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Etapa 28-02 Tábara - Santa Marta de Tera


ETAPA 2. CAMINO SANABRÉS

Nos dirigimos hasta la Plaza Mayor, comenzamos la etapa frente a la iglesia de Santa María, continuamos por la carretera de Villacastin - Vigo que no es otra que la N-631, y continuamos hasta llegar al cruce con la carretera ZA-121 en dirección a Pueblica de Valverde.



Caminamos por la ZA-121 hasta llegar al punto kilométrico número 1, dejando el asfalto para coger un camino a nuestra izquierda. En el siguiente cruce de caminos giramos a la derecha por una pista que se convierte en una larga recta rodeada de campos de cultivo, al frente apreciamos un silo lejano, que alcanzamos tras varios kilómetros y un fuerte repecho. El camino prosigue con un breve descenso y otro repecho posterior.

Continuamos en descenso para coger un camino más estrecho, pero al poco tiempo volvemos a otra pista que nos lleva hasta el arroyo de Zamarrilla cruzándolo por una pasarela de hormigón. Nos esperan unos dos kilómetros hasta llegar al primer cruce de caminos, y con este al kilómetro diez de la etapa. En este punto hay dos alternativas, seguir de frente hacia Villanueva de las Peras según nos indica un monolito, o bien girar a la derecha hasta Bercianos de Valverde según dispone la guía. En esta ocasión hacemos caso omiso de la guía, y continuamos hacia Villanueva de las Peras.

El Camino transita entre varios cruces de caminos, pero a todos ellos hacemos caso omiso y continuamos sin desviarnos por este camino que nos lleva hasta cruzar una carretera, para continuar por la  ZA-120 que nos lleva hasta Villanueva de las Peras.





Entramos por la calle Arriba y continuamos por una empinada cuesta que nos lleva hasta la iglesia de la Asunción, junto a ella una placa de la Fundación Ramos Marcos que dice:

Villanueva de las Peras.
PEREGRINO
Este pueblo supera, con la verdad las apariencias, la nobleza de sus gentes, su historia día a día y los frutos del trabajo. Rebasan la villa, lo nuevo y las peras que con su nombre proclama. Y es un ejemplo de prudencia, Caminante, la prudencia es mesura entre nuestra verdad y la certeza del toro. La verdad no está en el nombre, está en el alma.

Esta monumental iglesia está consagrada a la Virgen de la Asunción, situada en lo alto de Villanueva de las Peras, su tonalidad contrasta con el resto del paisaje que la rodea, un hecho que hace que se pueda ver desde lejos. Destaca de su construcción el amplio arco de piedra sobre el que se asienta la escalera de acceso a una sencilla espadaña ubicada bajo el zaguán y de corte renacentista. El ábside del edificio es cuadrado y dispone de contrafuertes.



Esta población se sitúa en el Valle de Valverde, a orillas del Arroyo Castrón, cauce por el que fluye el agua durante todo el año. Nos encontramos en la comarca zamorana de Benavente y los Valles.
Este bonito pueblo tampoco escapa a los cambios, las nueva construcciones de chalets, aquellos que escapan de las ciudades cautivados por la tranquilidad y belleza de lugares como este, muchos vuelven a sus raíces, algunos han hecho de este lugar su residencia habitual, otros solo escapan de sus lugares habituales de residencia, necesitados de la paz que ofrece el lugar.

En este pueblo el ritmo se hace pausado, reina la calma, la hermosa sencillez de algunas de sus casas le da un aspecto un tanto romántico, tentándonos a pasar unos días en el, pero para el peregrino es un lujo, de ser así el Camino se haría eterno. Este es un pueblo por el que hay que pasar por mucho que las guías digan que hay que pasar por Bercianos.

Es de agradecer la amabilidad de trato de sus gentes, en especial el recibido por la dueña del bar la Moña, que gentilmente ayuda en lo posible al peregrino. Necesitamos pocas cosas, reponer agua, y un lugar de descanso, poca cosa más, una de las que más valoramos es el calor humano, es lo que más agradecemos.


Pero el Camino continua, hay que seguir adelante. Dejamos el pueblo por un tramo de la carretera ZA-120, desviándonos a la derecha por un camino señalizado. Pasamos junto a un campo de viñedos, a nuestra izquierda observamos sus famosas bodegas, enclavadas en la tierra. En unos cientos de metros giramos a la izquierda por un camino que nos lleva al paraje de El Tomillar un denso bosque de tomillo, jara y encinas.


El Camino nos hace pasar por un pequeño refugio realizado con ramas y troncos, en él hay un cartel promocionando el Albergue de Casa Anita en Santa Croya de Tera.
Seguimos un buen tramo por pista, rodeados de un denso bosque de tomillo, jara y encinas, este paisaje finaliza a la entrada de un valle cubierto con un hermoso manto verde.




En breve llegamos hasta una acequia de riego que sale a nuestro paso, junto a ella descansamos para refrescarnos un instante, próxima a la acequia hay una fuente donde aprovechamos para reponer el agua de la botella.
Un lugareño que pasaba en su pequeña motocicleta paró a nuestro lado, nos saludó y amablemente nos ofreció una pieza de fruta que acababa de recolectar de sus campos, nos aconsejó proveernos del agua de la fuente, según él, estas aguas son de excelente calidad, todos los lugareños de la localidad la toman. Nos comentó que en Santa Croya de Tera, ya cercana, teníamos que ir al albergue de Casa Anita, que suele estár muy frecuentado por peregrinos. Sus dueños son excelentes personas y hacen que el peregrino se sienta como en su propia casa.

Cuando llevas tantas horas de camino, normalmente en soledad, el trato humano con los lugareños te llena de alegría, son uno de los momentos más gratificantes del Camino.
Continuamos cruzando la acequia por un pequeño puente, junto al puente hay una indicación labrada en madera anunciándonos Casa Anita, el albergue de Santa Croya de Tera.




Santa Croya de Tera es una de las localidades más importantes de la comarca de Benavente, ciudad de la que distan escasos kilómetros. El río Tera marca el urbanismo de la localidad, ya que su paso por él ha hecho cambiar la fisonomía del pueblo. Sobre todo después de que fuese canalizado y que ha posibilitado contar con un importante espacio para el esparcimiento y el descanso en la plaza que se encuentra frente a la Casa Consistorial.

Este lugar se debe según una de las tantas tradiciones, a unos pastores de Santa Marta de Tera. Venían todos los días con sus ganados a pastar a donde hoy se encuentra la actual población, llamada entonces Sainte Croix, por el convento de frailes que entonces había. Los pastores para evitar el desplazamiento diario se trasladaron definitivamente con sus familias. Según el Profesor Villasante de la Universidad de Santiago de Compostela, Santa Croya proviene de Santa Claudia. El llamarse de Tera es debido a su enclave junto al río Tera como le ocurre a otras muchas localidades de la vecindad.

Su iglesia parroquial es del siglo XVI como bien marca su pila bautismal, en ella encontraremos una hermosa talla de Santa María, esta del XV.


En 1672 se funda la Cofradía de la Vera Cruz cuya función principal es estar unidos todos sus miembros por la Iglesia, con obligación de asistir a los actos religiosos y de caridad.

En 1785 fueron reformados sus estatutos que son los que están vigentes. Constan de treinta y cinco capítulos. Sin número fijo de cofrades tiene los cargos visibles de Mayordomo, Juez y Procurador, elegidos solemnemente en Asamblea General o Cabildo.
Nota singular de esta institución religiosa son las multas, por no haber confesado o comulgado en el cumplimento pascual, faltas de respeto, riñas, etc. Cumpliéndose con libras de cera y nunca con dinero.

En 1972 se celebro el trescientos aniversario de la fundación de esta Cofradía, asistiendo a los actos conmemorativos el Señor Obispo de la Diócesis de Astorga.

En 1891, Santa Croya y Santa Marta se enfrentaron porque el primero quería la independencia, alcanzando la victoria en el camino.
También se dice existió un pueblo entre Santibáñez de Tera y Santa Cruz, en los llamados hoy Arrotos y que se denomino Santa Marina.
Se cuenta sobre la gente de este pueblo que eran avaros no guardando los días de precepto. Hubo por su maldad un castigo divino. Envió la Providencia una paloma anunciando el derrumbamiento del pueblo. Posándose la paloma en el campanario dijo:
Santa Marina, dentro de un rato serás hundida produciéndose un cataclismo que lo arruino por completo. También cuenta la tradición que vino a desaparecer Santa Marina por los pecados de carne cometidos en el convento que allí existía.

Durante doscientos años aproximadamente, Santibáñez y Santa Croya se disputaron el terreno en donde estuvo enclavada Santa Marina y para concluir con el pleito, se tomo el acuerdo de fijar la línea divisoria de los términos desde el sitio en donde estuvo emplazada la Torre de Santa Marina.
En noviembre tiene lugar la festividad de San Cayetano, cantándose a esta imagen una Loa de cuarenta y tres estrofas, siendo las más antiguas del siglo XVI pues aluden al culto Eucarístico, al Calvinismo y herejía protestante.

Su patrimonio artístico no eclipsa ni de lejos al de la lindante Santa Marta de Tera, que se vale únicamente de su iglesia para cerrar cualquier discusión, pero sin embargo es una localidad más grande que ofrece casi todos los servicios. En este pueblo, siempre de labradores, cada familia mantiene su propia bodega. La tierra arcillosa permitió excavarlas y, antaño una fuente de ingresos, hoy son un lugar de escape y cohesión donde se reúnen los vecinos. Algunas de ellas esconden todavía antiguos sistemas de prensado.


Entramos en Santa Croya por la calle Mayor que nos lleva hasta la plaza donde se encuentra el Ayuntamiento y unas instalaciones deportivas, y continuamos por un bonito jardín junto al río. Dejamos el jardín y continuamos por la calle del río, a la derecha nos encontramos con el albergue Casa Anita, pero pese a los muchos consejos positivos decidimos continuar hasta Santa Marta de Tera que está tan solo a kilómetro y medio.

Cruzamos el puente sobre el río Tera, en unos minutos nos encontramos en Santa Marta de Tera, en su plaza  se encuentra el ayuntamiento y su albergue para peregrinos.




Al llegar a la plaza me encuentro con John, sentado en un banco y algo aturdido por el calor. Al parecer no le gustaba demasiado el albergue, por lo que decidió volver a Santa Croya e ir a Casa Anita. A mí sin embargo no me importan las comodidades, no vengo al camino buscando un hotel precisamente, agradezco cualquier cosa, un lugar limpio, un techo donde cobijarme y descansar, y una ducha, lo demás no me importa la verdad. Lo único que deseaba en este momento era quitarme la mochila de encima,  y darme una buena ducha, la caminata de hoy ha tinalizado para mi.

Me esperaban en el albergue mis amigos polacos, Andrea y su encantadora esposa Elizabeth, con un gran abrazo nos saludamos, es una pareja encantadora, los tres seremos los hoy únicos ocupantes del albergue (todo un lujo).
Una vez aseado me acerqué a una pequeña tienda de comestibles, en ella encontré todo lo que necesitaba, que más podía pedir.

Después de hacer la compra me acerqué a un pequeño bar y tomé una buena cerveza bien fría, cuando llegué de vuelta al albergue me encontré que acababa de llegar Robert, el sacerdote polaco que al parecer también se había quedado en Casa Anita.

Con mis amigos polacos pasé gran parte de la tarde visitando la iglesia de Santa Marta y el Palacio Episcopal que se encuentra junto a ella. Una simpática y amable señora nos abrió y mostró la iglesia para nuestro disfrute, nos informo de todas sus maravillas arquitectónicas e históricas, y nos condujo hasta el Palacio Arzobispal, allí nos estampó el sello en la credencial de peregrino, uno de los más bonitos de la ruta.

A la caída de la tarde, llegó uno de los momentos más memorables del Camino. Robert nos comunica que había pedido permiso para oficiar una misa en la iglesia de Santa María, y se lo habían concedido.
Un autentico privilegio asistir a la misa oficiada por un compañero peregrino, y aún más en este histórico lugar.
La misa la ofició en polaco, la verdad no me enteré de nada, pero me emocionó muchísimo, ya que parecía estar escuchando a Juan Pablo II, que como él era polaco, al cerrar los ojos me daba la sensación de que estaba junto a mí. A la misa solo asistimos nosotros y algún que otro vecino que se había enterado de este extraordinario acontecimiento. Desgraciadamente, en pueblos tan pequeño como este la misa no se oficia a diario.







        

Localidad del municipio de Camarzana de Tera, situada en la comarca de Benavente y Los Valles, en la provincia de Zamora.
El caserío se halla en una pequeña elevación sobre la orilla izquierda del río Tera, que se domina perfectamente desde el templo.

Este pequeño pueblo es más conocido por el monumento que se encuentra en la Plaza Mayor. Se trata de una iglesia románica construida en el siglo XI, la iglesia de Santa Marta.
La actual iglesia parroquial de Santa Marta de Tera perteneció a un antiguo monasterio. Es obra muy antigua, de pleno siglo XI, y por tanto de los edificios más ancianos del románico español.
Se sabe que por el año 1077 se estaba haciendo la iglesia, que perteneció a un monasterio de los muchos que surgieron en el Valle de Tera durante los s. IX y X, y que quizás fuese el que aportara los restos anteriores al edificio actual. Este monasterio se organizaba siguiendo un modelo colegial, de ahí que sea Colegiata.
El edificio de la iglesia es lo única que queda de aquel monasterio que debió disolverse en el año 1209 cuando pasó a depender de la Diócesis Asturicense (Astorga), de la cual aun hoy es parte integrante. En el s. XVI se añadió en su hastial oeste un palacio de estilo renacentista, en el cual veraneaban los prelados asturicenses.

Colegiata de Santa María

Palacio Episcopal

La Iglesia de Santa María es de planta de cruz latina y cabecera rectangular, de herencia prerrománica. Acaso sea ésta la parte más atractiva gracias a las dos columnas que lo flaquean y a los tres ventanales que se abren en su muro.



Otro elemento valioso es su portada meridional, con tres arquivoltas de medio punto sobre dos parejas de columnas. En las enjutas aparecen dos grandes esculturas de bulto redondo colocadas posteriormente que representan a Santiago peregrino y San Pablo. La escultura de Santiago es la más antigua conocido del apóstol con los atuendos de peregrino.

La aparición de arcos de herradura y modillones mozárabes constatan la antigüedad del edificio. El rítmico juego de impostas ajedrezadas, contrafuertes y ventanales ofrecen una imagen sencilla y armónica.




El fenómeno equinoccial

En su interior se produce un fenómeno equinoccial los días, 21 de marzo y 23 de septiembre, y tres días antes y después.
El sol penetra en la iglesia a primera hora de la mañana a través del óculo de la cabecera y el rayo ilumina durante unos minutos el capitel historiado situado a la izquierda del ábside.

El haz de luz incide primero sobre uno de los ángeles que sostienen la imagen de la Virgen en una mandorla; después ilumina la imagen central, posteriormente el otro de los ángeles y hacia las diez de la mañana, a las 7.55, hora solar, ilumina la totalidad del capitel, que simbólicamente representa a Santa Marta elevada al cielo por los ángeles.