riolobos.







El camino es angosto y dificultoso, pero bien señalizado. La pareja brasileña ha quedado atrás, continuamos Andrea y yo, salimos a la carretera y seguimos hacia la derecha, en subida, durante más de medio kilómetro. La dejamos por un camino que sale a mano izquierda y que se interna en la Finca Valparaíso. Cien metros más alto, a un kilómetro a mano derecha, se alza el Cerro de Fuente del Sapo, donde varios autores ubican la siguiente mansio del camino, Rusticiana.
En constante descenso llegaremos hasta una acequia del río Alagón cuyo margen seguimos durante un tramo. Continuamos camino atendiendo a la señalización que nos lleva hasta un cruce donde se presenta la opción de seguir recto a San Gil o coger el desvío de la izquierda hacia Galisteo, Andrea decide ir a San Gil, yo sin embargo continuo como tenía previsto mi camino hacia Galisteo.






Tras un camino en bajada nos espera un fuerte repecho, este hace que pare para recobrar aliento, mientras observo el maravilloso paisaje veo que comienzan a subir algunos peregrinos, decido esperar su llegada. Primero llega Chema, con su robusta barba blanca y su apoyo repleto de cintas de colores, algo más atrás se acercaba Jürgen. Juntos continuamos la dura pendiente que nos lleva al alto de la loma, en esta disfrutamos de una excelente panorámica del pueblo amurallado de Galisteo.
El primer golpe de vista de su muralla almohade impresiona y uno duda si realmente camina en el siglo XXI.




Tuvimos lo que se podría llamar, una entrada triunfal en el pueblo, rodeados de media docena de chiquillos que nos saludaban efusivamente, curiosos continuaron con nosotros haciéndonos un sinfín de curiosas preguntas hasta que llegamos a un bar llamado Los Emigrantes, cuando lo vi pensaba que se trataba del típico mesón de raciones cutre. ¡¡¡Pues no, al contrario!!!, sus productos son autóctonos de primerísima calidad y deliciosos.
Chema pronto entraría en conversación con el dueño del establecimiento, este lugar es muy frecuentado por peregrinos, en él hay una placa de un grupo de peregrinos amigos del Camino de Huelva agradeciendo la hospital del establecimiento hacia ellos. A la medía hora llegó Marlen con su perrito canela, Hanns aún tardaría en llegar.
Al terminar el almuerzo nos separamos, Jürgen marchó al pueblo, Chema había decidido continuaría camino. Este sería el último día que le vi, nuestro encuentro fue fugaz, pero muy alegre, un gran peregrino el onubense. Me eche la mochila de nuevo a cuestas y marché en busca del albergue de peregrinos, mientras Hanns y Marlen se quedaron en el bar almorzando.



El albergue estaba abierto, una nota en la puerta nos daba la bienvenida invitándonos a acomodarnos, al rato llegaría Cruz, la hospitalera. Al poco tiempo llegó Jürgen, a la postre seriamos los únicos peregrinos en el albergue.

Mas tarde y de paseo turístico por el pueblo me encontré con varios peregrinos en la Plaza de España. En la terraza de un bar estaban, Marlen y Hanns, junto a Ariel y Patrick, que también habían decidido como final de etapa este precioso pueblo, ellos se han quedado en la hospedería que tienen en el bar los Emigrantes.

Galisteo es de esos pueblos que ves en la distancia, encaramado sobre una colina. Cuando lo contemplas así no crees ni imaginas lo pintoresco que te vas a encontrar en el corazón de sus callejuelas.
La historia aún corre presurosa por los muros de sus casas y sus calles empedradas. Precisamente aún aparece resguardado Galisteo por la vieja muralla de origen almohade que data del siglo XIII, realizada a base de cantos rodados y argamasa.
Con sus 1.200 m de perímetro, con más de dos metros de espesor y hasta once metros de altura, se convierte en única en su clase.
En la actualidad quedan tres puertas de esta vieja muralla de más de ocho siglos, la Puerta del Rey, la Puerta de Santa María y la Puerta de la Villa. No puedes evitar acercarte a los muros y tocar la peculiaridad de sus cantos.



Galisteo es otra de las villas históricas de la provincia de Cáceres que han sido declaradas Conjunto Histórico Artístico como consecuencia de la buena conservación de muchos de sus encantos históricos, especialmente de origen medieval.

Galisteo fue un antiguo Señorío que agrupaba once pueblos. Por otro lado otros estudiosos creen que la Medina Ghaliayah (939 al 1002), en la que descansó Almanzor camino de Galicia en la época de la invasión musulmana no es otra que la actual villa de Galisteo.
Para intentar aproximarnos hacia sus orígenes mencionaremos en primer lugar la calzada romana conocida como Vía de la Plata, que pasaba cerca de Galisteo, y que actualmente delimita su término municipal con el de Plasencia. En dicha calzada, en lo que hoy es conocido como Cerro de las Brujas, existió una mansio romana en la que hacían parada los viajeros para descansar y reponer fuerzas. Dicha mansio se llamó Rusticiana, siendo una de las más importantes de la zona junto con Cáparra.

Paseando por Galisteo con la amenaza de lluvia nos encontramos con la hermosa iglesia de la Asunción, de estilo mudéjar, y muy cerca de la Puerta de Santa María, que data del siglo XVI, aunque en su interior se puede ver el ábside mudéjar del templo que había aquí anteriormente, allá por el siglo XIII.






Como pueblo histórico no podía faltar en Galisteo su palacio, en esta ocasión el Palacio Castillo de los Manrique de Lara, del que destaca en especial su preciosa torre de homenaje, conocida por los lugareños popularmente como la Picota, nombre que se le puso por el remate en forma de pico octogonal.


A la salida del pueblo se cruza el puente que, en el siglo XV, reedificaran los Manrique de Lara sobre el antiguo que databa de la época romana. Echando la vista atrás contemplamos sobre su cerro este precioso pueblo de murallas, ábsides mudéjares y campanarios. Una excusa perfecta para decidir Galisteo como final de etapa en nuestro recorrido por la Vía de la Plata.