Todavía tengo mucho que aprender. La vida nunca deja de enseñarnos.
La flecha que también señala el corazón
Todavía tengo mucho que aprender. La vida nunca deja de enseñarnos.
Festividad del Apóstol Santiago
Cierre de albergues en verano
en verano
No nos equivoquemos, los albergues que permanecen en la memoria de un peregrino no suelen ser los más modernos ni los más cómodos, sino aquellos donde alguien le hizo sentirse acogido.
Mi reflexión es para recordar algo que quizá el paso del tiempo y las dificultades nos hagan olvidar: el Camino ha sobrevivido durante siglos gracias a quienes entendieron que la acogida no era un negocio ni una obligación, sino un servicio al peregrino.
Cerrar la puerta de un albergue supone renunciar, aunque sea temporalmente, a uno de los gestos más hermosos del Camino: la acogida al peregrino.
San Pedro y San Pablo (Pórtico de la Gloria)
Los peregrinos conocemos bien ese lenguaje. Ningún Camino de Santiago es igual a otro. Cada uno parte con sus cargas, sus dudas y sus motivos. Sin embargo, todos aprendemos que lo importante no es de dónde venimos, sino hacia dónde caminamos y cómo dejamos que el Camino transforme nuestro corazón.
Quien llegue a la Catedral de Santiago encontrará a estos dos grandes apóstoles representados en el majestuoso Pórtico de la Gloria, obra cumbre del Maestro Mateo.
Situados en la jamba derecha del arco central, justo al lado del parteluz donde está sentado el Apóstol Santiago.
Cada figura tiene un significado. El Pórtico no solo se contempla: también se lee, se descubre y se medita.
Es la primera figura de la columna derecha. Está esculpido vistiendo ricos trajes pontificales y sosteniendo sus características tres llaves del cielo, símbolo de la misión que Cristo le confió: «Te daré las llaves del Reino de los Cielos».
San Pablo
Es la segunda figura de la misma columna, justo al lado de San Pedro. Se le representa con su habitual calvicie y sosteniendo un libro abierto entre sus manos. Es el gran evangelizador de los pueblos, cuya vida nos recuerda que nunca es tarde para dejarse transformar por Dios.
Muchos peregrinos atraviesan el Pórtico maravillados por su belleza, sin detenerse a descubrir a quienes parecen recibirlos en este lugar santo. Quizá hoy sea un buen día para hacerlo. Pedro nos recuerda la importancia de levantarnos después de cada caída. Pablo nos enseña que siempre existe un nuevo comienzo para quien abre su corazón.
Al llegar a Santiago no solo culminamos una peregrinación. También encontramos el testimonio de quienes caminaron antes que nosotros y comprendieron que la verdadera meta no está únicamente en el destino, sino en la transformación interior que se produce durante el camino.
Que el ejemplo de San Pedro y San Pablo nos anime a seguir avanzando con humildad, perseverancia y esperanza, sabiendo que cada paso puede acercarnos un poco más a Dios y a nosotros mismos.
Sé Peregrino
Dicen, y el tiempo lo confirma, que el Camino no termina en Santiago.
Y quizá por eso seguimos volviendo a él, una y otra vez, incluso sin caminar. Porque cuando el peregrino llega a la meta, no se detiene el Camino… se interioriza.
Allí donde no hay senderos marcados, pero sí encuentros.
Si algo aprendemos al andar hacia Santiago, es que la fraternidad, la ayuda, la empatía y la sencillez no son patrimonio del sendero, sino semillas para el mundo.
El Camino continúa en la manera en que miras a quien te rodea, en cómo sostienes al que cae, en cómo agradeces lo que otros hacen por ti sin pedir nada a cambio.
Por eso, en este caminar más hondo que los pies:
Sé paciente,
cuando todo te empuje a la prisa.
incluso cuando nadie mire.
Sé solidario,
aunque no esperes retorno.
Sé agradecido,
con quienes sostienen la vida en silencio.
Sé fuerte,
pero sin olvidar la ternura.
Y guarda siempre, en lo posible, esa sonrisa peregrina que no depende del camino, aunque a veces la vida la oculte.
Porque no caminamos solos, aunque así lo parezca. Nos atraviesa el mismo destino humano, la misma búsqueda, el mismo horizonte.
La reserva de cama en albergues
Camino espiritual
Podríamos decir que un peregrino es un soñador realista, porque hay muchos soñadores que se pierden en sus propias fantasías, pero que no se ponen nunca en camino de verdad. En cambio, el peregrino por una parte es soñador: desea algo distinto de lo que es y de lo que tiene; pero, por otra parte, es un realista; busca, pregunta, hace lo posible para conseguir realmente lo que desea. Prepara su mochila, estudia los caminos y se pone en marcha, no se queda solo en deseos ineficaces.




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