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12 feb. 2011

Etapa 25 Zamora - Montamarta


VÍA DE LA PLATA

Salgo del albergue en solitario, la Plaza Mayor será el inicio de etapa, me había prometido un buen desayuno y una etapa corta para el día de hoy.
La noche anterior había cenado con Jürgen en el Restaurante "La Rúa", donde dimos buena cuenta de uno de los fundamentos gastronómicos de Zamora, el Chuletón de Aliste, generosamente regado con caldos de la región (Toro). No se me pasó por alto la habilidad de este hostelero para preparar interesantes arroces servidos a la cazuela en barro y hechos al horno de leña: Arroz a la Zamorana. Tome buena nota de ello para no renunciar a la posibilidad de degustarlos en una futura visita a la ciudad. Con esto y con un Gin Tonic terminamos nuestro día en la ciudad de Zamora.


Lo ocurrido hace unos días bien merecía una celebración, tenía que agasajar a mi cuerpo por el tremendo esfuerzo realizado, lo puse al límite, gracias a Dios ayer pude darle este buen homenaje de agradecimiento, Jürgen es una persona muy interesante y culto, su nivel de castellano es muy bueno, hablamos tendidamente del Camino de Santiago, del espíritu que nos une a todos los peregrinos, y de las muchas anécdotas vividas.

En el Camino conoces a personas muy interesantes, creyentes y no creyentes, amantes de la naturaleza, de la gastronomía, de la historia, amantes del deporte, algunos buscamos en el Camino una respuesta, un camino hacia el interior, un camino iniciático que te prueba y te transforma en un ser humano nuevo, consiente y agradecido con lo que Dios nos ha otorgado.
En el llegas a descubrir que las cosas que se encuentran a nuestro alrededor son la respuesta a todas nuestras búsquedas, que nuestros sueños son el principal motivo para seguir viviendo y lograr así todo lo que nos propongamos y que la vida debe ser llevada de la manera más común posible.
El Camino trata de experiencias nuevas a las que acostumbras a tu cuerpo, a tu espíritu, el Camino está lleno de simbología, de sensaciones, de preguntas a ti mismo, y de respuestas. En mi opinión, al Camino as de ir sin prisas, sin predisposición, no importan los días, las semanas que le eches, contra mas mejor, es como un buen vino, hay que darle tiempo.

La etapa de hoy es tranquila, sin ninguna dificultad, de no mucho esfuerzo. El paisaje se resume de nuevo en un horizonte surcado por largas rectas, quizás algo monótono, está flanqueada por los dorados campos de trigo de la Tierra del Pan. Lo peor es que no hay sombra y en esta época del año el sol es bastante fuerte.

Montamarta es el lugar elegido para el final de etapa, tan solo nos separa unos 19 km. por lo tanto no hay prisas. A Montamarta se le conoce como el pueblo de las cigüeñas, cantidad de esta aves anidan en este lugar guiadas por la orillas del cercano embalse del Esla.

Tomamos como punto de partida el Ayuntamiento de Zamora, a la derecha tomamos la calle Costanilla y continuamos hasta el final de esta, girando a la izquierda por la calle de Feria hasta llegar a una rotonda situada en la Ronda de la Feria. La rodeamos por la derecha y continuamos por la calle Puebla de Sanabria, al final de la calle nos encontramos de frente con la iglesia de San Lázaro.


Una vez pasada la iglesia seguimos por la Cuesta de la Morana y la larga Avenida de Galicia hasta salir de la ciudad, llegamos a una rotonda que se abandona por la izquierda por la Av. Cardenal Cisneros.
Nuevamente otra rotonda, pero esta vez giramos a la derecha por la carretera ZA-900, a pocos metros nos reciben junto a la carretera una cruz y una estela que marca la distancia restante a Santiago: 377 kilómetros. Continuamos nuestros pasos por un camino paralelo al asfalto, no más de un kilómetro y giramos a la derecha por una pista.


Abandonada ya toda población nos esperan los primeros cultivos de trigo, pronto pasamos por un puente que cruza la autovía de la Ronda Norte de Zamora.
Después de una pequeña bajada giramos a la derecha en el cruce de caminos, continuamos sin desviarnos hasta llegar a una rotonda y con esta, el encuentro con la N-630, compañera infatigable desde que salimos de Sevilla. A unos metros de su arcén giramos a la izquierda para entrar en la localidad de Roales del Pan.

La bienvenida al pueblo nos la hace un crucero y un rebaño de ovejas que salían del pueblo, el pastor era un chico joven que iba en bicicleta, nos saludo simpáticamente con un "Buen Camino".


Situado en la Comarca del Pan, a unos siete kilómetros y medio desde la Plaza Mayor de Zamora, y a unos 12 de Montamarta.
Debido a la proximidad de la capital zamorana es casi un barrio de la ciudad, captado por el crecimiento urbanístico a este lado de Zamora, con naves industriales que ocupan ambas márgenes de la ruta.

Roales del Pan tiene en su iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción su edificio más carismático. Reconstruida entre los años 1971 y 1972, solo conserva la portada del mediodía de la original construcción del siglo XVI.
En su interior, el templo guarda un Cristo del siglo XVI y un San Sebastián del XVII, y dentro de la sacristía se puede admirar un crucifijo de principios del siglo XVII. Además, cuenta con una figura del San Antonio Abad de XVI y una cruz parroquial en plata, de la primera mitad del siglo XVII. Su Altar Mayor ha sido restaurado durante el verano de 2008.


Nosotros lógicamente continuamos, tan solo llevamos unos siete kilómetros. Dejamos la iglesia y el ayuntamiento continuando por la calle principal, en un suspiro sustituimos el asfalto de sus calles por la tierra de una pista. Tan solo a quinientos metros llegamos a un cruce de caminos, giramos a la derecha, en breve llegamos a otro cruce, pero esta vez tomamos el camino de la izquierda.
De nuevo nos encontramos con una nueva pista de concentración, esta vez se trata de una infinita recta, a nuestra izquierda los campos de cereal, a la derecha la N-630, nos espera hora y media de llanura y guijarros sueltos hasta llegar de nuevo a otro cruce, una indicación nos hace girar a la derecha.


Algo más tarde se presenta otro cruce, esta vez el Ayuntamiento de Montamarta nos indica el camino con un cartel, tan solo nos quedan 700 metros para llegar al albergue, pero yo diría que son algunos mas.  
Seguimos las indicaciones que nos llevan a pasar bajo la N-630 o Carretera de la Ruta de la Plata. Entramos en un pequeño bosque con algunos bancos de madera, unos metros más adelante nos espera el albergue. Se encuentra a 200 metros del casco urbano de la localidad, y es de propiedad municipal.

A la llegada me encontré con mis amigas peregrinas Raquel, Laura y Annette, también estaba mi amigo Jürgen, Alfonso y Candela la pareja de Madrid, y algo más tarde llegarían algunos peregrinos en bicicleta.


Aún no había llegado el hospitalero, como es gestionado por el ayuntamiento tuvimos que llamar para que se personara en el lugar, a su llegada nos selló las credenciales, pagamos el precio simbólico de 4€, y nos informó de las normas habituales.

En grupo bajamos a una pequeña tienda de comestibles, el establecimiento era algo pequeño, entre nosotros y algunos lugareños la tienda estaba "overbooking, en algún momento me pareció ver a la chica que nos atendía algo estresada por la aglomeración inesperada de clientes, pero a pesar de todo nunca perdió su amabilidad, y sobre todo mantuvo su bonita sonrisa.
Cada uno de nosotros hizo acopio de alimentos, la tienda era pequeña pero muy bien surtida.
Ya fuera del establecimiento conocimos a un peregrino en bicicleta, llegó con su pequeño y blanco perrito, lo llevaba como un marqués, en un carrito adaptado para su bici. El pequeño perrito fue durante un rato el tema de conversación. Es valiente a la vez que hermoso llevar a tu pequeño amigo a una travesía como esta.

A la llegada al albergue el número de peregrinos había aumentado, nos encontramos con los peregrinos polacos Andrea y su señora, les acompañaba Robert el sacerdote polaco y unas chicas de Barcelona a las que aún no conocía.
Ellos ya habían comido y se retiraron a descansar, nosotros comimos juntos compartiendo nuestra comidas como buenos peregrinos.
Después de comer algunos optaron por descansar un rato, otros, como yo había decidió dar un paseo por el pueblo.

En la Plaza Mayor el reloj del ayuntamiento ya había dado las cinco de la tarde, la hora no era la ideal para pasear por el pueblo, el sol estaba fuerte y en sus calles no había un alma. Todo el mundo parecía estar en el letargo de la siesta.
Paseaba por el pueblo buscando algún lugar abierto donde tomar algo fresco, pronto encontré un bar cercano a la plaza de la iglesia, parecía abierto, en su interior había unos paisanos del pueblo enfrascados en una partida de cartas, entre ellos el dueño del bar al que pedí una cerveza con limón.
Había una la salida a un jardín con césped y una buena sombra, me llamó la atención, lo veía el sitio ideal para un rato de descanso y relax, me descalcé y posé mis doloridos pies en su fresco césped, desde allí disfrutaba de una hermosa vista de la Ermita de Santa María del Castillo en lo alto del cerro, junto a una de las colas del embalse de Ricobayo.


Dirigí mis pasos a la Ermita, estaba cerrada pero tengo entendido que su interior se encuentra la talla de la Virgen del Castillo, patrona de la localidad. Los restos más antiguos del pueblo se encuentran en el muro norte de esta ermita, siendo probablemente románicos del s. XII, como confirman los canecillos que quedan aún visibles.
Las vistas del pueblo y del embalse son impresionantes desde aquí.



Junto a la ermita se encuentra su cementerio, en su puerta cuenta una inscripción de 1978 que dice:
"Aquí termina el reino de la vanidad y empieza el reino de la eterna verdad".

Es curioso lo de los cementerios, de ellos se habla como un lugar de muertos, yo pienso que es todo lo contrario, es un lugar repleto de vidas, personas que ocuparon nuestro pasado y aquí se les rinde homenaje.
Los cementerios no se han construido para los muertos, ya que ellos no están aquí, se han construido para los vivos. Es el recuerdo de una sociedad, una lección viva de la vida. 

Incluso en uno de los peores momentos de nuestras vidas (cuando estas acaban) existen algunas personas que no pierden su habitual sentido del humor y desean ser recordados tal como fueron. Quién no conoce el célebre epitafio "Perdonen que no me levante" atribuido a Groucho Marx.

Este otro aparece en el cementerio de León y dice: "Estoy muerto. Enseguida vuelvo".
Cementerio de Osuna Sevilla: "Recuerdo de tus padres que nunca te olvidan y mi esposo me olvidó al mes de fallecida". 
Águilas (Murcia): "Perdone que no asista a su entierro".
Vitoria: "Que conste que yo no quería”.
Coria (Cáceres): "Estoy aquí en contra de mi voluntad".
Valencia: "Aquí yaces y haces bien, tú descansas, yo también".

Y por último, una frase que se me quedó marcada en la memoria:
“¿Que os gustaría que dijeran de vosotros el día de vuestro funeral? Fue una buena persona; era un gran profesional de... Pues yo desearía que exclamaran: ¡Hostias, se mueve!.

De vuelta de la Ermita volví al bar a tomar un café, al poco tiempo aparecieron mis amigas peregrinas, Laura, Raquel y la entrañable pareja de Madrid Alfonso y Candela, juntos dimos un paseo por el pueblo.


Estamos en plena Comarca de la Tierra del Pan, en la parte central de la provincia de Zamora.
Es difícil precisar la fecha del primer asentamiento humano en Montamarta. Existe documento del siglo XII donde aparece ya su nombre.
Históricamente ha sido un enclave importante, así lo confirma la relevancia del Monasterio de los Jerónimos en torno al año 1500.
Actualmente el monasterio de los Jerónimos está en ruinas, de él solo se conserva la fachada principal.
Según he leído la fundación del Monasterio de Montamarta se debe a desavenencias internas en el monasterio de Guadalupe, que provocan la salida de uno de los bandos de la casa para crear otra nueva.
De esta manera trece monjes emprenden camino hacia tierras zamoranas, lugar de procedencia de uno de los monjes que lideraban el grupo, fundando en 1407 el monasterio de Nuestra Señora de Montamarta.

El nuevo monasterio ocupa durante sus primeros años varias ubicaciones, la primera junto a la ermita de San Miguel y posteriormente en unos peñascos en el río. Ninguna tenía unas condiciones mínimas de habitabilidad, por lo que los monjes buscaron rápidamente un lugar cercano al pueblo.

Todos estos sucesos extraordinarios que narramos a continuación ocurridos en torno a estos primeros momentos de creación del nuevo monasterio no hacen sino aumentar la fama de santidad de los monjes.  
Las noticias llegan pronto a la ciudad de Zamora y muchas familias nobles comienzan a enviar a sus hijos a formarse al monasterio; no transcurre demasiado tiempo hasta que los zamoranos solicitan su traslado a la capital, ocurriendo éste en 1535.

Las leyendas sobre sucesos o habitantes extraordinarios son habituales, y no hay monasterio que no cuente con alguna entre sus muros, personajes o el entorno donde se asientan los edificios. El monasterio de San Jerónimo de Montamarta es un buen ejemplo de ello. Durante los aproximadamente 127 años que los monjes permanecieron en Montamarta antes de trasladarse a Zamora nos encontramos con monjes que andan sobre las aguas, luces que señalan el lugar adecuado para la construcción del edificio o muertes de religiosos en extrañas circunstancias.

El pueblo es pequeño, pero en él hay rincones que no podemos dejar pasar.
En la Plaza Mayor se encuentra la Iglesia de San Miguel Arcángel.


Hasta 1726 la Iglesia Parroquial de San Miguel estuvo situada junto al arroyo de Zapardielo de la Cancilla, pero ya en el 1720 parece que no estaba muy habitable, pues el Obispo «no la visitó por estar arruinada del todo y haberse consumido las especies sacramentales».

Se llevaron la Iglesia a la Plaza  el 26 de Marzo de 1726, era de reducidas dimensiones según se desprende del escrito que el Ayuntamiento y el párroco de San Miguel dirigen al obispo de Zamora en 1864 solicitando «... se haga una iglesia nueva o bien se amplíe esta de San Miguel que situada en posición plana y en medio de la plaza pública, pero tan reducida y pequeña que no es capaz de recibir cómodamente una tercera parte de la población y más atendiendo a su progresivo aumento...».

No parece que le hicieran mucho caso, pues pasados más de cuarenta años, en 1909, el tema estaba más grave, donde además de ser pequeña se encontraba ruinosa, según se lee en carta del obispo de Zamora solicitando al Nuncio Apostólico de su Santidad en estos Reinos «... licencia canónica para la venta de un altar o retablo por el que se han ofrecido nueve mil pesetas para sufragar en parte las obras de la nueva iglesia por hallarse la vieja en estado de ruina completa, y además de mucha estrechez e insuficiente...».

Ahora sí, pues se pusieron a la obra de inmediato, comenzando el derribo de la iglesia vieja en noviembre de ese mismo año, quedando en pie solamente parte del muro de la espadaña donde aún se ve una lápida conmemorativa y un pequeño trozo de la pared que adosada a la espadaña mira al Mediodía...


Se emplearon mil trescientos carros de piedra que fue extraída una pequeña parte de la cantera de la Pedrera... y la restante del soto del Convento... Se invirtieron ochenta mil ladrillos traídos casi en su totalidad de la fábrica del Perdigón y dieciocho mil tejas que se tomaron en el Tejar de esta localidad. Todos los materiales dichos fueron allegados por las juntas de los vecinos del pueblo, quienes gratis y generosamente se brindaron a ello, habiendo traído los ladrillos desde la entrada de Zamora por el barrio de San Lázaro. Terminado el edificio y no contento el pueblo con haber verificado gratuitamente a los arrastres, contribuyó al ornato del nuevo templo con la cantidad de ochocientas pesetas.

Así mismo el vecino del pueblo Severiano Martín Fernández donó a la Iglesia un reloj de torre «de los de ocho días cuerda», donativo sin participación alguna por parte del Ayuntamiento. Costo el reloj 1.700 pesetas y 500 su instalación, pagado todo por el citado vecino. A la vez de la Iglesia se estrenó el Retablo que fue traído de Valencia y costó 2.000 pesetas.
Pues bien, esta es la pequeña historia de estos 100 años de la nueva iglesia de San Miguel, pero la parroquia como tal es mucho más antigua. La primera vez que aparece en documento escrito zamorano la Iglesia de San Miguel de Montamarta «eclessie sancti Michaelis de Montamarta» es el 1 de Mayo de 1234 (A.C.Z. leg12, doc2.).

En un lateral de la iglesia se levanta la escultura en homenaje al Zangarrón, obra del artista Ricardo Aparicio Gago.


Los primeros días de enero tiene lugar en este pueblo una fiesta muy peculiar. En ella destaca un personaje muy singular, El Zangarrón, según la tradición, este personaje típico de las fiestas de antruejo que sale a la calle los días de Año Nuevo y Reyes, deambula durante la primera parte de la jornada por las calles de la localidad pidiendo el aguinaldo, unos donativos que introduce en su peculiar camisa.


La indumentaria de este popular personaje es única, a modo de "diablo": se compone de dos toallas, una de color marrón o rojo en una de las piernas (según el día de celebración) y amarillo en la otra pierna, que se cosen a cada una de ellas simulando un pantalón del que se prenden flores de papel. A modo de blusa porta una colcha anudada y cosida en parte con una abertura para guardar el zurrón con el aguinaldo y el chorizo que ofrece a los corredores una vez atrapados.
A la espalda le cuelgan tres cencerros, mientras que la cara la cubre con una extravagante y peculiar careta de corcho de color negro o rojo, coronada por dos orejas de liebre y más flores de papel de colores.  
Como arma, el Zangarrón lleva consigo un tridente con el que azuza a los mozos solteros que atrapa con gran astucia.


Continuamos por la calle de la iglesia llegando a la Plaza del Sol. En la plaza se encuentra el Bar-Restaurante Rosamary, al pie de la N-630, es una referencia obligada en el Camino de Santiago de la Vía de la Plata.

Según me informaron hacen un bacalao a la vizcaína para chuparse los dedos (todos), pero en esta ocasión veníamos solo a tomar unos cafés, nos atendió María José que suele ayudar a sus padres en temporada.  
Este restaurante lo fundaron sus padres recién comenzada la década de los ochenta y después de haber estado años emigrados en el País Vasco, supongo que de ahí vendrá ese guiño a la cocina vasca.