ESPACIO PATROCINADO

19 ene. 2012

LA FLECHA AMARILLA


La Flecha Amarilla

La encontraremos en los lugares más insospechados, la mayoría están pintadas con brocha gorda sobre los muros de laja, en los postes de luz, árboles, piedras, latas, puertas, fuentes, asfalto... podría citar decenas de ubicaciones.

Siempre están ahí, no hay forma de perderse en el Camino. A veces nos sentimos perdidos y nos preguntamos...

¿y ahora, por dónde...?

Basta estirar el cuello y ahí aparece, más allá, más arriba... la flecha amarilla.
Al verla nos devuelve la sonrisa y el ánimo se recupera, la fuerza se multiplica e incansables continuamos nuestros pasos, uno tras otro, hacia el horizonte.

En el Camino te encuentras tan relajado, tan ensimismado en tus pensamientos que a veces pierdes la flecha en algún que otro cruce de caminos, casi nadie se libra de ello, pero no hay problema, lo aconsejable en estos casos es volver sobre nuestros pasos y encontrar la última vista, ella nos devolverá de nuevo al Camino.

Bajo la flecha amarilla no figura ningún tipo de logo, no es la marca de una empresa y, tampoco el patrocinio de ninguna institución, su único patrocinador ha sido siempre la solidaridad de muchos peregrinos que con su labor desinteresada hace que nuestro Camino llegue a buen fin.

La flecha amarilla es una marca sencilla, sin pretensiones, está elaborada con pintura barata de un modesto amarillo que no ha querido hacerse de oro en ese gran negocio colectivo que tienta todo lo vinculado con la Ruta Jacobea. Simplemente está ahí, trazada no se sabe por quién, en todos aquellos lugares donde los peregrinos corremos riesgo de despiste.



Pero todo en la vida tiene un por qué, un principio, un precursor.
En los años sesenta, antes de que el Camino se pusiera de moda, había un sacerdote en Galicia, el padre Elías Valiña Sampedro, o "cura do Cebreiro", como gustaba denominarse. A su llegada la rectoral estaba en muy mal estado, hacía las veces de hospedería para peregrinos. El padre Elías gozaba recibiendo a los peregrinos y escuchando sus historias. Ese interés lo llevó a convertirse en el primer estudioso serio de las rutas jacobeas, como pilares de la fe pero también de la unidad de Europa.

En aquella época los peregrinos no eran tantos, pero a veces la hospedería se hacía pequeña, entonces acondicionaba algunas pallozas con paja por el suelo para poder alojar a más gente.
Nada más hacerse cargo de la parroquia de "O Cebreiro" inició las gestiones para conseguir la restauración de la iglesia, la hospedería y el poblado, en peligro de extinción.
Los peregrinos que se sentaban junto a él en la mesa de la parroquia de O Cebreiro solían tener la misma queja: era demasiado fácil extraviarse en el Camino, haciéndoles perder a veces jornadas enteras.

El cura de O Cebreiro, como le gustaba que le llamaran, se propuso solucionar este problema señalizando los senderos originales de las rutas jacobeas, entonces prácticamente olvidados.
A principios de la década de los ochenta comenzaban a llegar las carreteras a Galicia y el padre Elías le pidió ayuda a las empresas constructoras, estas le dejaron a un bajo precio restos de pintura amarilla sobrante de las obras de señalización. Tenía un firme propósito, acabar con los problemas de señalización del Camino de Santiago, cargó los botes en su su viejo Citroën GS (dos caballos), y se dio a la tarea de marcar con flechas amarillas el Camino.
Así recorrió incontables veces los 800 kilómetros que median entre Finisterre y los Pirineos, y luego también los caminos de Francia, y la gente podía verlo mientras acarreaba botes de pintura amarilla por la carretera, pintando flechas y sumando voluntarios a la causa.


Durante años, Don Elías Valiña dedicó todos sus esfuerzos al Camino. Fue el precursor de muchas asociaciones de amigos del Camino, colaboradoras hoy de la conservación de la flecha amarilla.
En 1982 fue comisionado por la Secretaría de Turismo para la redacción de El Camino de Santiago. Guía del peregrino. Desde entonces el "Cura do Cebreiro" siguió trabajando en el tema de las guías para ofrecer a los peregrinos una herramienta lo más útil posible en su caminar. Siendo la edición de la guía hecha por Everest en 1985 su obra más difundida.
En esta misma línea siguió trabajando hasta los últimos días de su vida, pues la Cartografía complementaria a la Guía, la concluía en la primavera de 1989, muriendo en diciembre de este mismo año a la edad de 60 años.

Poco a poco las flechas amarillas se han convertido en emblema indiscutible del Camino de Santiago, y todo gracias al esfuerzo infatigable de nuestro querido "Cura do Cebreiro" D. Elías Valiña y su amor al Camino de Santiago.

Peregrino, cada vez que te sientas perdido en el Camino y una flecha amarilla te devuelva la sonrisa y brindarsela a Don Elías, desde el cielo oirás Buen Camino Peregrino.

¡¡ ULTREIA Cura do Cebreiro, tu flecha amarilla hasta el cielo!!

No hay comentarios:

Publicar un comentario