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Etapa 23 Salamanca - El Cubo del Vino


VÍA DE LA PLATA

La etapa de hoy ha sido extremadamente dura, sobre todo por la distancia, su mayor parte por asfalto, además un trazado de sube y baja, resultando agotador, un autentico rompepiernas.

Desde el Albergue nos dirigimos hacia la Plaza Mayor, la primera casilla de esta larga etapa está situada sobre un adoquín de la plaza Salmantina. El reloj del ayuntamiento aún no da las siete de la mañana, la plaza está casi desierta, tan solo un pequeño grupo de jóvenes, que de recogida noctura avivan la desierta plaza.
Una concha de vieira de bronce nos hace devolver nuestra atención al Camino, guiando de nuevo nuestros pasos hacia la calle Zamora, continuando por el paseo del Doctor Torres Villarroel, a esta altura aparece un mojón que señala los 444 kilómetros restantes a Santiago.




Continuamos el paso hasta la glorieta Santiago Martín El Viti, donde se encuentra la majestuosa escultura de un toro bravo, desde allí apreciamos la afamada Plaza de Toros salmantina.
Continuamos por la Avenida Raimundo de Borgoña hasta una rotonda, que cruzamos para tomar la Avenida de Los Agustinos Recoletos. Pasamos junto al colegio Santa Teresa Jesús y un centro comercial. Continuamos en dirección a Zamora siguiendo los paneles indicadores de la carretera. Seguimos por la N-630 hasta que aparece un concesionario de coches y pronto a la altura del Km 335, unas flechas amarillas nos obliga por fin a salir del asfalto, avanzando por una pista hasta la cercana Aldeaseca de Armuña, a la que llegamos tras 800 metros. Este municipio está aún cercano a Salamanca, a solo tres kilómetros.





Se ha convertido en una ciudad dormitorio de Salamanca, aunque su desarrolló poblacional y tasa de natalidad están dándole mayor importancia, siendo ahora el núcleo de población más importante del tramo de la carretera N-630 entre Salamanca y El Cubo del Vino.

Parece que los primeros pobladores de Aldeaseca de Armuña fueron los celtíberos y más tarde los romanos, siendo repoblada posteriormente por los moriscos, judíos, castellanos y gallegos.
En el siglo X el rey Ramiro II de León mando construir torres de defensa o castillos para defenderse de los moros, como el de Ribas en Cabrerizos y más tarde el Castillo, hoy desaparecido donde vivió la Princesa que fuera más tarde Reina de Castilla.
A principios del siglo XIII, Alfonso IX contrae matrimonio con Doña Berenguela, hija de Alfonso VIII de Castilla, en el que se unirían las coronas de León y Castilla, para conseguir la paz tras las incesantes luchas que existían entre los dos reinos, de este matrimonio nacería Fernando III el Santo.
La mayor parte de Aldeaseca de Armuña estuvo bajo influencia de la Iglesia Catedral de Salamanca, señalando además que fue lugar habitual de veraneo de curas y frailes. Con la desamortización de Mendizábal prácticamente todos los terrenos fueron repartidos entre los habitantes del lugar.
A mediados del siglo pasado (siglo XIX), Aldeaseca de Armuña era un municipio independiente. Actualmente es una pedanía de Villares de la Reina.

Entramos en el pueblo por la calle Ruta de la Plata, luego calle Frontón y giramos a la izquierda por la calle Campillo hasta la iglesia.



La Iglesia de la "Santa Cruz", edificio de una sola nave, con una capilla mozárabe y un coro o tribuna, obra clasicista, de 1607. En el interior se distingue el retablo principal de finales del siglo XVII, donde realza el sagrario tallado en 1559, obra de Martín de la Haya.

Rodeamos el templo girando a la izquierda y continuamos recto hasta llegar a un túnel bajo la autovía. Ahora el camino se aleja algo más de la N-630 y vira rumbo noroeste en busca de un cómodo paso que nos permita cruzar el arroyo de la Encina. Se salva por un piso de cemento a dos kilómetros de Aldeaseca.

Comenzando a familiarizarnos con las pistas de concentración parcelaria, afrontaremos un repecho y giramos a la derecha en el segundo cruce de caminos, entrando en modernas urbanizaciones que desplazan los campos de cereales y girasoles. Entre campos y urbanizaciones entramos en la segunda localidad de la etapa Castellanos de Villiquera.





El nombre de este pueblo tiene dos partes: Castellanos, que alude a los colonos de origen castellano que durante la repoblación de de la frontera más allá del río Duero (Extremadura) por parte de Ramiro II lo fundaran allá por el año 975; y Villiquera, que era otro pueblo más antiguo y medio despoblado en tiempos de la fundación de Castellanos de Villiquera, situado de uno a dos kilómetros más al sur.
Al parecer, Villiquera tiene su origen en la palabra latina villicus que representaba el nombre del funcionario o capataz romano encargado de la finca de un propietario.
También describía la heredad con que frecuentemente se premiaba a dicho funcionario por los servicios prestados durante la vida útil, como una especie de premio de jubilación. Villiquera, pues, aludiría a las tierras ganadas por un cierto villicus durante la última etapa del Imperio romano en esta zona fronteriza entre las provincias Lusitana y Tarraconense, en las cercanías de la gran finca de un gran terrateniente, seguramente junto al río Tormes, hacia el pueblo de Villamayor.

A los oriundos de castellanos de Villiquera se les llama "cucos" en alusión a los dos cucos que aparecen en el escudo situado tras el altar mayor de su iglesia, que se considera como el escudo del pueblo.

Seguimos las flechas que nos envían hasta la iglesia de San Juan Bautista. La iglesia que vemos hoy en día es del XVI, pero para hacerla se emplearon materiales del templo medieval. Observamos que en el pórtico meridional se reutilizó una columna románica con capitel decorado con crochet. También encontramos una dovela románica decorada con dos rosetas de cinco y seis pétalos empotrado en el muro de una dependencia situada al lado del pórtico.



Pasamos junto a su torre de la iglesia y continuamos por la calle Calzada.
La calzada romana de La Plata pasaría muy probablemente cerca de Villiquera, al oeste de la actual carretera N-630. 

La zona aledaña a Villiquera, al norte del Arroyo de La Encina, también llamado Arroyo de Villiquera, fue la concedida por Ramiro II a un grupo de castellanos de su ejército, así como sus familias. Buscaron para el emplazamiento un lugar topográficamente más elevado que el antiguo Villiquera para no tener problemas con las crecidas del Arroyo de la Encina y su pequeño afluente el Arroyo o Regato de Cedillos y construyeron varias casas en la zona del actual cementerio; un promontorio elevado desde el que se divisa casi toda la comarca de La Armuña, la capital salmantina y, en días claros, la sierra de Gata.

Salimos del pueblo por una interminable recta rodeado de campos de cultivo, en el horizonte divisamos la torre de la iglesia de Santa Elena de Calzada de Valdunciel, continuamos camino entre fincas parcelarias sin desviarnos en ningún cruce hasta llegar a nuestra tercera localidad en la etapa de hoy Calzada de Valdunciel.



Entramos en la localidad por la calle del Carrascal siguiendo la flecha amarilla que nos lleva hasta la Plaza de la Constitución donde se encuentra un frontón.
Las flechas nos llevan a pasar por detrás del frontón, dejando a la izquierda el edificio del ayuntamiento, continuamos por la calle Ruta de la Plata hasta el final, donde veremos a la derecha el ACVM (Aula Cultural de Usos Múltiples), al final de la calle nos toparemos con una hilera de grandes piedras cilíndricas, hoy a modo de escultura e identificadas como probables restos de miliarios de la Vía XXIV del Itinerario de Antonino.

Estamos en las afueras del pueblo una flecha amarilla nos indica continuar por el camino para salir del pueblo, pero nosotros no damos por terminada la visita a Calzada y giramos a la derecha, a pocos metros nos encontramos con el albergue de peregrinos, un poco más adelante llegamos a un bar junto a la plaza del Corrillo, donde hacemos una parada obligada en el bar de la plaza y así reponer fuerzas.
Aún nos esperan 20 km sin pueblos y sin posibilidad de avituallarse, y casi todos por asfalto. El Camino es duro, hay que tomar medidas para evitar la deshidratación y el golpe de Calor.




También aproveché para comprar pan recién hecho en una tahona desbordante de aromas. Me encantan estos lugares y me traen recuerdos infantiles de cuando mi madre me mandaba a por el pan y no podía resistir pellizcarlo.
¡Qué maravilloso capricho que me costó más de una reprimenda! Aquí también piqué y media barra cayó a base de pequeños pellizcos. También compré algo de embutido para los casi veinte kilómetros que me quedaban hasta el Cubo del Vino.
Nos dirigimos a la iglesia que está frente a la plaza del Corrillo. Su hermosa iglesia, la de Santa Elena corresponde en su conjunto al siglo XVI. Es un templo de una sola nave con armadura simple de madera a dos aguas sobre grandes arcos transversales. Su retablo del XVIII en la tradición de Churriguera, y tribuna a los pies sobre arcos rebajados y columnas itálicas. La portada principal en el flanco sur, y la ventana de la capilla mayor, fueron rehechas hacia 1720.


Se conservan interesantes restos de lo que debió de ser la anterior iglesia, que sería románica del siglo XII o XIII. En el exterior se observa un resto de muro en el flanco norte y acceso a la sacristía, así como unos grandes canes con figura humana que se asoman, como pétreos campaneros, al cuerpo alto de la torre. En el interior persisten dos columnas bajo la tribuna, con capiteles románicos de hojas.
Empotrada en uno de los arcos de la nave, se conserva asimismo una escultura de estilo gótico, probablemente del siglo XIII, que representa a un rey, con una cruz y globo en las manos. La figura aparece enmarcada en un doselete compuesto por un arco ojival sobre columnas coronado por torrecillas. Probablemente, la escultura fue trasladada de la iglesia antigua al realizarse la nueva obra en el siglo XIV.
Es de destacar asimismo la imagen del Cristo de la Piedad, de gran devoción en Calzada, el crucifijo probablemente del siglo XV-XVI, de tamaño natural.


Calzada conserva un monumento funerario romano, el pretil de la llamada Fuente Buena, en la salida hacia Valdunciel. Se trata de una estela de granito con un interesante motivo tallado: una figura femenina yacente de medio cuerpo, con la mano derecha descansando bajo el pecho y la otra asida a un recipiente para libaciones, tal vez de hidromiel. Los extremos del epígrafe y del remate superior están cortados, probablemente para adaptar la estela a su función de brocal. Parece tratarse una estela bajo imperial, fechable entre el siglo II y el IV, y que tal vez sea indicio de la presencia en las proximidades de la vía de algún caserío romano o villa, o incluso de un pequeño núcleo rural ligado al camino. En cuanto a la fuente, pertenece a un tipo constructivo que debió de ser común desde la Edad Media, de sillares y bóveda.

Esta localidad está muy vinculada a la Vía de la Plata desde tiempos inmemoriales. La antigua calzada cruza el pueblo por la mitad, coincidiendo, en gran parte, su recorrido con el de la calle de Santa Elena, en cuyo extremo del sur pervive el topónimo de la Cruz de Santiago, que hace referencia a una ermita antigua.
Calzada es el típico pueblo de la meseta, situado a unos 800 metros sobre el nivel del mar, el clima se considera de montaña lo cual, unido a su posición geográfica, hace de Calzada de Valdunciel un lugar en el que se debe tener en cuenta las condiciones meteorológicas especialmente si se realiza en Camino durante los fríos inviernos.
Es el último pueblo del NE de la provincia de Salamanca.


Salimos de Calzada de Valdunciel cruzando sobre el arroyo de la Vega, avanzamos un poco y nos toca continuar por una pista que pasa junto a un merendero y una pequeña laguna, avanzamos y logramos ver una señal metálica en la que dice camino de Santiago, giramos a la derecha y continuamos por una recta de más de kilómetro y medio, las indicaciones nos hacen girar a la derecha por un estrecho sendero entre campos de cultivo que nos lleva hasta la misma N-630.





Seguimos las indicaciones que nos hacen cruzar la autovía de la Plata, entrando después a transitar por la N-630. Seguiremos por el arcén, así, siempre por carretera, pasado unos cinco kilómetros de duro asfalto llegamos al punto kilométrico 319 y a la altura de una báscula de pesaje obligatorio, unas flechas nos invitan a dejar el asfalto y a continuar por un camino que avanza por la derecha de la carretera.
Continuamos por un camino con la vía del tren abandonada a nuestra derecha, cruzamos en medio kilómetro la carretera que se dirige al castillo del Buen Amor, nosotros seguimos de frente por el camino. Entre algunas encinas con una grata sombra paramos un instante, una parada de descanso, la caminata ha sido agotadora, sobre todo por el largo tramo por asfalto. Ahora es momento para parar un poco y reponer fuerzas.




Continuamos la marcha, tras dos kilómetros y medio  llegamos hasta un cruce, una flecha  nos anima a tomar la carretera, pero otra nos invita a seguir por el camino que traemos. La verdad es que no me apetecía nada retomar el asfalto, así que haciendo caso a esta segunda alternativa retomamos el camino. Pasado unos kilómetros el camino empezaba a ser intransitable, la maleza nos obligaba a retomar el asfalto de la carretera N-630, por ella pasamos junto al Centro Penitenciario de Topas, por delante... asfalto y mas asfalto.




Continuamos en solitario, hoy ha sido un camino para la reflexión, para meditar en soledad, ninguna compañía, la carretera nacional ha quedado en un segundo plano, por ella apenas pasas automóviles, a nuestra izquierda la autovía y el intenso tráfico. En nuestro horizonte, una interminable recta de asfalto delante de nosotros.
Por el arcén de la carretera llegamos hasta el arroyo de Izcala, dos kilómetros más adelante nos encontramos con el límite provincial abandonando así la provincia de Salamanca para adentrarnos en la de Zamora. Continuamos hasta llegar al puente que nos hace cruzar la autovía, esta carretera nos lleva hasta un cruce, que tomamos por la izquierda con dirección a El Cubo de la Tierra del Vino que se aprecia ante nosotros.
Ya con el final de etapa cercano paramos un instante, estamos a punto de llegar a nuestro objetivo de hoy. Tomamos una pieza de fruta, y bebemos la poca agua que nos queda.







Entramos al pueblo por la calle Mayor, y a la altura del café bar Hernández, giramos a la izquierda por la calle García de la Serna, continuando por la calle Toro hasta la calle Eras de Arriba, donde se encuentra el albergue. El albergue es la antigua casa de los maestros, hoy rehabilitado como albergue de peregrinos. Cercana se encuentra la iglesia de Santo Domingo de Guzmán.


Nos encontramos en tierras de Zamora. En esta tierra la Fundación Ramos de Castro ha marcado el camino con placas conmemorativas, están colocadas junto a edificios emblemáticos, la primera de estas la podemos encontrar junto a la iglesia, en ella se puede leer el siguiente texto, dedicado al peregrino:

"EN ESTOS LUGARES EN QUE LA GENTE SE AFANA DÍA A DÍA, HUBO UNA CIUDAD VACEA, PASÓ EL CARTAGINÉS ANÍBAL CON SUS ELEFANTES EL 220 A.C. SE UBICÓ LA MANSIÓ ROMANA DE SABARIA Y OTROS VAIVENES DE LA HISTORIA DEJARON HUELLA Y TRAJERON GENTES. QUE TAMBIÉN TÚ, CAMINANTE, CUALQUIERA QUE SEAN LOS PASOS DE TU VIDA, TE AFANES EN LOS VALORES HUMANOS CADA DÍA".




El Cubo de la Tierra del Vino se presenta como primera población zamorana, revelando en su apellido la vocación de cultivo del territorio, destrozada en el siglo XIX por la plaga de la filoxera. Aún quedan algunas viñas en la zona, así como abundantes bodegas, que denotan un pasado vinícola más activo que el presente.
El nombre de El Cubo se cree que podría proceder de la existencia en otros tiempos de un cubo cuyo objetivo podría ser la defensa de esa zona estratégica por ser una vía de paso. Ubicado en plena Ruta de la Plata, pudo haber sido la Sabaria que citan las antiguas crónicas romanas.

El Cubo del Vino está a la misma distancia de Salamanca que de Zamora, alzado en la meseta, este pueblo se caracteriza por sus gentes acogedoras, y su capacidad para celebrar con alegría sus fiestas patronales. Los vecinos y vecinas logran gracias a sus flores y balconadas trasmitir una imagen mimada de su pueblo. A las afueras se mantienen todavía algunas bodegas escavadas en la tierra, donde se elabora el vino familiar y se mantiene la tradición de encontrarse a su sombra en verano y en su interior en invierno para merendar.

Cuando llegué al albergue ya habían llegado algunos peregrinos, en él hay caras conocidas, Andrea el peregrino polaco que conocí en Grimaldo, junto a él su señora, que acababa de llegar de Polonia. También le acompañaba un peregrino de su misma nacionalidad, es sacerdote y de nombre Robert. En el albergue también había algunos peregrinos más a los que no conocía, algunos de ellos ciclistas.

Felipe es el hospitalero del albergue, un hombre agradable y servicial. Cuando me disponía a pagar el albergue no encontraba la billetera..., miré una y otra vez en los bolsillo del pantalón, en los de la mochila, ... pero no encontraba mi billetera, ... vacié por completo la mochila y nada, ...no me lo podía creer, esto no me podía estar pasando... no aparecía, la había perdido.

Estaba desconcertado, Felipe el hospitalero intentaba tranquilizarme, la verdad es que se portó muy bien, se puso en contacto con el albergue de Salamanca para que buscaran la billetera por si la había perdido allí. Le contestaron que la buscarían y que me llamarían más tarde. En ese momento el hospitalero no se encontraba en el albergue, pero más tarde irían a buscarla.
Felipe me daba ánimos y esperanza, mucha esperanza era lo que necesitaba, no podía creer lo que estaba pasando, como había podido perder la billetera? Y lo peor, ¿dónde? En ella llevaba las tarjetas bancarias, el dinero que saqué del cajero del banco, la documentación. Si no consigo encontrarla será para mí el final del Camino.
El día de hoy ha sido agotador en todos los sentidos, muchos kilómetros, mucho asfalto, mucho calor,... mucho de todo y para colmo esto, tenía que descansar y pensar tranquilamente cuales eran mis alternativas y las posibles soluciones.

Intentaré visualizar todas mis paradas durante el camino. Quizás en una de ellas pudo caerse, no recuerdo donde llevaba la billetera, es mas no recuerda haberla sacado. 
Pensando me venía una imagen... ayer me retiré más tarde de lo habitual, lógicamente la habitación estaba a oscuras y claro está, no se podía encender la luz, todos descansaban. Quizás se me pudo caer del bolsillo al desvestirme. Al levantarme esta mañana también lo hice a oscuras, me levanté muy temprano, todo el mundo dormía, así que utilice  la poca luz del teléfono móvil para recoger la ropa, y sacar la mochila fuera, para así no molestar a los que aún dormía. En el pasillo preparé la mochila y bajé a desayunar.
Como norma general suelo dejar preparada la mochila, fuera de ella solo dejo la ropa que utilizaré, y la bolsa de aseo. Antes de acostarme lo reviso todo minuciosamente, al salir por la mañana hago un recuento de las cosas que llevo encima y comienzo la etapa con tranquilidad, pero esta vez no fue así, rompí la norma y la rutina, con ello posiblemente provoqué esta terrible situación.

En el Camino es casi normal perder alguna que otra cosa, a veces el cansancio te hace ser descuidado. Cualquier cosa puede llevarte a abandonar el Camino, he visto a peregrinos dejarlo por infinidad de motivos. He realizado ya varios Caminos, y he superado muchas dificultades, fuertes tirones, golpes y caídas, ampollas insufribles, fiebre, insolacion, bajadas de tensión,...casi de todo, pero esto parece superarlo todo, pensaba que esta vez tendría que abandonar sin remedio, solo lo podría evitarlo un milagro.

¿Estaba en blanco, qué hacer?, ¿Se acabaría hoy el Camino para mí?

Había perdido parte del dinero, pero lo más importante era la documentación y las tarjetas de crédito, una situación bastante complicada.
En el pueblo no había puesto de policía, ni de Guardia Civil, así que hoy no podía denunciar la perdida, tendría que ser mañana, ¿qué hacer?, ¿ir para Zamora mañana, o volver a Salamanca? Barajé ambas posibilidades, intenté pensar con claridad.

Insistían una y otra vez en recordar las parada que había hecho en el caminor. La primera parada la hice en Calzada de Valduciel, primero en el bar y después en la tahona donde compré pan... recuerdo que pagué con unas monedas que llevaba en el pequeño monedero, no recuerdo haber sacado la billetera. Más tarde paré bajo una encina para descansar del duro asfalto, después paré bajo un puente de la carretera nacional, y saqué de la mochila la botella de agua de reserva... la próxima y última parada fue a la entrada del Cubo del Vino, donde tomé de la mochila una pieza de fruta... tenía la cabeza embotada, pensar con claridad estaba siendo agotador y muy complicado en mi estado.
Esperaba con autentica ansiedad la llamada de Salamanca, mientras tanto me fui con otros peregrinos a la plaza del pueblo, tenía que relajarme y pensar con tranquilidad. En el bar Hernández estaba comenzando el partido de fútbol del Mundial, jugaba España y Paraguay.

En el interior del bar había un gran ambiente, los lugareños no paraban de animar el ambiente, muchos ataviados con la camiseta roja de la selección. La nota la daba sobre todo un paisano del pueblo que en vez de gritos, "tocaba" con una corneta la carga de caballería.
Pensé que en cualquier momento me iba a estallar la cabeza en mil pedazos, sobre todo cuando terminó el partido. España había conseguido la victoria, para celebrarlo comenzaron a tirar unos petardos ensordecedores, ¡Dios mío! Necesitaba irme de allí cuanto antes.

Dejé atrás la algarabía y me dirigí al albergue con un terrible dolor de cabeza. Sonó el teléfono, me llamaba el gerente del albergue que me comunicó que habían buscado por todos lados y que... lo sentía mucho, pero que no habían encontrado la billetera.
Los peores presagios parecían haberse hecho realidad.

La noche la pasé entrevelas, no conciliaba el sueño a pesar de estar física y mentalmente agotado, no paraba de escudriñar en mi cabeza cada instante de la etapa.
Analicé detenidamente cada momento, pensaba y pensaba, tenía que recordar, no quería abandonar el Camino y menos de esta manera, tenía que recordar... recordar.

Baraje algunas posibles opciones, pero me decidí por buscar la billetera volviendo a Salamanca por el Camino andado. Me quedaban unos treinta euros encima, lo que me quedaba en el monedero de mano. Tenía suficiente para volver en bus a la ciudad salmantina, pero... decidí volver andando y buscar la billetera, me negaba a abandonar el camino sin luchar. Por delante 35 km donde buscar... una locura, pero mi única posibilidad si quería continuar mi peregrinación a Santiago.

Mañana volveré a andar lo andado, despacio, mirando cada metro, a un lado y al otro del Camino, en la maleza a orilla del camino, por anden de la carretera, intentaba recordar los lugares donde hice mis paradas de descanso, fotografíe mentalmente cada uno de ellos. La verdad, una autentica locura, pero tenía la esperanza de conseguirlo, será enorme esfuerzo, pero algo en mi interior me decía que la encontraría.

La noche se hizo larga, muy larga...



LA BUSQUEDA
(Camino de vuelta a Salamanca)
4 de Julio de 2010

Comienzo el día muy agotado, la noche ha sido larga, apenas había dormido. La sensación que me invadía era muy extraña, mi cabeza era un autentico polvorín, las ideas iban y venían fugazmente. Una mañana extraña, la bruma dominaba el Camino, por delante me quedaban 35 km, de vuelta a Salamanca. La búsqueda será muy dura, pero mantengo la esperanza de encontrar la billetera. 

El horizonte que tenía delante de mí era distinto al de ayer, ya que lo hacía en sentido contrario, me sentía muy confuso, para colmo la niebla lo invadía todo, casi no dejaba salir la luz del sol... era una mañana muy extraña.

Pero la esperanza lo puede todo, me animaba a mí mismo, pedía ayuda a Dios, a Santiago, a la Virgen María, rezaba con todo mi corazón, cantaba y cantaba lleno de esperanza.

"Después de la oscuridad vuelve la luz,
la hermosa luz de la esperanza"



Recordé que antes de llegar al Cubo del Vino paré un instante junto a la carretera, había un pequeño cercado, con nerviosismo e ilusión me acerqué al lugar. La noche anterior pensé mucho conn este lugar. Aquí me paré para abrir la mochila, me cambie de camiseta, tomé una pieza de fruta de uno de los bolsillos laterales, también abrí el bolsillo superior de la mochila para sacar un paquete de cigarrillos, en el mismo bolsillo donde suelo guardar la billetera. Examiné el lugar con esperanzas, lo hice casi con lupa e ilusionado. 
Durante la noche escudriñe cada rinconcito de mi mente, cuando recordé el momento del cigarrillo antes de entrar en el pueblo me llené de esperanza, pudo caerse en este lugar, estaba casi seguro que así fué.
Posiblemente se pudo caer al sacar el paquete de cigarrillos. Fue el único  cigarrillo que fume durante el Camino, solo lo hice aquí, para celebrar la llegada.
Me puse a escudriñar cada centímetro de la zona, junto a la alambrada, entre la hierba... unos metros mas para allá... para acá... cada centímetro, ... pero, no apareció.

Al final desistí del lugar, y continué camino, desilusionado llegué al cruce y pase por el puente sobre la autovía, por delante la carretera nacional, por aquí no será difícil buscar, solo había que poner atención junto al andén.


La bruma continuaba espesa... una sensación extraña me embargaba. La tensión comenzaba a pasarme factura, aún permanecía el dolor de cabeza de la noche anterior, tenía que mantenerme sereno y optimista, no podía entrar en la desesperación, es muy importante mantener la calma.

Llegué hasta el límite provincial entre Zamora y Salamanca, la carretera estaba inmaculada, ni rastro. Rezaba, rezaba, rezaba, a Dios pedía ayuda, a Santiago, a la Virgen María, a todos los santos, al ángel de la guarda, todos ellos me acompañaban en la búsqueda. Me animaba a mi mismo con canciones, una y otra vez me decía a mi mismo que lo conseguiría, merecía la pena hacer esta penitencia hasta Salamanca, una gran prueba ante mi, si me mantenía fuerte en esta búsqueda saldría muy fortalecido de la experiencia.

Intentaba relajarme dejando la mente en blanco, concentrándome en la respiración, pero tenía que continuar con los ojos bien abiertos, no podía desesperar, tenía que continuar manteniendo la calma y sobre todo la Esperanza en encontrarla.




Siguieron los kilómetros de asfalto, pasé junto al puente donde también me detuve,  continué hasta llegar junto al centro penitenciario, continué con la mirada puesta en el arcén, pero aún nada. Pronto vendría lo complicado, internarme en el sendero, por allí tendría que ir mirando con mucha más atención, podría estar oculta bajo la maleza. Estaba siendo muy complicado mirar entre los arbustos, pero seguía adelante, mirando por todos lados.

Intentaba recordar cada parada realizada ayer, una de ellas fue cuando paré debajo de una encina a descansar, recordaba haber comido una pieza de fruta, ¿pero cuál era esa encina? ... hoy todas me parecían iguales, la búsqueda estaba siendo muy complicada y fatigosa por este lugar.

Acabó el sendero de tierra, y de nuevo volví a la carretera, miraba junto al arcén y nada, ni rastro de la billetera.
El siguiente lugar posible estaba en Calzada de Valdunciel, recuerdo que paré a llenar las botellas de agua en su fuente, entré en la tahona a comprar una pieza de pan, y en el bar donde tomé un refrigerio, pero recuerdo perfectamente que en este último lugar no saqué la billetera, aquí pagué con monedas, eso lo recuerdo muy bien... pero quizás me equivoque, estaba ya agotado y muy confundido. 

Mi Camino continuaba por el asfalto, la búsqueda continuaba y de pronto sonó el teléfono... ¿Quién sería? Detrás del teléfono estaba el hospitalero de Salamanca, Pierre. En un principio al decirme su nombre no le recordaba, estaba algo aturdido, mareado por la tensión y los kilómetros andados. En ese momento me estremeció un fuerte claxon que provenía de un enorme tráiler tras de mí, a este le siguió un fuerte rebufo que hizo tambalearme mandando el sombrero a las nubes.
Desgraciadamente tenía que ir por el margen derecho de la carretera, los coches venían por mi espalda, cosa poco aconsejable cuando se camina por carretera, pero tenía que buscar por donde pase ayer, no tenía otro remedio. El claxon y el rebufo del tráiler me dieron un tremendo susto, me despisté y no entendía lo que el hospitalero me contaba por teléfono, aún me duraba el tremendo susto en el cuerpo.

Pierre me gritaba la noticia, la buena y milagrosa noticia una y otra vez.
¡¡ Apareció la billetera en el albergue!!
Pensé que estaba soñando, o que quizás me había vuelto loco y todo era imaginaciones mias. Pero no, Pierre me contaba que la habían encontrado oculta entre la pared y una pata de la cama. Ayer buscaron por toda la habitación y no la habían visto, pero esta mañana un peregrino alemán se percató de ella al levantarse y se la dio antes de marcharse.
No podía creérmelo, me pellizcaba la cara una y otra vez... de pronto me vino mil lagrimas de emoción, me quedé clavado en el asfalto, no podía creérmelo, estaba alucinando, gritaba como un poseido de alegría, una locura, el corazón se me salía del pecho, Dios mío que milagro más grande me has concedido. Lancé varios metros la mochila, el bordón voló con ella... no paraba de dar saltos de alegría.


¡¡ El Camino, Dios mío el Camino!!

Pierre me confirmó que estaba todo, la documentación, las tarjetas, e incluso el dinero. ¿No es maravilloso?,... todo había cambiado de pronto... la incertidumbre y el tremendo dolor de cabeza por la tensión habían desaparecido en un segundo.
Dicen que la esperanza mueve montañas, esta vez se había movido todo el sistema montañoso de la península ibérica,... si ocurren milagros... para mí este es uno de ellos.

Pierre me preguntó dónde estaba, y que si quería que me enviasen la billetera al albergue del Cubo del Vino, le contesté que no se preocupara, que volvía andando camino de Salamanca. Me animó por ello y que me esperaba en el albergue para darme un gran abrazo.
Se había producido algo increíble, todo apuntaba a que sería algo imposible encontrarla, pero mi esperanza era enorme, tenía la seguridad de que Dios me ayudaría, eso me hacia hacia muy fuerte.

Toda esa ESPERANZA se transformó en una gran energía que me hizo continuar andando en penitencia hacia Salamanca. Mi felicidad era tan grande que no me importaba el cansancio acumulado por haber caminado 70 kilómetros en dos días, desapareció el agotamiento por no haber dormido en toda la noche, la tensión se transformó paz y armonía, el dolor de cabeza me había abandonado, nada podía parar mi paso firme, podría ir andando hasta el fin del mundo en gratitud por escuchar mis plegarias.

Ahora el camino era relajado, el sol intenso ni me molestaba, caminaba con paso firme, la felicidad me invadía, alucinaba por todo lo vivido, una increíble experiencia personal.
Dejé de mirar al suelo, ahora miraba al cielo… al azul y hermoso cielo de Salamanca. Volvía a Salamanca ahora si por el arcén izquierdo de la Nacional, tranquilo viendo venir a los coches, me reía, cantaba, seguro que resplandecía de felicidad. Ahora mi caminar era agradable, relajado. Pasaban peregrinos en bici… BUEN CAMINO les gritaba.
Por carretera coincidí también con peregrinos a pie, curiosamente con Laura, Raquel y Annette, según me contaron se habían quedado un día más en Salamanca, curioso momento este ellas para un lado y yo para otro.

A Salamanca llego casi extenuado. Mi única parada fue bajo el puente de la autovía, no había parado en todo el camino. La rotonda lleva hasta la carretera de Zamora, pero esta vez de vuelta a Salamanca. De nuevo paso junto al estadio de fútbol del Elmantico, pisamos de nuevo la Av. de los Agustinos Recoletos hasta llegar al Centro comercial, un poco más adelante el puesto de la Cruz Roja Salmantina con la escultura del toro empujando la sillita de ruedas y la glorieta de El Viti con la plaza de toros a la izquierda.



Entro en Salamanca por el Paseo del Doctor Torres Villaroel y llego hasta la iglesia de San Marcos. Cuando me despedí ayer de ella lo hice al amanecer, su luz era otra, hoy estaba resplandeciente y hermosa. A continuación me esperaba la calle Zamora para llegar así hasta la Plaza Mayor. Ahora sí, ahora si he llegado a Salamanca, por fin. Decido hacer una parada de guerrero, tranquilo me quito la mochila de la espalda, dejo el bordón junto a ella y me siento a contemplar el devenir de la gente sentado en una de las terrazas de bar de la plaza. Con mirada y aura victoriosa, con reluciente armadura de peregrino contemplo el mundo.

Estaba eufórico, me había hecho 35 Km. de un tirón casi sin parar, aquí estaba de nuevo, en la hermosa Plaza Mayor de Salamanca. Eran las tres de la tarde, aún me quedaba una hora para las cuatro, a esa hora me espera Pierre en el Albergue.
Mientras tanto aún me quedaban fuerzas para dar un pequeño paseo por los alrededores y así despedirme de Salamanca, tenía pensado volver hoy mismo al Cubo del Vino, eso sí, esta vez lo haría en bus.

El peregrinar en el Camino es el cielo después del infierno, lo sublime y lo vulgar,
el descorazonamiento y la exaltación todo a lo largo del Camino. En él te aprovisionas de aire puro para el resto de tu vida.





Al llegar al albergue me esperaba Pierre, nos dimos un gran abrazo y comentamos lo sucedido. Hablábamos de lo increíble del Camino, de experiencias como esta que te hacen ser más fuerte, tener una gran fe, te afirman en el gran valor que tiene la fraternidad entre peregrinos, la humanidad del Camino, y sobre todo, la certeza de que Dios siempre, siempre está contigo.

Intercambiamos mil y una anécdotas, un momento increíble y entrañable. Pierre me invitó a quedarme hoy en el albergue, a descansar en Salamanca, y mañana partir hasta Zamora en bus para no perder el día de hoy.
Para mí hoy no había sido un día perdido, todo lo contrario, ha sido un día ganado, uno de los más emocionantes e increíbles de mi existencia. Una experiencia casi mística donde he hablado muchísimo con Dios, le he rezado más que todos los anteriores días de mi vida, y sinceramente, estoy seguro que me estaba escuchado.
El hizo que fuese posible continuar mi camino a Compostela, que pueda entrar por la puerta del Perdón en este año Jacobeo. Gracias a él podré arrodillarme de nuevo ante el sepulcro del Apóstol, volver a subir la escalinata buscando su abrazo. Gracias a él volveré a emocionarme en la misa del peregrino junto a cientos de peregrinos más.
Tantas cosas serán posibles gracias a este día, quedarán grabadas en mi memoria como uno de los días más intensos e increíbles vividos en el Camino a Santiago.

Pierre me preparó un riquísimo té, mas tarde me di una ducha reparadora y me cambié de ropa. Me entregó la cartera, oh Dios cuánto ha costado este momento.

Mas tarde llegó la hora de despedirnos, nos intercambiamos direcciones y marché camino de la estación de autobuses de Salamanca.

Al llegar saqué un billete para volver a El Cubo del Vino, esta vez sentadocómodamente.


El camino en bus era prácticamente el mismo que realice esta mañana a pie, recordaba cada paso por la carretera, sonreía porque todo me parecía un hermoso sueño, una sensación extraña me invadió el alma. Medité sobre la experiencia, en el estado de ánimo que me encontraba ayer, suspiré... agradecí al altísimo este momento subido ahora en el bus camino de El cubo del Vino, curiosamente es la tercera vez que recorro este camino en menos de 48 h.
Por fin llegué a El Cubo del Vino, en la plaza Conde de Retamoso estaban mis amigas Annette, Laura y Raquel, volver a verlas fue muy especial, pensaba que ya no volvería a verlas y me emocioné un poco.

Al llegar al albergue me encontré con Felipe el hospitalero, que al verme me dio un gran abrazo recordándome: 
- Nunca pierdas la esperanza peregrino.
Cuanta razón tenías Felipe y cuanto agradezco su apoyo. Gracias amigo. 

En el Camino de Santiago la perdida de objetos es bastante frecuente, se suelen dejar olvidados en cualquier lugar, la perdida de gorras, cámaras de foto o de video, el móvil, relojes, toda clase de ropa, el saco de dormir. Perder uno de estos objetos puede ser un contratiempo, pero sin duda alguna perder la billetera como me pasó en esta etapa a mí, puede llegar a frustrar todo tus esfuerzos y sueños por alcanzar Santiago.
Toda precaución es poca en el Camino, el cansancio suele hacer mella y hay que estar atentos a los olvidos. Una buena recomendación es preparar la mochila antes de irse a dormir, y hacer un recuento minuciosamente de tus cosas, si no, podemos tener sorpresas desagradables.

Ante cualquier contratiempo no desesperemos, en el Camino siempre encontrarás manos dispuestas a ayudarte, el peregrino es amable y generoso, nunca te encontrarás solo/a.

Si haces el Camino vive intensamente su espíritu, se peregrino, VIVE EL CAMINO.