Peregrinar por dentro también es caminar.
Cada etapa física suele ir acompañada de una etapa invisible: una conversación que nos remueve, un recuerdo que aflora, una pregunta que no sabíamos que llevábamos dentro. Y ahí, en ese territorio íntimo, también se camina… aunque nadie lo vea.
Hay días en que el peregrino no necesita más kilómetros, sino luz. Y esa luz puede llegar en forma de palabras.
Una frase sencilla.
Un testimonio verdadero.
Una reflexión escrita sin artificios.
Cuando las palabras nacen de la experiencia y se leen con el corazón abierto, se convierten en sendero. No informan: acompañan. No explican: iluminan.
Leer con alma es dejar que lo escrito nos atraviese. Es permitir que una frase se quede resonando, como campana lejana en la tarde. Es comprender que no siempre necesitamos respuestas; a veces basta con sentirnos comprendidos.
El peregrino sabe lo que es caminar entre sombras: cansancio, dudas, desánimo, momentos en que el horizonte parece más lejano que nunca.
Pero basta un claro.
Un instante de sentido.
Una palabra que ordena el caos interior.
Un pensamiento que devuelve la esperanza.
Un claro no elimina el bosque, pero permite ver el cielo.
Y eso es suficiente para seguir.
Recordar que el verdadero destino de un peregrino no es una plaza ni una catedral, sino un corazón más despierto.
Peregrinar por dentro también es caminar.
Y cuando una palabra ayuda a dar ese paso invisible, también está haciendo Camino.
Este es el propósito de este blog, ser semilla, una que abra claros y muestre el Camino con verdad: no señalar únicamente rutas y albergues.

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