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28 nov. 2010

Etapa 18 Oliva de Plasencia - Aldeanueva del Camino


VÍA DE LA PLATA


Dejamos atrás el albergue, salimos por la calle Tueros, continuamos por la calle Pozo Lirón hasta llegar a la carretera, que atravesamos para comenzar el camino por una pista ancha. No tardamos mucho en ver las primeras cabezas de ganado a un lado del camino, algo más adelante entramos en terrenos de una ganadería de toros bravos. El frágil cercado de piedra y alambrada anterior es sustituido por altas y robustas vallas de hierro pintadas en blanco, esto nos hace pensar que lo que veremos a partir de ahora no son precisamente tiernos terneros. Al comienzo de la valla, un cartel nos informa:
"Peligro Ganado Bravo", esta vez las ganaderías nos avisan del posible peligro.






Miramos con curiosidad los imrpesionante animales, pero también con recelo. Al finalizar los cercados la vía se estrecha hasta convertirse en un camino carretil; a las encinas se añaden los alcornoques, fresnos, olivos, acebuches y algún espino albar, propio de una zona más húmeda cercana al río Ambroz.




Llegamos hasta el cruce con el camino de la vía de la plata, a la derecha de la vía, emerge una aparición en el paseo de olmos que antecede al imperturbable arco de Cáparra, construido en sillar hace más de dos mil años.
Se trata de un tetrapylum, que quiere decir cuatro puertas. Estaba situado justo en plena calzada romana de la Vía de la Plata, y en el centro de la ciudad de Cáparra. Este arco ha suscitado curiosidad entre los estudiosos ya desde el XVI, por ser único en su género dentro de la Península Ibérica.



Su planta es cuadrada e irregular. Sus cimientos están hechos de grandes sillares con terminación almohadillada. Su estructura consta de zócalo, pilares y arquivolta. Los capiteles terminan en una cornisa sobre la que se alza la arquivolta de la que arranca la bóveda de arista. Los dos frentes más importantes del arco son los que miran hacia la calzada. En la fachada principal, existen unos podios sobresalientes, que en su día tuvieron inscripciones y estatuas. Todavía puede leerse en latín su inscripción de la derecha, que traducida al castellano, dice:

BOLOSEA(E) FIDI(O)PELLI
F. MA(CRI. F) M. FIDIVS MACE(R EX)
TESTAMENTO F (C)

A Bolosea, hija de Pellius y a fidius, hijo de Macrius. Marcus Fidius Macer, en testamento.




En los alrededores, rodeados de vallas metálicas, yacimientos que exhuman restos de la antigua villa romana, como su foro y que permiten descubrir rasgos de su vida social y religiosa. En Cáparra es fácil encontrar multitud de restos romanos que afloran a la superficie. Pero de todos los elementos, el más famoso es su arco romano. Cáparra pertenecía al pueblo, llamado Caparensis.

El autor Plinio cita al pueblo de los Caparensis como habitantes de la provincia romana de la Lusitania. Pero según otro autor clásico, Ptolomeo, Cáparra pasó de los lusitanos a los vetones, y es que se encontraba en el límite o frontera de estos dos pueblos. En el texto clásico Itinerario de Antonino se coloca a la ciudad de Cáparra como mansio de la Ruta de la Plata a 110 millas de Emérita Augusta (la actual Mérida).


Parece ser que los romanos no fueron los creadores de la ciudad, sino que cuando llegaron a ella ya existía un asentamiento indígena de cierta importancia.
La razón para ubicarse aquí y convertirla en una ciudad fue primero, que era necesaria en esa zona una mansio o lugar de parada en el recorrido de la ruta de la Plata, segundo, que su ubicación era idónea en cuanto a la riqueza agrícola de la Vega del Ambroz, tercero, que Roma necesitaba en ciertas zonas un centro administrativo, tributario y de vigilancia, y cuarto, la situación defensiva era buena, y estaba cerca del río.


Cáparra pagaba al imperio un canon o contribución militar, pero a cambio sus habitantes eran libres y poseían las tierras en propiedad. Cáparra tenía una superficie de 12 ha., aunque no era demasiado importante, pero junto con Coria y Talavera no había otra entre el Tajo y el Sistema Central.

En el año 74 d.C., Cáparra pasa a ser municipio romano gracias a un edicto del emperador Vespasiano. A partir de este momento la ciudad tiene un importante desarrollo, y es a este momento de esplendor al que corresponde el famoso arco de Cáparra, cuya construcción se atribuye a un individuo: Marcus Fidius Macer, según varias inscripciones aparecidas en el entorno y en el propio arco. Este personaje fue magistrado tres veces, prefecto, jefe del cuerpo de bomberos y Dunvir, que era como el presidente del municipio romano.


Cáparra comenzó su declive y despoblamiento con la invasión musulmana. Lo poco que quedó de la ciudad durante los siguientes siglos desapareció con la guerra de la independencia, Cáparra era entonces conocida como Ventas de Cáparra. En la actualidad, Cáparra pertenece al Proyecto de rehabilitación integral del Patrimonio Extremeño "Alba Plata", cuyo objetivo es recuperar el camino histórico de la Vía de la Plata, que comunicaba Astorga con Emérita Augusta. En los entornos de Cáparra se ha ubicado un Centro de Interpretación sobre las ruinas romanas.

Lanzamos una mirada atrás para retener la última visión del arco, momento mágico del nuestro Camino en la Vía de la Plata, abandonamos con esta estampa la ciudad romana de Cáparra en dirección a Aldeanueva del Camino.


Desde el arco de Caparra continuamos cruzando la carretera situada a la salida del recinto arqueológico, encontrándonos al frente un hito verde-amarillo que nos indica la dirección a seguir por un estrecho camino perteneciente a la dehesa Casablanca rodeados de un entorno natural digno de la mejor postal. A lo lejos, en el fondo del valle, nos espera Castilla.

Entre paredes de piedra y alambradas, con encinares a izquierda y derecha de este sendero que dura con estas características unos 2 km, al final del cual una cancela es punto de inicio de un sendero mucho más amplio.
Atravesada  esta cancela recorremos 2,5 km hasta llegar a un hito H3 que nos habla de Zarza de Granadilla, cruzando varias cancelas y arroyos.




Continuamos entre encinares de la dehesa, 1 km después el camino indicado por hitos y tras pasar una alambrada comenzara a transcurrir por la carretera asfaltada perteneciente a la Zona Regable del Ambroz y que nos llevará unos 5 km más adelante hasta la intersección con la carretera de La Granja y a escasos metros una rotonda de incorporación a la N-630.

Cruzaremos por la carretera comarcal que une la N-630 con Zarza de Granadilla y no dejaremos de observar a nuestra derecha e indicado por un hito verde el trazado de la calzada romana, recomendando que caminemos en lo posible por los márgenes de esta carretera para ir mas seguros.
Unos metros después el camino gira a la izquierda, cruzamos un arroyo y mientras que el trazado de la calzada pasa por un viaducto debajo de la carretera.






Llegados a este punto se pierden todas las indicaciones.
Tenemos dos alternativas a seguir:
la primera y más adecuada para ciclistas o para aquellos que no les guste la escalada, (en la segunda opción tenemos que saltar varias vallas ya que se encuentran  cerradas con condado incomprensiblemente) junto al arroyo tenemos otro puente esta vez el de la N-630, pasamos por debajo de el y subimos a la N-630, el recorrido está perfectamente señalizado, caminamos un buen tramo hasta que llegamos a un camino que sale a la derecha de la nacional, junto a el encontraremos un cubo de la vía de la plata y varias señales mas, cogemos este camino que nos lleva hasta la Cañada Real de la Vizana, uniéndonos al trazado original y con ello a la segunda alternativa, la más fiel al trazado original.





La segunda alternativa y mucho más corta es seguir el recorrido original, la única dificultad es que tenemos que saltar una serie de verjas cerradas con candado, en concreto tres.
Una vez pasado por debajo del puente de la N-630, fijamos la mirada a la derecha de la carretera veremos un gran prado y, en medio, una flecha amarilla pintada sobre un poste de la línea eléctrica. Para acceder al prado hay que encontrar una cancela y saltarla, ya que está cerrada con un candado (hecho sin precedentes en todo el Camino de Santiago).
Llegados al poste eléctrico avanzamos campo a través hasta la siguiente verja, esta vez de alambre de espino, que saltamos con más dificultad. Por una pequeña vereda llegaremos hasta otra cancela, la tercera y también cerrada, que hay que volver a sortear.
Sin más saltos ni cancelas a la vista seguimos por la Cañada Real de la Vizana, coincidente con la Vía de la Plata, y dos kilómetros más adelante pasamos junto a un albergue ganadero.


Tras subir un tramo de calzada romana en buen estado nos encontraremos con un cruce de caminos donde un hito verde marcara al frente y otro amarillo nos indica que debemos cruzar la autovía por un viaducto para volver a caminar sobre el trazado de la antigua N-630 que nos llevara hasta el cartel de entrada a Aldeanueva, momento que giraremos a la derecha y a 20 metros más adelante un nuevo hito verde-amarillo señalan la entrada a la población a través de la avenida de las Olivas tras cruzar la carretera que va a Gargantilla y Segura de Toro.

A la entrada de esta población nos recibe una estupenda cerámica decorada con los nombres de todas las mansiones de la Vía de la Plata.




Llegamos al albergue de peregrinos, es un edificio de dos plantas. En el no encuentro a nadie conocido. La primera planta parece completa y me instalo en la plata superior.

Tras las primeras labores cotidianas (lo clásico: ducha, colada ...), un pequeño descanso, y me voy al pueblo. Me acerco al puente sobre la Garganta de la Buitrera, del siglo XV y con una original representación en cerámica del trazado de la Vía de la Plata por Extremadura, que ya observamos al inicio de la calle Oliva.

La plaza de mercado presenta algunos buenos ejemplos de arquitectura popular con grandes balconeras de madera típicos de la región. Me llama la atención la rotulación de los nombres de  las calles, sobre azulejos. Predominan  en la arquitectura las casas abalconadas; algunas fachadas lucen símbolos y leyendas curiosas.






Aldeanueva es la localidad más céntrica de la Comarca del Ambroz, y conserva una hermosa arquitectura popular. Entre sus construcciones de interés histórico artístico posee dos iglesias parroquiales. Nuestra Señora del Olmo, de origen románico y la de San Servando.
La actual iglesia de Ntra. Sra. del Olmo, es gótica, de finales del siglo XV, de una sola nave y provista de contrafuertes y torre rectangular a la que se sube por el exterior, conocida localmente por la iglesia de Arriba, porque está situada en la parte norte del pueblo. La segunda iglesia es de San Servando, la de la parte de sur y conocida como la iglesia de Abajo. Construida también a finales del XV. Son el mejor recuerdo de que el pueblo estuvo dividido por los reinos de León y Castilla.



La población de Aldeanueva del Camino comenzó siendo un campamento romano. Situada en plena ruta de la plata, los romanos encontraron un lugar para establecerse y descansar mientras llevaban sus reses y cargamentos de pueblo en pueblo aprovechando esta excepcional ruta.

Con la invasión de los árabes Aldeanueva del Camino sufre numerosos ataques quedando entonces la población destruida y despoblada.
Comenzará a renacer cuando España se encontraba dividida en dos reinos: el Reino de Castilla y el Reino de León. A partir de estos momentos se divide en dos poblaciones separadas entre sí por la calzada romana, pasándose a llamar Casas de Aldeanueva la de Castilla y Aldeanueva del Camino la de León. La parte correspondiente a Castilla fue entregada al poderoso e influyente Ducado de Béjar y a la Diócesis de Plasencia. La parte que correspondía a León fue otorgada al Ducado de Alba y a la Diócesis de Coria.