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ETAPA 23: FONTANILLA DE CASTRO > BENAVENTE



Información actualizada: 7 de abril de 2026






Distancia aproximada: 37 km
Opción para acortar: Barcial del Barco (28 km)
Perfil: llano y cómodo
Servicios: presentes en varios puntos, aunque conviene organizarse bien


“El Camino no siempre cambia el paisaje…
a veces cambia al peregrino.”

      La etapa de hoy es larga. De esas que se sienten en las piernas y también en el corazón. No por dureza —porque el terreno es llano y amable— sino por la distancia, por el tiempo prolongado de caminata y por la constancia que exige.

Será una jornada para avanzar sin prisas, con paso firme y mente serena. Aquí el Camino enseña algo sencillo: seguir, incluso cuando el cuerpo empieza a preguntar cuánto falta.

Durante buena parte del trayecto caminaremos siguiendo el eje de la N-630, hasta más allá de Barcial del Barco. Después llegará uno de los momentos más especiales del día: el desvío hacia el río Esla para cruzarlo por el Puente de Hierro, perteneciente a la antigua línea ferroviaria de la Vía de la Plata. Un paso humilde y silencioso que se queda grabado.


“Cuando el Camino se vuelve largo,
el corazón aprende a resistir
sin endurecerse.”


Benavente nos espera al final como una ciudad viva, cargada de historia y con monumentos que merecen una visita pausada. Entre todos, destaca la joya románica de Santa María del Azogue, una iglesia que parece construida para recordar al peregrino que la belleza también puede ser oración.



      Salimos de Fontanillas de Castro con una idea rondando por dentro. Una pregunta que muchos peregrinos llevan en silencio:

¿Qué camino tomaré cuando llegue a Granja de Moreruela?
Porque allí se encuentra uno de los puntos más decisivos de la Vía de la Plata: la gran bifurcación hacia Santiago. En el pueblo verás el cartel que indica claramente dónde se separan las rutas.

Desde aquí se abren dos posibilidades:
Seguir hacia el norte, por el trazado de la calzada romana, pasando por Benavente y La Bañeza, hasta enlazar con el Camino Francés en Astorga. Es una opción con más servicios y más compañía, aunque al llegar al Camino Francés el peregrino se despide de la soledad y de la tranquilidad que caracterizan a la Plata.
Tomar rumbo oeste, hacia tierras sanabresas. Esta alternativa conduce a Galicia por Ourense antes de alcanzar Santiago. Es más exigente y con menos infraestructura, pero mantiene la paz del camino y ofrece una belleza serena, profunda, casi íntima. Un camino donde cada paso parece besar la tierra.

“Algunos caminos se recorren con los pies…
otros se recorren con el alma.”


      Salimos del albergue no sin antes despedirnos fundiendonos en un abrazo con los hospitaleros, agradeciendo su bondad y cuidados, ellos son  ángeles custodios del espíritu del Camino, un patrimonio a defender y conservar.

Comenzamos nuestros primeros pasos de esta larga etapa por la calle Barca. A unos 500 metros realizamos un giro de 90º y nos alejamos del pueblo por pista.

Tras unos 2,5 km alcanzamos un arroyo, que salvamos por un paso de hormigón. Poco después tomamos un desvío a la derecha, salimos a la N-630 y por ella entramos en Riego del Camino (Km 3,8).




Pequeña localidad con bar y tienda.

      Fue considerada el comienzo de la tierra de Lampreana en la Vía de la Plata. La atraviesa la antigua calzada romana y cuenta con un acogedor albergue municipal situado en la antigua casa de los maestros.

Destaca la iglesia de San Cristóbal (siglos XVI-XVII), vinculada a la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, recuerdo de aquellos siglos en los que la hospitalidad era parte esencial del Camino.

“Donde hubo hospitalidad, siempre queda
una huella invisible de Dios.”



      Desde la N-630 seguimos las flechas que nos hacen girar a la izquierda. En 250 metros retomamos pista agraria y seguimos hacia la derecha.

Poco después caminamos en paralelo a la autovía A-66, que cruzamos por un puente (km 6,3). El siguiente tramo, de unos 4 km, es sencillo: avanzamos junto a la autovía hasta llegar a una estación de servicio. Desde allí una larga recta nos va separando del tráfico y nos conduce, tras cruzar un arroyo, a la entrada de Granja de Moreruela (km 10,4).





      El pueblo queda dividido por la carretera, pero para el peregrino representa algo muy claro: un umbral.

Desde aquí parte el tramo conocido como Camino Mozárabe-Sanabrés, que nos adentra en Galicia a través de tierras orensanas.

Granja nació como una granja vinculada al monasterio de Moreruela, situado a unos 3,5 km antes de llegar al núcleo poblacional. Allí se conservan las ruinas de un antiguo monasterio cisterciense que todavía hoy impresiona por su silencio y su grandeza.

“Hay lugares donde el Camino se parte…
y el corazón también.”




Monasterio de Santa María de Moreruela: se considera uno de los primeros monasterios cistercienses de la Península Ibérica. Fue durante siglos un centro espiritual de enorme importancia en el norte de Zamora. De aquel conjunto monacal se conserva la cabecera del templo, que permite imaginar las dimensiones de lo que fue una gran obra de fe y piedra.

El monasterio vivió su auge hasta el siglo XIII y, con el tiempo, fue decayendo hasta quedar abandonado tras las desamortizaciones del siglo XIX. El paso de los años y los saqueos lo redujeron a ruinas.

Fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931 y es un conjunto protegido desde 1995.

“Las ruinas no siempre hablan de destrucción…
a veces hablan de eternidad.”

Horarios de visita

Invierno (1 octubre – 31 marzo):
Miércoles a domingo: 11:00 – 17:00
Cerrado: lunes y martes

Verano (1 abril – 30 septiembre):
Miércoles a domingo: 10:00 – 14:00 y 16:00 – 20:00
Cerrado: lunes y martes



      Detrás de la iglesia de Granja de Moreruela una cruz metálica señala el camino hacia Astorga. Aquí suele vivirse un momento especial: nos despedimos de los peregrinos que toman el rumbo sanabrés.

“Al despedirte de otros peregrinos, comprendes que el Camino es uno… aunque tenga muchas sendas.”


      Subimos por la calle San Juan hasta la parte alta del pueblo y salimos por pista de tierra. La pista termina en la carretera ZA-123. Después pasamos a un tramo boscoso próximo a la N-630.

Continuamos junto a ella y enlazamos con una pista. Tras unos 250 m giramos a la derecha por otra pista que nos conduce hasta un paso elevado sobre la autovía A-66 (km 16,8). Cruzamos y seguimos en la misma dirección.

Más adelante cruzamos una carretera y entramos en Santovenia, atravesando la población por la N-630 (km 20).



      Santovenia se asienta sobre una ladera que cae hacia el valle del Esla, lo que permite contemplar un paisaje amplio y luminoso. En esta zona se han encontrado restos romanos, testigos de siglos de tránsito y de vida.

Destaca la iglesia parroquial dedicada a Nuestra Señora del Tobar y su fuente de tres caños, que en tiempos servía para abrevar al ganado.


“El agua en el Camino siempre dice lo mismo: sigue, limpia, renace.”


      A la salida nos desviamos a la derecha de la nacional, cruzamos el arroyo Prado del Valle y subimos hacia el cementerio. Después regresamos a la N-630 y avanzamos por un camino paralelo. Nos alejamos de la nacional por un camino que sale a la izquierda (km 21,5).

En 300 metros giramos a la derecha por una larga pista de concentración parcelaria que nos conduce a Villaveza del Agua. (km 25,8).




      Destaca la iglesia parroquial de San Salvador, donde se conserva el retablo del Cristo de los Afligidos. Su nombre, tan humano y tan directo, parece escrito para el peregrino.

Se han hallado restos prehistóricos, romanos y medievales en el término. Su historia se remonta a la época de repoblación medieval del Reino de León.

“El Cristo de los Afligidos recuerda al peregrino que nadie camina sin carga… pero tampoco sin consuelo.”

      A la salida tomamos una pista por la izquierda de la nacional. A lo lejos se distingue ya la torre de la iglesia de Barcial del Barco. Entramos en el pueblo y pasamos bajo la torre de Santa María, girando después a la derecha por un repecho hasta salir de nuevo a la nacional. (km 28 de la etapa).




      Barcial del Barco se alza sobre un pequeño otero que domina la amplia y fértil vega donde confluyen los ríos Órbigo y Esla. Estas tierras de regadío, verdes y generosas, forman un auténtico oasis antes de llegar a Benavente.

Su ubicación tiene algo simbólico: el pueblo parece asentarse como la quilla de un barco, permitiendo contemplar desde lo alto el curso de los ríos, las arboledas y los horizontes abiertos que acompañan al peregrino.

Estas tierras se relacionan con el antiguo Astura, nombre que dio identidad a una de las naciones más importantes de la Hispania prerromana, recordándonos una vez más que caminamos sobre huellas muy antiguas.

En la localidad destaca la Iglesia de Santa Marina, un templo de tres naves —una central y dos laterales— cuya cúpula barroca conserva pinturas del siglo XVIII. Exteriormente mantiene su esencia, con una peculiar torre cuadrangular que se transforma en octogonal a media altura.

Barcial del Barco cuenta además con albergue, una buena opción para quienes prefieran hacer aquí un alto en el Camino y dividir la etapa antes de llegar a Benavente.

 

“Detenerse también es avanzar, cuando el alma lo necesita.”



      A la salida tomamos una calle a la derecha de la nacional y, a pocos metros, seguimos a la izquierda por la vía verde, antigua línea ferroviaria de la Vía de la Plata. Por ella cruzamos la carretera.

La vía verde nos conduce hasta el Puente de Hierro sobre el río Esla (km 31,3). Es un lugar que invita a bajar el ritmo: hierro viejo, agua viva y silencio de chopos. 



“Hay puentes que unen orillas… y puentes que unen tu pasado con tu nueva vida.”



      Al final del puente tomamos un camino a la derecha (aunque también se puede seguir recto siguiendo la vía verde hacia Benavente). Caminamos junto al río y los árboles, hasta que un giro a la izquierda nos conduce directamente a Villanueva de Azoague (km 33,4).




      Villanueva del Azoague se asienta en tierras de regadío, donde los ríos Esla y Órbigo dibujan un paisaje fértil que acompaña al caminante con la serenidad del agua y la frescura de sus vegas.

Su origen se remonta al menos al año 878, tras la batalla de la Polvorosa, y se consolidó como zona de repoblación del Reino de León, mostrando cómo la historia del Camino se entrelaza con la historia de estas tierras, donde cada piedra parece susurrar antiguos relatos.

En el corazón del pueblo destaca la Iglesia de la Asunción, construida en ladrillo y tapial, que conserva una espadaña gótica y ofrece al peregrino un momento de recogimiento y contemplación. Su sencillez invita a detenerse, respirar y agradecer la luz que nos acompaña en el Camino.

El pueblo dispone de albergue para los peregrinos que quieran descansar, así como de pequeños bares y tiendas donde reponer fuerzas antes de continuar hacia Benavente. Su entorno amable y abierto hace de esta parada un respiro necesario, un espacio para recomponer cuerpo y espíritu.

“A veces, un alto en el camino es el regalo más valioso para el peregrino.”



      Atravesamos la localidad hasta desembocar en la calle Mayor, que es ya carretera y nos lleva en dirección a Benavente.

Al final de la carretera llegamos a una rotonda (km 35,8). Las flechas nos envían a la izquierda para salvar por un paso inferior la N-525, pero a partir de aquí la señalización se vuelve escasa.

La etapa finaliza en la Plaza Mayor de Benavente (Km 37 Final de etapa).





      La llanura se abre y, al horizonte, aparece Benavente, cruce de caminos y testigo de la historia que acompaña al peregrino desde tiempos remotos. Su posición estratégica atrajo a diversas culturas y pueblos, desde los brigecienses antes de nuestra Era hasta los repobladores leoneses del siglo XII. Cada calle y plaza nos habla de un pasado que se mezcla con el presente, recordándonos que caminar por estas tierras es también caminar por la Historia.

“Cada piedra que pisamos guarda el susurro de quienes nos precedieron.”

      Al recorrer Benavente, podemos descubrir su rico patrimonio monumental, que combina armonía, historia y arte. Entre los más destacados:

Iglesia de Santa María del Azogue: con sus cinco ábsides y tres portadas, representa la esencia del románico. Su torre albergaba el famoso reloj de Benavente, cuya campana marcaba la vida de toda la comarca. En su interior, retablos y esculturas de gran valor nos ofrecen momentos de recogimiento.

Iglesia de San Juan del Mercado: un románico puro que conserva tres naves y tres portadas, con un crucero que se integra discretamente en el conjunto. Destaca su portada del mediodía, con un amplio desarrollo iconográfico, evocando la armonía del Pórtico de la Gloria en Santiago de Compostela.

Hospital de la Piedad: fundado en 1516 por Don Alonso Pimentel y Doña Ana de Velasco, como hospital para peregrinos necesitados. Su fachada conserva la inscripción gótica que nos recuerda la hospitalidad que ha acompañado al Camino desde siempre.

Ermita de la Soledad: construida a comienzos del siglo XVI, fue refugio en tiempos de epidemias y guerras, testigo silencioso de la fe y la resiliencia de los benaventanos.

Castillo de la Mota y Torre del Caracol: fortaleza y residencia de condes, escenario histórico de la unión de León y Castilla. La Torre del Caracol, construida en 1504, revela la transición de la función militar a mansión palaciega, recordándonos que incluso los muros más fuertes han conocido la paz y la vida cotidiana.

“En Benavente, cada monumento es un faro que guía al peregrino entre la memoria y la contemplación.”

      La ciudad invita a recorrerla despacio, disfrutando de sus plazas, calles y parques, dejando que el murmullo de los canales y el susurro de los árboles nos acompañen en este tramo final de la etapa.

El albergue de peregrinos se encuentra en la antigua estación de tren, facilitando un merecido descanso antes de continuar la aventura hacia Astorga.





Para el peregrino (cierre espiritual)

Has caminado mucho hoy.
Has sostenido el paso cuando el cuerpo pedía descanso.
Y eso, en el Camino, no es sólo esfuerzo: es aprendizaje.

“Hay días en los que no avanzas hacia Santiago… avanzas hacia tu verdad.”

Quizás hoy no hubo montañas ni paisajes espectaculares. Pero precisamente por eso esta etapa tiene una bendición escondida: te deja a solas contigo mismo.

En la larga llanura, el ruido interior se va apagando.
Y cuando el ruido se apaga… aparece la Voz.

“En la recta interminable, Dios te enseña a caminar por fe y no por emoción.”

Cuando llegues a Benavente y contemples sus piedras antiguas, sus iglesias y su historia, recuerda que el Camino también te está construyendo así: lentamente, con paciencia, con amor.

Porque la meta no es solo llegar.
La meta es transformarse.

“No tengas prisa. El Camino no corre… porque sabe que todo llega a su hora.”

Descansa, peregrino.
Mañana volverá a amanecer.
Y el Apóstol seguirá delante, esperando tu paso humilde.

Ultreia.

ETAPA 23
Benavente > Alija del Infantado
21,5 km

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