El Camino está lleno de búsquedas silenciosas,
de preguntas que no siempre necesitan respuesta,
sino compañía.
Ojalá este sencillo texto camine también con quien lo necesite y le susurre algo al corazón.
LA FE ES UN CAMINO
La fe no suele aparecer de golpe ni se impone con certezas absolutas. La fe, como la vida, se recorre paso a paso. A veces nace como una intuición suave, otras como una necesidad en medio de la duda, y muchas veces crece en silencio, mientras caminamos sin darnos cuenta.
Creer no significa tener todas las respuestas, sino atreverse a seguir avanzando aun cuando el horizonte se presenta difuso. La fe es confiar en que cada paso tiene sentido, incluso cuando el cansancio pesa, cuando surgen las preguntas o cuando el rumbo parece incierto.
Como en todo camino, hay jornadas luminosas en las que todo parece encajar, y otras en las que el esfuerzo se vuelve más interior que exterior. Es en esos momentos cuando la fe deja de ser idea para convertirse en experiencia: en el gesto de quien ayuda, en la palabra que reconforta, en el silencio que acompaña.
La fe no exige perfección, solo disposición. No pide rapidez, solo constancia. Es un sendero que se abre a quien camina con el corazón atento, descubriendo que muchas veces no somos nosotros quienes sostenemos la fe, sino que es la fe la que termina sosteniéndonos a nosotros.
Porque al final, la fe no es una meta que se alcanza, sino un camino que transforma.






















