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10 ene. 2011

Etapa 22 Morille - Salamanca


VÍA DE LA PLATA

Despierto a las seis de la mañana, Jürgen aún dormía. Como ya es costumbre preparé la mochila el día anterior para no molestar a los que duermen.
A esta temprana hora no había ningún establecimiento abierto, así que tuve que posponer el desayuno para más tarde, como suele ser habitual.
Hoy no tenía prisa, sabía que la etapa era corta, por delante menos de veinte kilómetros para llegar hasta las aguas del río Tormes. Tendré todo el día para visitar detenidamente la hermosa ciudad de Salamanca y su hermoso legado arquitectónico.

Del albergue salgo hacia la calle Mayor, continuando por esta hasta abandonar el pueblo. A  unos cuatrocientos metros, y a la orilla del camino nos encontramos con el cementerio de Morille, llamado Cementerio de Arte, en el se pueden encontrar sepulturas de considerable valor artístico o vinculadas de modo significativo al mundo del arte.


Dejamos a nuestra derecha tan significativa curiosidad y nos adentramos en pleno camino, continuamos por una pista rodeada de hectáreas y hectáreas de terreno de cultivo. El terreno es abierto llegando a una pequeña laguna a nuestra derecha. Varios toboganes nos esperan hasta llegar a la primera cancela de la etapa, a partir de aquí el paisaje cambia considerablemente, nos internamos por una dehesa poblada de abundantes encinas que sombrean la vereda. La temprana luz de la mañana marcaba una hermosa estampa entre las hojas de las encinas, dejando pasar los dorados rayos de sol.




Transcurrido un kilómetro aproximadamente entre el bosque de encinas llegamos a las casas de Anseos, continuamos entre dos muros de piedra hasta cruzar un pequeño arroyo, a unos 150 m. llegamos a un cruce donde tenemos que girar a la izquierda 90º, entrando por otra portela. Continuamos atentos a las señales que por momentos parecen desaparecer pero la flecha amarilla siempre está ahí, acompañándonos en el camino, mas adelante nos encontramos con alguna que otra portela más.



Continúa así un bonito tramo por una zona de carrascas y encinas, una de los últimas que podemos saborear porque en breve llegamos a las casas de Aldeanueva y a continuación vemos al frente un universo menos verde y sí más ocre, nos espera una interminable recta de unos 3 km, nuestra vista se pierde entre los campos de cereal, para llegar hasta el cruce de Miranda de Azán, población a la que no entramos, dejándola a mano derecha del camino.

En 400 metros pasamos sobre el arroyo de la Fuente de la Porra y continuamos por la pista otros 2 kilómetros con idéntico paisaje, llegando así hasta el cruce de Aldetejada, a la izquierda nos lleva al pueblo, pero nosotros continuamos rectos teniendo en el horizonte una pequeña cuesta, la subimos con algún que otro esfuerzo, encontrándonos en una planicie, desde allí ya es posible ver nuestro destino de hoy, en la lejanía aparece triunfante la ciudad de Salamanca.






Bajamos recto por un camino que nos lleva hasta la autovía A-66 superándola por debajo del puente. A unos 500 metros llegamos a un cruce, giramos a la derecha 90º y de nuevo giramos otros 90º a la izquierda, para transitar por otro camino que nos llevará a otro paso subterráneo que cruza la Ronda Sur.
Caminamos por el asfalto de un paseo, 100 metros para llegar a una glorieta, para continuar en línea recta, caminamos por un parque acompañados del Arroyo del Zurguén que serpentea a nuestra izquierda, y a nuestra derecha bloques de viviendas, encontrándonos en las afueras de Salamanca.
Finalizado el parque junto al río Tormes entramos por la calle de José Rivera hasta llegar a la carretera de Fregeneda por la que caminamos unos 300 m acompañado de las casas de un barrio salmantino.

Un quiosco de churros llamaba mi atención, empezaba a tener mono matutino de cafeína. En una gran sartén aceitosa y humeante una señora extendía la masa de los churros, sin dudarlo un instante decido hacer una parada para tomar un buen café con churros.
Terminado el desayuno cruzo el Paseo del Progreso para entrar así en el puente romano sobre el río Tormes.




El primer estudio que los romanos llevaban a cabo tenía que ver con la bajada del río, para identificar aquel lugar donde el agua tuviera descanso y pasara con mayor reposo. 
Curiosamente los estudios actuales demuestran que éste es el punto de acceso a la ciudad donde más sencilla y menos costosa resultaría la construcción de un puente.
Este puente se construye en el año 89, en época del emperador Trajano. Los romanos eran verdaderos expertos en el corte de la piedra y en su colocación, pues se basaban en el peso de la misma, como si de un puzle se tratase. Esta técnica era conocida como a “soga y a tizón” y les permitía no tener que utilizar argamasa para su unión; ni siquiera en los arcos, que se sujetaban por su propio peso.

Para prolongar la vida de sus puentes los romanos construyeron tajamares, bases en que apoyan los pilares y que tienen forma de proa de barco. Con ellos conseguían frenar el efecto directo de la corriente de agua sobre el pilar, que de no haber sido mitigado habría sido devastador para la piedra a lo largo de los casi 2000 años desde que fue construido.
Los nueve arcos más próximos a la ciudad pertenecen a la época de Trajano, y los restantes se deben a la ampliación de l540 y a posteriores modificaciones. En el año 300 antes de Cristo, Roma había conquistado toda Hispania. Salamanca, conocida como Salmantica, era una de las principales ciudades de paso de la Ruta de la Plata, que unía Mérida con Astorga.


Al final del puente nos encontramos con la escultura del “berraco” ibérico -toro que hay a la entrada del puente-, que estuvo treinta años sumergida bajo las aguas del río Tormes. Esta escultura se rompió en tres pedazos pero sólo pudieron rescatarse dos partes, quedando sin cabeza. 
En 1954, año del centenario del Lazarillo de Tormes, fue devuelta a su lugar de origen, donde había estado desde tiempo inmemorial.
Aquí comenzó en 1454 la historia del personaje más popular de la picaresca española, Lázaro de Tormes.


Desde este lugar podemos disfrutar de la Iglesia de Santiago, que se encuentra junto al Puente Romano en la zona extramuros, se construyó en el siglo XII, en ladrillo, según el estilo románico-mudéjar, para ser la parroquia de los mozárabes. Según la leyenda fue construida por un miembro de la Familia Maldonado como una promesa por salir con vida de un enfrentamiento con los moros de Córdoba.


Las flechas amarillas me llevan hasta las calles del casco histórico salmantino, siguiéndolas nos lleva hasta la mismísima Catedral de Salamanca. El albergue está cercano a este punto, tan solo a unos 150 m. junto al jardín de Calixto y Melebea.

De camino al albergue pasamos junto a la Casa Lis, Museo Art Nouveau y Art Déco de Salamanca, no solo las alberga colecciones de interés, sino que el propio edificio es un museo en sí.

Llegamos hasta el impresionante pórtico de la Catedral, giramos a la derecha por la calle Arcedriano llegando así al albergue de Peregrinos La Calera, pero este aún permanecía cerrado, por lo que decido dirigirme hacia la Plaza Mayor.

Continuo rodeando la catedral por la calle San Vicente Ferrer llegando a la Plaza de Anaya, descanso un instante en los escalones del Palacio de los Anaya, hoy Colegio Anaya para contemplar la estampa de la impresionante Catedral nueva.







Continuamos nuestro paseo por la calle de Tostado hasta llegar al Convento-Museo de San Esteban.


Cercano nos encontramos con otra de las joyas de Salamanca, el Convento de las Dueñas. En su interior podemos disfrutar de uno de los claustros más impresionantes del Renacimiento.
El edificio fue construido a comienzos del siglo XVI. En su estructura predominan los estilos renacentista y plateresco. El origen del convento se sitúa en 1491, cuando doña Juana Rodríguez de Maldonado dona su palacio, de estilo mudéjar, a la Comunidad de Religiosas de las Dominicas.
En 1533 se construye el actual convento. La denominación de Dueñas probablemente está relacionada con el origen nobiliario de la mayoría de las monjas del convento. Estas monjas pagaban una dote muy grande y dedicaban su jornada únicamente a la oración.
En el mismo convento existían monjas que provenían de familias humildes, que no aportaban cantidades como dote, y se ocupaban de los trabajos domésticos.
En 1963 se derrumbó parte de su estructura y el claustro tuvo que ser apuntalado. Por fortuna, el edificio ha sido recientemente restaurado y podemos disfrutar de nuevo de la grandeza de su claustro.

Pero sin duda, la parte más conocida de este edificio es su claustro. De forma pentagonal, se divide en dos niveles de galerías. El piso bajo tiene arcos escarzanos con medallones en sus enjutas. Frente a la sencillez del piso inferior, destaca la rica decoración del piso superior. Las columnas culminan en capiteles y zapatas decorados con la fantástica fauna renacentista: dragones, gárgolas, arpías, etc. Sobre el segundo piso encontramos un friso decorado con motivos religiosos: escudos de la virgen, distintos santos y profetas, etc.

La leyenda atribuye la fundación del convento a un milagro. Doña Juana Rodríguez de Maldonado tenía como inquilinas a dos mujeres muy religiosas.
Estas beatas guardaban una gran devoción por una imagen de la Virgen, situada en el convento de San Esteban, a la que visitaban todos los días. Un buen día la talla de la Virgen les siguió, la talla fue devuelta pero el milagro ocurrió varias veces de nuevo. Doña Juana interpretó que la Virgen quería vivir en su palacio y por eso lo donó a las dominicas.

En el claustro del convento se encuentra la sepultura de la princesa guineana Chikaba, que en el siglo XVII fue monja del convento. Se cuenta que curaba a muchos enfermos con poner sólo su dedo, sobre todo a los herniados, ya que ella padeció una hernia crónica debido a los golpes recibidos en su juventud. A la hora de morir su carne se transfiguró y quedó blanca.

Si queremos continuar satisfaciendo nuestros sentidos, solo nos queda uno, el gusto, las monjas del convento venden unos excepcionales dulces que no debemos dejar de probar.



Continúo hacia la Plaza Mayor, pasando por la plaza de Colón, disfrutando de la majestuosa torre Clavero. Esta torre conserva muchas características de la arquitectura militar del siglo XV y que en su día formó parte de lo que fue el Palacio de Sotomayor, del que no quedan restos. Hoy permanece como un testimonio más de la belicosidad salmantina en la Baja Edad Media y es la única fortaleza existente dentro del recinto urbano.


Seguimos por la calle San Pablo hasta llegar a una de las arcadas de de la Plaza Mayor, el reloj del ayuntamiento de Salamanca aún no marcaba las once de la mañana, aún tenía todo el día para callejear por esta ciudad.

El albergue La Calera no abre hasta las cuatro, pero se podía dejar la mochila a las doce. Aún tenía mucho tiempo, me senté en la terraza de una cafetería de la Plaza Mayor tomándome un par de cervezas bien frías.
Después de un buen rato decidí volver a cargarme la mochila a la espalda dirigiéndome por la Rua Larga hasta volver a la plaza de Anaya, de pronto escuché que me llamaban... Antonioooooo, reconocí el inconfundible acento americano de mi amiga Annette, me giré, y allí estaba, levantando efusivamente los brazos en la terraza de una pizzería. Nos sentamos juntos y decidimos almorzar temprano.

Al rato aparecieron Laura y Raquel, peregrinas de Madrid. Los cuatros nos dirigimos a un punto de información turística situado junto a la Casa de las Conchas, allí solicitamos varios planos de la ciudad. Las madrileñas continuaron paseo ya que habían dejado las mochilas en el albergue, nosotros sin embargo no pudimos hacerlo, tendríamos que esperar hasta las cuatro de la tarde.




Disponíamos de tiempo suficiente para hacer una visita a la catedral. Cargados con nuestras mochilas entramos en el templo. Primeramente nos dirigimos hacia la capilla de todos los santos a orar.
El interior de la catedral destaca por su amplitud y la gran magnitud de sus alturas, te da la sensación de sumergirte en un bosque en el que las copas de los árboles se elevan hacia Dios.

En 1512 se decide mantener la vieja catedral románica para no interrumpir los oficios religiosos. La construcción de la nueva catedral se inicia el 12 de mayo de 1513. La obra no puede darse por concluida hasta 1733.

La Catedral Nueva es la penúltima catedral gótica de España, su construcción se inicia en 1513 y no concluye hasta 1733. Aunque su estilo es esencialmente gótico, en ella conviven también el barroco, el plateresco y el estilo neoclásico. En este sentido hay que destacar la torre de estilo barroco. En el parteluz de la portada principal de la catedral Nueva hay una figura de la Inmaculada Ascensión flanqueada por dos ángeles. El de su derecha porta un cartel que hace referencia a la asunción de la Virgen “Assumpta est Maria in coelum”; el de la izquierda está “manco”. Originariamente portaba un cartel que hacía referencia a la inmaculada concepción de la Virgen. Pero el cartel fue serrado en el siglo XVII por una corriente religiosa que renegaba de esa idea.

En 1755 el terremoto de Lisboa daño gravemente la torre de las campanas. El sistema de las campanas quedo dañado por lo que el campanero tuvo que escalar hasta las campanas para tocarlas. Hoy en día esa tradición continúa y cada 31 de octubre un personaje, ataviado con el típico traje charro, sube hasta la veleta de la torre y toca una charrada.






El interior de la catedral destaca por su amplitud y la gran magnitud de sus alturas, te da la sensación de sumergirte en un bosque en el que las copas de los árboles se elevan hacia Dios.
A lo largo de las naves laterales se articulan las capillas, entre ellas destacan dos: la Capilla Dorada o de todos los santos y la Capilla del Santo Cristo de las Batallas. La Capilla Dorada es en realidad una pequeña iglesia dentro de la catedral. Dispone de coro y sacristía propios y se piensa que en su momento tuvo hasta un pequeño órgano. En ella aparecen representados todos los santos desde el principio de los tiempos hasta el siglo XVI.



Tras la visita a la Catedral nos dirigimos al albergue, pero aún permanecía cerrado, junto a este se encuentra el Huerto de Calixto y Melibea donde esperamos sentados en uno de sus bancos de piedra. Mientras tanto leíamos unos versos impresos en papeles de colores, dimos un paseo por sus hermosos jardines hasta que por fin abrieron las puertas del albergue.

Esta tarde es especial para mí, la necesitaba para mí solo, mi reencuentro con Salamanca bien merecía la pena, quería mimar mis recuerdos, mis sentidos.

Algo más tarde volví a la Catedral Nueva, desde su interior se accede a la Catedral Vieja, necesitaba continuar a solas, un largo rato para meditar, la catedral vieja es un lugar muy espiritual, fascinante. Es de estilo románico, construida entre los siglos XII y XIII. A diferencia de otros templos románicos, la Catedral vieja de Salamanca destaca por la gran altura de sus naves. En su diseño son palpables las influencias orientales.



Salamanca era uno de los principales puntos de la ruta de la plata, ruta por la que llegaban los peregrinos bizantinos. Al mismo tiempo en la construcción de la catedral intervinieron maestros franceses que mantenían contactos con el Imperio Bizantino.

El retablo de la Catedral Vieja fue pintado en 1445 por el florentino Dello da Niccoló Delli, recibiendo el encargo del obispo don Gonzalo de Vivero. Aunque el retablo también cumple una función artístico ornamental, su principal cometido es el didáctico educativo. En una sociedad en la que la mayor parte de la población era analfabeta, la imagen era el único modo de adoctrinar a los fieles. El retablo, que debe ser leído de abajo arriba y de izquierda a derecha, está compuesto por cincuenta y tres tablas pintadas al temple del huevo y muestra los episodios más significativos de la vida de Jesús y la Virgen María. El conjunto se corona con una escena del juicio final. A la derecha de Jesús se encuentran los justos, que como premio reciben la salvación, a la izquierda los pecadores, que son devorados por un gran monstruo que simboliza el infierno.

Preside el retablo una talla de la Virgen de la Vega, patrona de Salamanca, considerada como una de las mejores muestras de la talla y orfebrería medieval. Es una escultura de madera recubierta de piezas de cobre, bronce y oro. Los ojos son de azabache negro y los ropajes están cubiertos de piedras preciosas. El rostro de la Virgen y el niño son todo un ejemplo del hieratismo, falta de expresión, de la escultura medieval.


En su interior se encuentra la Capilla de San Martín es conocida también como la Capilla del Aceite, porque aquí se guardaban las tinajas del aceite que era utilizado para las lámparas de la catedral.
La vieja catedral poseía originariamente dos torres: la “Mocha”, que aún se conserva, y la torre de las “Campanas”. El cabildo decidió mantener esta torre y que, tras elevar su altura, sirviese como campanario a ambas catedrales.


Salgo a la Plaza de Anaya por la Puerta de Ramos de la Catedral nueva, por la Rua Mayor me dirijo al siguiente punto de interés, la Casa de las Conchas. Un edificio de estilo gótico tardío, combinando los nuevos aires del plateresco renacentista.
Se comenzó a construir hacia 1493 y su edificación concluyó en 1503. El edificio se construye con motivo del enlace matrimonial de don Rodrigo Arias Maldonado y doña María de Pimentel. Conchas y flores de lis, símbolos de ambas familias, aparecen esparcidos por todo el edificio. A lo largo de la historia ha sufrido importantes modificaciones y restauraciones, actualmente se ha convertido en una biblioteca pública para disfrute de todos los ciudadanos.



Mis pasos continúan hacia la Universidad de Salamanca, una vez allí la tradición obliga a encontrar la 'rana' en su rica fachada de estilo plateresco.
La "famosa rana" entra dentro de la iconografía medieval, la rana es símbolo de la lujuria. Hay que ser prudentes ya que el maligno está en todas partes y en cualquier lugar puede "saltar" hacia nosotros.

La fachada fue edificada en la primera mitad del siglo XVI y está considerada como una de las portadas más importantes del plateresco español. Puede parecer redundante, pero esta portada fue creada para ser observada.
En el Renacimiento el hombre se convierte en el centro de la realidad. Deja de ser una mera marioneta del destino para convertirse en observador y protagonista de su propia vida.


La historia de la Universidad de Salamanca arranca cuando en 1218 el Rey Alfonso IX fundó la Escuela de Salamanca. En 1254 el Papa Alejandro IV concede a la Escuela el privilegio de "Estudio General", con ello se convierte en Universidad.

Las clases se impartieron en el claustro de la Catedral Vieja hasta que en la primera mitad del siglo XIV comenzaron a fundarse los distintos colegios: leyes, teología, astrología, etc. En 1428 comienza la construcción de las escuelas mayores y menores. Entre 1504 y 1528 se produce una remodelación del edificio, tras la cual el conjunto presentaba un aspecto muy similar al actual.
Con los Reyes Católicos la Universidad se hace estatal, gracias a ello adquiere un gran desarrollo. A finales del siglo XVI la Universidad contaba con 29 colegios y más de setenta cátedras, el número de estudiantes matriculados superaba los 8.000.


Volví a la Plaza Mayor a tomar un café, observaba el continuo pasar de la gente. A lo lejos reconocí a las chicas de Madrid haciéndose fotos, estaba ensimismado contemplando el trasiego de gentes, igual que lo hace un espectador en un esperado estreno de cine.



La Plaza Mayor es el prototipo de la plaza barroca del XVIII. De planta casi cuadrada, es cerrada y porticada formándose grandes arcadas. Como concepto, el recinto se acomoda perfectamente a la tradicional plaza castellana en torno a la cual se articula la vida social y municipal de la ciudad. Bajo grandes arcadas confluyen en ella los que eran los principales ejes viarios de la ciudad.

El trazado de estas calles se respetó, por ello los principales arcos de entrada no guardan la simetría de otras plazas barrocas. Pese a todo, la plaza destaca por su gran uniformidad y homogeneidad, siendo el Ayuntamiento el único edificio, que con su mayor altura, rompe esta uniformidad.



El callejear por la ciudad me lleva hasta la Iglesia de San Benito, de estilo gótico isabelino, construida en 1490. Los orígenes de esta iglesia se sitúan en 1104. Es famosa por dar nombre a uno de los dos grupos nobiliarios en los que se dividió la ciudad durante la Baja Edad Media. Estos bandos, por un lado el de San Benito y por otro el de Santo Tomé, protagonizaron violentos enfrentamientos en las calles de Salamanca.

En 1490 la iglesia fue reedificada por iniciativa de Don Alonso de Fonseca, que por aquel entonces era arzobispo de Santiago. El templo sorprende por su gran amplitud.
La portada, interesante exponente del gótico-flamenco, está protegida por un sencillo tejado de madera.
En el interior, los muros están ahuecados para servir de nichos. Estos panteones, de estilo gótico, están bellamente esculpidos. Entre ellos destaca el de doña Elvira Hernández Cabeza de Vaca, situado en el presbiterio, con vestido a la usanza de la época de los Reyes Católicos. El retablo mayor, considerado como el mejor retablo neoclásico de Salamanca, fue construido en el siglo XVIII por Juan de Sargavinaga. Hay que recordar que hasta el siglo XVIII los enterramientos se hacían en el interior de las iglesias. Los panteones estaban reservados a las familias nobles o adineradas, el suelo al resto de la población.



Salamanca tiene una importante tradición universitaria reconocida a nivel mundial. Esto se debe en parte a que su Universidad es la más antigua de las de España y a que siempre ha sido considerada un referente en la enseñanza de español para extranjeros. También reconocida por su riqueza artística: catedrales, palacios, iglesias... de tendencias artísticas como el románico, gótico, plateresco y barroco. Está situada a orillas del río Tormes. Declarada en 1988 Patrimonio de la Humanidad y una década más tarde Capital Europea de la Cultura, Salamanca posee un patrimonio histórico y cultural de indudable riqueza, que ha sabido poner en valor a lo largo de los años.

Los Edificios religiosos y civiles fueron construidos con la conocida piedra de Villamayor: piedra arenisca que proporciona un color dorado y una personalidad especial a los edificios.

Continuo visitando algunos edificios de gran importancia arquitectónica, como La Clerencía, construido gracias a la reina Margarita de Austria, esposa de Felipe III y que se creó para ser Colegio Real de la Compañía de Jesús.

La iglesia de San Esteban, conocida por los salmantinos por la de los Dominicos, por pertenecer a dicha Orden, es en realidad un Convento. Constituye una bella mezcla de estilos arquitectónicos, predominando el plateresco. Destacan en su fachada, la portada de la iglesia de estilo plateresco y el pórtico de acceso al convento, en ángulo recto con la anterior, de arcos de medio punto. El retablo mayor, obra de José de Churriguera y de estilo barroco, es de gran espectacularidad, mezclándose grandes columnas salomónicas recubiertas de decoración vegetal, esculturas de Santo Domingo de Guzmán y San Francisco de Asís y una pintura de Claudio Coello sobre el martirio de San Esteban.

Antes de volver al albergue cené en un pequeño restaurante, una ensalada y un par de huevos con farinato. Exquisito embutido salmantino, que apenas se conoce fuera de aquí.

Antes del anochecer volvía al albergue, pero aún estaban de tertulia. Aproveché y volví al Huerto de Calixto y Melibea, situado sobre la antigua muralla de Salamanca, observado por el Tormes y las catedrales, fieles y silenciosos visionarios del amor. Me reencontré con su pozo donde hace ya años pedí deseos de amor eterno.
Me senté en un banco de piedra, cerré los ojos para recrearme en el placer de no pensar en nada y concentrarme exclusivamente en sentir, el reloj retrocedía a tiempos lejanos, sin prisas los recuerdos llegaban en imágenes, en hermosas imágenes, en un amor de juventud eternamente presente en el recuerdo.


La mezcla de romanticismo, amor, naturaleza, Jardín del Amor, rincones de abrazos y besos, de miradas perdidas en el tiempo. Un premio, un hermoso premio a doce días de esfuerzos y duro Camino.


Fernando de Rojas tuvo su momento álgido con la obra La Celestina. El Huerto de Calixto y Melibea, el que se dice sitúa la trama de su novela.
¿Quién no ha escuchado hablar del amor de Calixto y Melibea?
En 1499 salió a la luz una de las mejores obras literarias, “Comedia de Calixto y Melibea” aunque en ediciones posteriores fue variando su nombre, hasta llegar a "La Celestina” ya que el personaje de aquella vieja alcahueta tomó el protagonismo de una historia de amor con un final trágico.