SÉ PEREGRINO
Dicen, y el tiempo lo confirma, que el Camino no termina en Santiago.
Y quizá por eso seguimos volviendo a él, una y otra vez, incluso sin caminar. Porque cuando el peregrino llega a la meta, no se detiene el Camino… se interioriza.
Se vuelve más silencioso, más invisible, más profundo. Y comienza entonces el tramo más exigente: el de la vida cotidiana.
Allí donde ya no hay flechas amarillas en las piedras, pero sí decisiones.
Allí donde no hay senderos marcados, pero sí encuentros.
Allí donde no hay senderos marcados, pero sí encuentros.
Y es ahí donde el Camino verdadero se revela.
Si algo aprendemos al andar hacia Santiago, es que la fraternidad, la ayuda, la empatía y la sencillez no son patrimonio del sendero, sino semillas para el mundo.
El Camino continúa en la manera en que miras a quien te rodea, en cómo sostienes al que cae, en cómo agradeces lo que otros hacen por ti sin pedir nada a cambio.
Por eso, en este caminar más hondo que los pies:
Sé paciente,
cuando todo te empuje a la prisa.
Si algo aprendemos al andar hacia Santiago, es que la fraternidad, la ayuda, la empatía y la sencillez no son patrimonio del sendero, sino semillas para el mundo.
El Camino continúa en la manera en que miras a quien te rodea, en cómo sostienes al que cae, en cómo agradeces lo que otros hacen por ti sin pedir nada a cambio.
Por eso, en este caminar más hondo que los pies:
Sé paciente,
cuando todo te empuje a la prisa.
Sé responsable,
incluso cuando nadie mire.
Sé solidario,
aunque no esperes retorno.
Sé agradecido,
con quienes sostienen la vida en silencio.
Sé fuerte,
pero sin olvidar la ternura.
Y guarda siempre, en lo posible, esa sonrisa peregrina que no depende del camino, aunque a veces la vida la oculte.
Porque no caminamos solos, aunque así lo parezca. Nos atraviesa el mismo destino humano, la misma búsqueda, el mismo horizonte.
incluso cuando nadie mire.
Sé solidario,
aunque no esperes retorno.
Sé agradecido,
con quienes sostienen la vida en silencio.
Sé fuerte,
pero sin olvidar la ternura.
Y guarda siempre, en lo posible, esa sonrisa peregrina que no depende del camino, aunque a veces la vida la oculte.
Porque no caminamos solos, aunque así lo parezca. Nos atraviesa el mismo destino humano, la misma búsqueda, el mismo horizonte.


