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9 ago. 2011

Etapa 37-11 Cea - Castro Dozón


ETAPA 11. CAMINO SANABRÉS

Hoy la una etapa es algo corta, de subidas y bajadas que resulta algo dura. Hoy decimos adiós a Ourense para adentrarnos en Pontevedra. La etapa presenta dos alternativas a seguir hasta Castro Dozón, ambas opciones están señalizadas.

Nosotros optamos por dirigirnos a Castro Dozón por el monasterio de Oseira, cosa que recomiendo y describo, considero que merece la pena, a pesar de dar un pequeño rodeo. La otra alternativa es el Camino oficial por Cotelas. Si prefiere hacer esta otra alternativa partiendo desde San Cristovo de Cea, debe continuar el camino en dirección Porto do Souto, pasando luego por pequeñas aldeas del municipio de Piñor: Cotelas, A Mirela, Piñor, Arenteiro, A Ponte, O Reino, Carballeda, O Desterro y Sobrado hasta llegar a O Castro de Dozón, situado ya, en la provincia de Pontevedra. Ambas alternativas se juntan en Castro Dozón, con un bonito albergue, y donde finalizamos la jornada. Los que quieran continuar hasta A Laxe tendrán que bajar hasta el valle del Deza, donde se asienta el vasto Concello de Lalín.


El itinerario por el pueblo de Cea nos muestra las fachadas de antiguos hornos de leña, llevándonos por la rúa de Barcelona hasta la plaza Mayor, llenamos nuestras botellas con el agua de la fuente de la torre del reloj y dejamos la torre a la izquierda. Avanzamos de frente por la calle donde está situada una oficina de Correos, para cruzar de seguido la carretera donde ayer circulaban los camiones en romería por San Cristobal.
Continuamos atendiendo a una flecha, y subimos por la rúa Lodairo pasando junto al monumento a las “panadeiras”, continuamos en subida y dejamos a la derecha el campo de fútbol donde ayer se celebró la misa en honor de San Cristobal, giramos a la derecha tras él y cogemos una cómoda pista que avanza entre un cordel de hermosos robles. No tenemos problemas ya que abundan las indicaciones, prestamos atención a los montoncitos de piedra que van dejando otros peregrinos, nosotros naturalmente dejamos nuestra pequeña aportación.
Esta pista termina en una carretera, y llegando por ella hasta Silvaboa.


Dejamos la pequeñita aldea a la izquierda, y sin abandonar el asfalto llegamos después de kilómetro y medio a Pieles, una pequeña aldea del Concello de Cea y que no dispone de servicios para el peregrino (Km 6,1 de la etapa).



En el cruce de la carretera una flecha nos indica seguir por la derecha, continuamos recto por el desvío a Oseira que no es otro que la carretera OU-0406 o antigua carretera OU-403. Antes de llegar al monasterio dejaremos a un lado la aldea de Ventela y su iglesia. Por fin, tras dejar a la derecha una moderna fuente y cruzar el río, llegamos a Santa María la Real de Oseira (Km 8,8 de la etapa).





La primera vista del conjunto es la sobria fachada balconada de la hospedería, tras la cual salimos de la carretera por la izquierda llegando a una zona de bares, donde hacemos nuestra primera parada para reponer fuerzas. Después de la breve parada entramos en el conjunto de lo monasterio por un arco de triunfo clásico. En el eje sobre el arco un escudo con corona real y lambrequines muy barrocos. Está rematado por tres estatuas de piedra, en el centro a Asunción y a los lados dos ángeles músicos. Es obra probable de fines del siglo XVII.

El monasterio cuenta con hospedería para aquellos que decidas pasar noche aquí, pero tendrán que avisar con anticipación de la llegada. Tenemos de tener en cuenta los horarios conventuales y procurar no molestar a estos religiosos cistercienses.

El monasterio dispone de una pequeña tienda donde podemos comprar diferentes objetos de recuerdo, el famoso licor elaborado por los monjes, Eucaliptine, y otros productos fabricados en otros monasterios de la Orden. Como no, aprovechamos para comprar algunos recuerdos y sellar nuestras credenciales. Annette tuvo un bonito detalle, nos regaló un bonito anillo del monasterio. Lo tengo a la vista, entre mis recuerdos del Camino, cuando lo miro siempre me viene a la memoria la hermosa sonrisa de Annette y su gran corazón, y sobre todo su contagiosa alegría.

A las diez de la mañana asistimos a la bonita misa. Más tarde nos enteramos que a las doce se celebraría otra, pero esta vez sería en gregoriano. Nos tentó la idea y decidimos quedarnos aún más, y asistir a su celebración.
Una vez alimentado el espíritu tocaba alimentar el cuerpo, nos dirigimos al bar a pedirnos unos ricos y suculentos bocadillos de tortilla, bueno Annette y yo, ya que las chicas de Madrid traían preparada su merienda.



El monasterio de Oseira fue fundado por los benedictinos en 1137, adhiriéndose a la orden cisterciense pocos años después. San Bernardo mandó desde Claraval a un grupo de monjes para instruir en la nueva regla a los fundadores, hacia 1140.
La comunidad mostró a su vez una vitalidad espiritual pujante desde el primer momento, debido al hecho de haber convivido en Oseira san Famiano, peregrino alemán que que abrazó la vida monástica en 1142, falleciendo santamente en 1150 en Galesse (Italia), de cuya ciudad es patrono.

Situado en un paraje inaccesible de la provincia de Ourense, en los siglos XII y XIII se levantó el templo siguiendo el modelo de la Catedral de Santiago con girola en la cabecera, así como la tipología de la orden, con nave central abovedada en cañón, sin triforio y decoración muy elemental con capiteles (parte superior de la columna) geometrizados.

En el centro del crucero se construyó a finales del S. XIII una gran cúpula sobre nervios, apoyada en trompas, obra atribuida a un monje llamado Fernán Martínez. Las capillas de la girola, sufrieron diversas reformas, conservándose solo una románica. A finales del S. XV se inició la edificación de la actual sala capitular, con cuatro columnas centrales de fustes estriados y retorcidos, de los que arrancan haces de nervios entrelazados por terceletes en una caprichosa y original bóveda.

Oseira atravesó por un período crucial en el s.XV, época difícil en la historia de la Iglesia, a la que sucedió otra peor en 1513, con la llegada de los abades comendatarios, personas extrañas a la abadía que la llevaron al borde de la desaparición.
En 1552 sufrió el monasterio un gran incendio, que redujo a cenizas todos los edificios, fuera del templo.
En 1820 fueron expulsados los monjes y el monasterio quedó a merced de las turbas que lo asaltaron y saquearon por completo. Cuando regresaron en 1823, se encontraron con un caserón desmantelado, carente de puertas, ventanas y mueblaje.

A consecuencia de la desamortización de Mendizabal, todos los monjes fueron arrojados de los monasterios, con prohibición expresa de poder volver a reunirse en corporación. En esta ocasión desapareció para siempre la congregación de Castilla, de brillante historial, la rama más culta de toda la orden.

Cerca de un siglo llevó abandonado el monasterio, habiendo llegado los edificios al borde de una ruina inminente.
Merece grabarse con letras de oro en la historia de la abadía el nombre de don Florencio Cerviño González, obispo de Orense (1922-1941), quien a poco de tomar posesión de la diócesis y visitar el monasterio, partido de angustia el corazón ante aquel atentado contra el arte y la fe de nuestros mayores, concibió la idea de devolverle a la vida, no parando hasta lograr instalar en él un grupo de monjes cistercienses el 15 de octubre de 1929.

A pesar de que los primeros años fueron muy duros para la pequeña comunidad, por carecer de medios de vida, y verse rodeados de ruinas por todas partes, se mantuvieron fieles al carisma fundacional, soportando tantas contrariedades como les salieron al paso. Poco pudieron hacer por la restauración del edificio, por la falta de medios. No obstante, hasta 1966 no se comenzaron en serio las obras de restauración, seguidas día a día, bajo la dirección de los propios monjes, que las han llevado a cabo con la perfección que todos pueden ver. Tan llamativa ha sido la labor realizada, que la propia Diputación de Orense, que es la que más ha ayudado a la obra restauradora, otorgó en 1990 la Medalla de Oro a los monjes, al par que ella misma se ocupó de presentar al consejo internacional la obra llevada a cabo con el fin de optar al Premio Europa Nostra, que suele conceder ese organismo a los edificios bien restaurados o recuperados. Fue otorgado, en efecto, en el mismo año 1990, habiéndose desplazado desde Madrid para otorgarlo la reina doña Sofía de Grecia.
Al par que la obra restauradora, se ha enriquecido el monasterio con una notable biblioteca y un pequeño archivo, que están prestando señalados servicios a la cultura, volviendo a recuperar el monasterio el distintivo característico de los monjes antiguos, que fueron los mejores transmisores de la cultura.

De 1639 a 1647 se lleva a cabo la obra de la fachada de la iglesia. Compuesta de tres cuerpos verticales, completamente almohadillados. El cuerpo central con puerta rectangular se enmarca por un doble orden de columnas que acogen estatuas de San Benito y San Bernardo. Sobre la puerta, una hornacina con estatua de la Asunción. Sobre ello un gran ventanal rectangular y a los lados dos escudos, uno de la Congregación de Castilla y otro del Monasterio. Remata la fachada con un gran frontón curvo partido y en el centro un edículo coronado con frontón curvo; en el centro lleva un bien labrado escudo de la monarquía hispana, que en 1646 hizo el escultor y arquitecto Francisco de Moure, hijo. Las calles laterales originalmente sin huecos se prolongan verticalmente con las torres, que se componen de dos cuerpos cúbicos decrecientes y remate de pirámide octogonal.



La construcción más destacada de Oseira, de época medieval, es la iglesia, joya de gran valor arquitectónico, ejemplar clave para el estudio del Cister en España.
El profesor Valle Pérez propone como fecha de inicio un año cercano a 1185. La conclusión de la capilla mayor tendría lugar hacia 1195-1200.
La probable fecha de consagración en el año 1239 podría convenir como la del final de las obras. La arquitectura de este templo es una síntesis entre lo foráneo y lo local, que es un fenómeno muy presente en toda la arquitectura de la Orden.
La Planta tiene forma de cruz latina, con tres naves de siete tramos en el brazo longitudinal y una sola en el crucero d, con dos tramos.

La Virgen de la leche preside hoy felizmente la capilla mayor, sobre un sencillo basamento granítico. La imagen de un valor excepcional, por la rareza de este tipo de obras presenta a María sentada, sosteniendo al niño sentado en su regazo con la mano izquierda, mientras con la derecha le ofrece el pecho. Es de piedra policromada. Se puede datar la preciosa obra ursariense en el siglo XIII.
A los pies del templo se dispone el coro alto sobre interesante bóveda con una cronología cercana a 1550.

Aún después de las reformas que redujeron el impacto barroco en la arquitectura de Oseira, por ejemplo desapareció el baldaquino y varios retablos, así como parte de de la decoración pictórica, el coro y el órgano, es evidente que estéticamente sigue haciéndose notar en retablos y pinturas la importancia de este momento artístico.

La cúpula medieval del crucero de la Iglesia, se decora profusamente. En las trompas hay cuatro relieves con santos de cuerpo entero de la Orden, enmarcados en una compleja molduración barroca sobre águila bicéfala: San Roberto de Molesme, San Alberico, San esteban Harding y San Bernardo.
Los gajos de la cúpula se exornan desde el siglo XVIII con representaciones pictóricas de monjes y abades santos o que alcanzaron notabilidad en la orden por haber ascendido al pontificado, que habrá que atribuir como el resto de la decoración pictórica de la Iglesia a Simón Maceira.

Los retablos del crucero. Vistosos y conservados in situ son los cuatro retablos que se adosan a las columnas y forman arcos de triunfo a la entrada de la girola. El arco que los une remata en un pedestal con una estatua ecuestre en actitud bélica, que es tema muy del barroco, a la derecha san Raimundo de Fitero, fundador de la Orden militar de Calatrava, haciendo “pendent” existía una de Santiago matamoros y que la humedad destruyó irremisiblemente. Empezando por la izquierda, el primero está dedicado a Santiago, peregrino, en talla delicadísima y encima el relieve representa al Apóstol orante ante la Virgen del Pilar. El segundo está dedicado a san Benito y el relieve representa la escena en la que el santo patriarca desnudo se revuelca entre las zarzas para vencer las tentaciones carnales. En el lado opuesto, el tercero es el dedicado a san Bernardo y a escena guarda paralelismo con el anterior. San Bernardo en un lago de agua helada para vencer idéntica tentación. Finalmente, el último retablo está dedicado a San Famiano, monje de la casa y la escena del relieve lo representa de peregrino, sacando como Moisés agua de una roca en Galese.

Los retablos de la girola. Los ábsides románicos, a excepción de uno, fueron alterados en época barroca, convirtiéndolos en capillas que ya en 1782 y años sucesivos se ornamentan con cuidados retablos pétreos. Especialmente el de Nuestra Señora que es de un cuerpo y tres calles con hornacinas aveneradas, rematado con un sobrecuerpo con un óculo y el busto del Padre Eterno y del Espíritu Santo; medallones con los escudos de Oseira y del Cister sobre hornacinas laterales.

Las pinturas de la iglesia. La barroquización del espacio interior del templo llegó a su máxima expresión con la campaña decorativa, que llena con pinturas prácticamente todos los muros de la Iglesia, sin dejar resquicio alguno. La temática es completamente religiosa, completándose con elementos meramente decorativos como son flores, putti, formas geométricas, sartas de frutas. La capilla mayor se pintó en 1694 según recordaba una cartela. En 1762 el pintor Simón Maceira decora el crucero, con un programa dense de representaciones iconográficas, a modo de un retablo en el que se hacen figurar los santos más populares del momento y como es lógico también los de la Orden.
Conserva la Iglesia ursariense otra pintura anterior, que va fechada en 1573. Está bajo el tercer arco a partir del crucero, en el pilar y representa a la Virgen con el niño y san Juanito.


Por la puerta de los muertos salimos al exterior para desde aquí contemplar el exterior de la Iglesia y la Capilla de San Andrés.
La construcción de la capilla puede datarse en torno a 1210-1215, estando desde luego terminada en 1239 ya que en esta fecha se consagra junto a la Iglesia Abacial. Se adosa al hastial norte del crucero.

Es de una sola nave dividida en dos tramos de notables dimensiones, se cubre con bóveda de cañón apuntado. El exterior es de una gran simplicidad. En el lado oeste se abre la puerta de entrada con decoración muy esquemática.
Actualmente en la capilla de San Andrés se conserva el yacente de Abad Don Arias. Nos presenta al personaje con hábitos monacales, portando un libro en la mano izquierda y el báculo de espiral muy cerrada en la derecha. Reposa sobre varios libros. Es obra gótica de los primeros años del siglo XV.

La composición de la fachada del monasterio, tiene como eje la puerta de acceso en el centro, un arco de medio punto comunica con el vestíbulo de la entrada principal. Dos pares de columnas salomónicas, con capiteles foliados, enmarcan dos escenas relacionadas con los grandes padres de la vida monástica San Benito y San Bernardo. Sobre el arco, el escudo de Oseira, dos osos encaramados en un pino, entre dos figuras simbólicas de la vida y de la muerte, unidas por una cadena de piedra, hoy desaparecida, excepto los arranques. Sobre el balcón principal, el escudo de la Casa de Borbón, con corona volada, sobre el cual se abre una hornacina que cobija las imágenes de la Virgen y san Bernardo a sus pies, casi de tamaño natural, en la escena de la lactación. Sobre los maineles de las ocho ventanas, que enmarcan otros tanto balcones sostenidos por ménsulas ornamentadas representando ángeles, figuras grotescas y frutos decorativos, están los escudos de las órdenes militares españolas y portuguesas de origen cisterciense Corona todo el conjunto un artístico frontispicio, sobre el que se yergue la estatua de la Esperanza empuñando un áncora, en tanto que la barbacana se adorna con pináculos y estatuas pétreas de San Benito, San Roberto, San Alberico y San Esteban. Fue trazada y dirigida en su primera fase por Francisco Castro y Canseco, en los primeros años del siglo XVIII, dentro de un estilo barroco elegante y recargado.


Atravesando el vestíbulo de entrada al monasterio, y comunicado mediante una gran puerta de arco de medio punto se encuentra el claustro de la Hospedería o de los caballeros, así denominado por estar en él las caballerizas y por ello ser el lugar donde se apeaban todos los que llegaban al monasterio en caballería. Situado tras la fachada principal tiene una cronología larga de 1713 a 1759, y una mesurada composición de arcos de medio punto y ventanas rectas, entre pilastras con rica molduración. Siete arcos, el central más ancho y balcón en el segundo cuerpo, tienen las alas norte y sur, y nueve las otras dos. Se cubren las galerías superiores con techos rasos, en los ángulos escarzanos de cantería refuerzan las estructura arquitectónica.
En este claustro se disponen las caballerizas que conforman una estancia arquitectónicamente interesante con una sobria bóveda de cañón y pesebres de cantería incrustados en el mismo muro.
También a este claustro dan tres salas abovedadas con sencilla crucería, con nervios que arrancan directamente de los ángulos y se unen en el centro en una clave circular sin decoración. Son del siglo XIII y los únicos restos que se conservan del  monasterio medieval.

Inmediato a la iglesia se encuentra el claustro Reglar o procesional por ser el itinerario de las muchas procesiones de la liturgia monástica y claustro de medallones por los que lo adornan.
Inicialmente existió aquí un claustro medieval y luego otro del siglo XVI, del que proceden los medallones que se aprovecharon como decoración del actual que se comienza hacia 1760 y se hace en el estilo barroco de placas compostelanas que estaban entonces de moda.
Los medallones representan los personajes tanto de la Orden como de la vida civil, héroes de la antigüedad con vestimentas militares y bufones.
En el centro una fuente, copia de la original del siglo XVI actualmente en la Plaza del Hierro de Ourense.

El claustro de los pináculos tiene solo tres alas, la del oriente, la del mediodía y la del norte. Carece del ala del poniente quizá para no privar de luz a la sala capitular. Es el más esbelto de los claustros de Oseira. Las tres alas, muy estrechas y elevadas, se cubren con bóvedas de crucería. En 1991 se arregló el patio y se colocó la hermosa fuente, obra del cantero Nicanor Carballo, es copia de la que se supone existió algún día en el mismo sitio, hoy en la alameda del Ourense.




Este año 2010 es llamado Año Santo Xacobeo. Es porque el 25 de julio, día del Apóstol Santiago, cae en domingo, lo cual sucede únicamente 14 veces en cada siglo;  el próximo será recién en el 2021. Para los católicos, es una oportunidad de conseguir la indulgencia o jubileo, que es el perdón de todos sus pecados; claro que para eso, tenemos que cumplir con la peregrinación a la Catedral de Santiago de Compostela y otros requisitos.
Desde el monasterio hasta el final de etapa nos espera un camino en continuo ascenso. Como ya es normal en Galicia, nos encontraremos a nuestro paso por numerosas aldeas tan típicas de la zona.
Dejamos atrás el monasterio y subimos por una empinada pista de cemento desde la que disfrutamos de unas espectaculares vistas del cenobio y su entorno.



La pista sigue pero nosotros, atendemos a una flecha pintada en el suelo que nos hace coger una senda por su izquierda, seguimos en continuado ascenso hasta la carretera, la que cogemos para bajar hasta Vilarello, aldea que pronto dejamos a nuestra derecha (km 10,7 de la etapa).




Pronto abandonamos la carretera por la derecha y bajamos, por un estrecho pasillo en el que es necesario bajar en fila india, hasta llegar al cauce de un arroyo, tras el giramos a la izquierda y subimos hasta llegar a Carballediña, aldea perteneciente a Piñor.


Salimos de ella por pista asfaltada y al kilómetro llegamos a Outeiro de Coiras, última población de la provincia de Orense (km. 13,2 de la etapa).
Giramos a la derecha y comenzamos un primer tramo de respetable subida que más tarde alterna entre falsos llanos y terreno más favorable por el que entramos en A Gouxa (Km 15,1 de la etapa). Es el principio de la provincia de Pontevedra en nuestro recorrido.
Es un lugar sin servicios para el peregrino, únicamente cuenta con un bar. En las proximidades del lugar de A Gouxa, nos reciben algunos perros ladradores, de pequeño tamaño y asustadizos, que nos retan desde la distancia y escondiéndose con cada gesto que hacemos. Encontramos un bello Crucero, que preside un cruce de caminos.


Un sencillo santuario, con su cementerio, destaca sobre el prado, donde se observan algunas vacas. Por donde ahora vamos, se aprovecha la energía del viento para extraer las aguas subterráneas, y en este ambiente campesino, Annette se detiene ante una de esas almiñas que ya forman parte del patrimonio cultural-religioso de Galicia, respetadas por las creencias populares, en cuyas mesas se dejan espigas y en los limosneros, alguna moneda.

Una serie de caminos ganaderos, algo embarrados nos llevan hasta Bidueiros. Al final de esta población nos encontramos con dos flechas, una que sigue de frente y otra que nos invita a seguir por el camino de la derecha. Nosotros seguimos esta última, nos encontramos rodeados por un terreno poblado de tojos, y a medio kilómetro cogemos un desvío a mano izquierda. Por él llegamos hasta el arcén de la carretera N-525, inseparable compañera por la que bajamos a Castro Dozón, capital del Concello del mismo nombre.

Llegamos al punto final de nuestra etapa de hoy, el pueblo parece estar en fiestas, algunas pulpeiras nos incitan a probar el pulpo, pero estamos deseando llegar al albergue.
El albergue de peregrinos está situado en Dozón, junto a sus instalaciones deportivas. Está dotado de todas las comodidades; servicios, duchas, agua caliente, lavadero, tendedero, calefacción, comedor y cocina. Junto a él se encuentra la piscina municipal, a mis compañeras les encantó la idea de darse un buen chapuzón, se pusieron los bikinis y al agua. Yo sin embargo me conformaba con refrescarme con una buena cerveza bien fría y bajé al pueblo. Algo más tarde volví al albergue y bajé a la piscina para tumbarme en el fresco césped viéndolas disfrutar.

En el albergue tenían la publicidad de un restaurante asador, está situado a tres kilómetros del albergue, algo lejos, pero la distancia no es problema ya que vienen a recogernos y más tarde nos traen de vuelta al albergue.  
Hablamos de esta opción y decidimos llegada la tarde darnos una recompensa y darnos un festín en el Asador.
Después de la suculenta cena nos trajeron de vuelta al albergue y dimos un pequeño paseo por el pueblo que estaba en fiestas. Nos acostamos como siempre llegada las diez de la noche, lógicamente el pueblo seguía en fiesta, y la música duró hasta altas horas.


Castro de Dozón es la capital de esta tierra de montaña que se eleva más allá de los 700 metros y que contempla el valle que riega el río Asneiro y sus afluentes con terrenos de praderas y arboledas.
Durante los meses de enero y febrero la temperatura media ronda los 12º y en los meses de verano los 17º.
En terreno do País do Deza, al que pertenece el ayuntamiento de Dozón, se levanta la iglesia de San Pedro de Vilanova. Es lo que queda de la antigua abadía de monjas benedictinas fundada a mediados del siglo XII con el apoyo del rey Alfonso VII. Un hermoso ejemplar del románico, que llama la atención por su monumentalidad pétrea y robusta. Muy cerca de la iglesia se han encontrado restos romanos, lo que para muchos investigadores es indicio de un antiguo asentamiento en el mismo lugar. En épocas recientes se llevó a cabo una restauración que es más apreciable en el ábside circular, de tipología cisterciense, aunque el estado general del conjunto, declarado de interés artístico, requiere nuevos cuidados.

Algo más desviado (3 km. más arriba) está el santuario mariano de Nuestra Señora de Pena de Francia, escenario, cada primer domingo de octubre, de una célebre romería.

El clima y la altitud hacen de Dozón uno de los municipios más pobres de Pontevedra, sin industria y con una economía basada en la agricultura (casi de subsistencia) y en la ganadería de vacuno y porcino. Los telares de antaño y el ganado lanar fueron desapareciendo con el paso de los años.


3 días para llegar a Santiago