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LA FLECHA AMARILLA


La Flecha Amarilla

La encontraremos en los lugares más insospechados, pintadas con brocha gorda sobre mojones, muros de piedra, postes de luz, troncos de árboles, piedras, latas, puertas, fuentes, asfalto... muchas de ellas una auténtica obra de arte.

Llamará tu atención cuando te sientas desorientado, destacará en el horizonte buscando tu mirada para que no te sientas perdido. Será ánimo en el desaliento, seguridad en la incertidumbre, la más fiel de las compañeras.

A veces estamos tan relajados, tan ensimismado en nuestros pensamientos que parece que mas que caminar levitamos. Hay que tener cuidado, puedes perder de vista la flecha en cualquier cruce de caminos. Cuando volvemos al mundo real, y nos damos cuenta que desde hace tiempo no vemos fecha alguna...

Comenzamos a dudar
¿Me habré equivocado de camino...?
¿Volvemos atrás en busca de una flecha para asegurar que llevamos el camino correcto o confiamos en nuestro instinto y seguimos adelante?

La gran mayoría de veces basta con estirar el cuello y ahí aparece de nuevo, más allá, más arriba... nuestra querida flecha amarilla.
En ese momento nuestra sonrisa ocupa toda nuestra cara, de oreja a oreja. Las pulsaciones empiezan a bajar y nuestro ánimo se recupera. Secamos nuestra frente y seguimos adelante, ahora pisando tierra, paso a paso, uno tras otro, hacia el horizonte en compañía de nuestra fiel compañera, la flecha amarilla.

La flecha amarilla es una marca sencilla, modesta, sin pretensiones. Realizada con pintura barata de un modesto amarillo que no ha querido hacerse de oro en el gran negocio colectivo que tienta a todo lo vinculado al Santo Apóstol Santiago.
Pintada por un peregrino, en todos aquellos lugares donde corremos riesgo de despiste.



Pero todo en la vida tiene un por qué, un principio, un precursor.
Pa ver la primera flecha amarilla hay que trasladarse a los años sesenta. Mucho antes de que el Camino de Santiago que hoy conocemos se pusiera de moda. En aquellos años había un sacerdote en Galicia, el padre Elías Valiña Sampedro.
La rectoral de la iglesia estaba en muy mal estado y hacía las veces de hospedería para peregrinos. El padre Elías, gozaba recibiendo a los peregrinos y escuchando sus historias. Ese interés lo llevó a convertirse en el primer estudioso serio de las rutas jacobeas, como pilares de la fe pero también de la unidad de Europa.

En aquella época los peregrinos no eran tantos, pero a veces la hospedería se hacía pequeña, entonces acondicionaba algunas pallozas con paja por el suelo para poder alojar a más gente.
Nada más hacerse cargo de la parroquia de "O Cebreiro" inició las gestiones para conseguir la restauración de la iglesia, la hospedería y el poblado, en peligro de extinción.
Los peregrinos que se sentaban junto a él en la mesa de la parroquia de O Cebreiro solían tener la misma queja: era demasiado fácil extraviarse en el Camino, haciéndoles perder a veces jornadas enteras.

El cura de O Cebreiro, como le gustaba que le llamaran, se propuso solucionar este problema señalizando los senderos originales de las rutas jacobeas, entonces prácticamente olvidados.
A principios de la década de los ochenta comenzaban a llegar las carreteras a Galicia y el padre Elías le pidió ayuda a las empresas constructoras, estas le dejaron a un bajo precio restos de pintura amarilla sobrante de las obras de señalización. Tenía un firme propósito, acabar con los problemas de señalización del Camino de Santiago, cargó los botes en su su viejo "dos caballos", y se dio a la tarea de marcar con flechas amarillas el Camino.
Así recorrió incontables veces los 800 kilómetros que median entre Finisterre y los Pirineos, y luego también los caminos de Francia, y la gente podía verlo mientras acarreaba botes de pintura amarilla por la carretera, pintando flechas y sumando voluntarios a la causa.


Durante años, Don Elías Valiña dedicó todos sus esfuerzos al Camino. Fue el precursor de muchas asociaciones de amigos del Camino, colaboradoras hoy de la conservación de la flecha amarilla.
En 1982 fue comisionado por la Secretaría de Turismo para la redacción de El Camino de Santiago. Guía del peregrino. Desde entonces el "Cura do Cebreiro" siguió trabajando en el tema de las guías para ofrecer a los peregrinos una herramienta lo más útil posible en su caminar. Siendo la edición de la guía hecha por Everest en 1985 su obra más difundida.
En esta misma línea siguió trabajando hasta los últimos días de su vida, pues la Cartografía complementaria a la Guía, la concluía en la primavera de 1989, muriendo en diciembre de este mismo año a la edad de 60 años.

Poco a poco las flechas amarillas se han convertido en emblema indiscutible del Camino de Santiago, y todo gracias al esfuerzo infatigable de nuestro querido "Cura do Cebreiro" D. Elías Valiña y su amor al Camino de Santiago.

Peregrino, cada vez que te sientas perdido en el Camino y una flecha amarilla te devuelva la sonrisa, brindarsela al Cura do Cebreiro, Don Elías.

¡¡ ULTREIA Cura do Cebreiro, tu flecha amarilla hasta el cielo!!

1 comentario:

  1. Son innumerables las sonrisas que hemos podido dedicarte y con ellas el agradecimiento más sincero a tu labor que ha ayudado a muchos. Esas flechas no te habrán servido para guiarte a tu destino porque para ese no tenías pérdida. El cielo junto a las estrellas del camino. Tu camino.

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