La Cruz de Santiago del Pico de la Dueña


LA CRUZ DE SANTIAGO
DEL PICO DE LA DUEÑA

Peregrino, cuando tu camino te lleve hasta el Pico de la Dueña, no dudes en subir hasta la cruz que corona su cima; a sus pies, un peregrino, su protector.

      El 27 de septiembre de 1997, la Cruz de Santiago fue trasladada desde Fuenterroble de Salvatierra sobre el eje de un carro tirado con sogas durante unos 16 km, con destino a la cumbre del Pico de la Dueña (1.170 m sobre el nivel del mar).

Más de 200 personas se unieron y colaboraron para lograr esta memorable hazaña, muchas provenientes de diversos puntos de la península, así como de lugares tan lejanos como Alemania, Inglaterra, Francia y Portugal. 

Ese día, recién estrenado el otoño, la niebla, la lluvia y el enorme peso de la carga planteaban una empresa dura y difícil. Subir la cruz hasta la cima del Pico de la Dueña representaba una gran dificultad debido a sus 750 kg de peso, sumando mástil y cruz. Para ello era necesario unir el esfuerzo de todos y vencer cualquier adversidad. La dificultad del terreno, especialmente en el tramo de ascenso, convirtió la subida en una auténtica heroicidad, pero no hay nada que con esfuerzo y constancia no pueda alcanzarse. Todos empujaban y tiraban de las sogas al unísono, poco a poco, metro a metro… hasta lograr que la Cruz de Santiago coronase la cima del Pico de la Dueña.

Gracias a esta memorable hazaña, en la que todos volcaron sus ilusiones y esfuerzos, la Cruz de Santiago se alza hoy majestuosa bajo el cielo de Castilla. Así, las alturas de este roquedal “de la Dueña” ofrecen al peregrino un bello y amplio paisaje, convirtiéndose en un lugar mágico y espiritual; uno de los hitos más relevantes y queridos de este trascendental Camino de la Plata.




La Cruz de Santiago
      Obra del artista de la forja y peregrino Salvador Castellano Veloso (Zafra, Prov. Badajoz). Es una cruz de forja de 1,5 metros.

El mástil
      De madera y aproximadamente 11 metros de altura, fue diseñado por el artista y diseñador salmantino Vicente Sánchez Pablos —quien nos dejó tristemente en 2015—. Fue socio de honor de Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio y durante muchos años presidente de ACASAN (Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Fuenterroble de Salvatierra).

El peregrino
      Obra de Diego M. Muñoz Hidalgo, escritor, historiador, artista y fundador de los Amigos de la Vía de la Plata.




El peregrino del Pico de la Dueña
      El día anterior a la celebración del Día de Santiago de 2014, Diego M. Muñoz Hidalgo subió hasta el Pico de la Dueña con brocha y pintura negra, y plasmó el peregrino sobre una gran roca de granito de más de dos metros de altura, cortada por la mitad.

Este dibujo es también el logotipo de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago - Vía de la Plata de Fuenterroble de Salvatierra (ACASAN), dirigida por el infatigable Padre Blas Rodríguez.

El 2 de agosto de 1994, Diego caminaba junto a su tío carnal Salvador Castellano Veloso, autor de la Cruz de Santiago (ambos de Zafra, Prov. Badajoz). Entre ellos surgió la idea de elegir este emplazamiento, el “Pico de la Dueña”, como lugar para crear hitos en este Camino de peregrinación, recién recuperado tras siglos de olvido.

Los motivos fueron básicamente, tres:

1º. Encontrarse aproximadamente a mitad de camino entre Cádiz-Sevilla y Santiago, considerando dos variantes finales:
            A) Desde Astorga a Santiago
            B) Desde Granja de Moreruela a Sanabria, Ourense y Santiago

2º. Ser el punto más alto del entorno de la Vía de la Plata, que pasa justo a los pies de esta montaña, rozando su costado oriental.

3º. La necesidad de crear hitos en este Camino que, por una razón u otra, sirvan como motivo para la celebración y el hermanamiento entre las personas, entre las culturas… y con el abrazo pleno a la naturaleza. Por todo ello, este “Camino de la Plata”, crisol de culturas, es un envidiable itinerario para la “rentabilización social”, un espacio común y múltiple que ha de ser reconocido como: “Camino para la PAZ” entre los pueblos.


“Andar, andar”
por Diego M. Muñoz Hidalgo


El Camino nos enseña:

A limpiarnos de toxinas que envenenan
nuestros sentidos.

A despojarnos del peso de más
y así ser más libres.

A purificarnos, con pasos
humildes, de miserias humanas.

A fundirnos, en Amor y Paz,
con la Humanidad y con la Naturaleza…

Versos pertenecientes a: 

"Andaremos caminos en Primavera"
de Diego M. Muñoz Hidalgo

Documental: 
Cristóbal, Sofía y Enrique

Música:
Mike Oldfield

Fotos:
Diego M. Muñoz Hidalgo


Ultreia et Suseia

La Peregrinación, modelo de vida


LA PEREGRINACIÓN, MODELO DE VIDA

      Las peregrinaciones son itinerarios sagrados, trazados en los paisajes y asociados a un mito, leyenda o historia particular que a la vez que lo sacraliza, lo carga de sentido, de hitos que operan como claves para las identidades personales y colectivas, atrayendo así a individuos, a grupos que se consideran ligados a estos lugares para siempre. Estos itinerarios están marcados por etapas, puntos localizados y diferenciados con nombres, todos ligados por la historia del primer peregrino, del peregrino primigenio, que parece que es quien traza el recorrido y lo carga con valores y significados. Así, es el mito el que hace el camino, lo sacraliza y une puntos distantes entre sí varios kilómetros.


Xacopedia

          De esta forma, son muchos los mitos que nos muestran no solo los primeros antepasados peregrinando, sino la peregrinación misma como modelo para la vida, algo necesario, valioso tanto para la existencia terrestre como la del más allá. Y es que el itinerario de la peregrinación constituye un renacer simbólico, por eso en la iconografía vemos representado al peregrino jacobeo con sus atributos a las puertas del Paraíso. La peregrinación así considerada es mucho más que un hecho. Para resultar coherente y hallar su lugar tiene que integrarse en un orden de cosas más amplio. Una manera es ubicarla en un sistema metafísico en constante caminar, donde vivir es sinónimo de recorrer un camino. Y es que en muchas culturas la peregrinación forma parte de una concepción general de la vida en la que ésta se toma como si fuera toda ella una peregrinación. Por ello, se entiende la peregrinación como imagen de la vida humana. En este sentido y tomando la expresión de Lisón Tolosana podemos considerar que los miles de peregrinos que “...dejan sus huellas en los caminos lo hacen para testimoniar con sus personas, en metáfora viva, la creencia de que la peregrinación es la vida del hombre sobre la tierra...”. De esta concepción itinerante de la vida del hombre se ha ocupado desde la Antigüedad la filosofía y la religión. Aparece en los Trabajos y los Días de Hesíodo (700 a. C.) y en el Banquete de Platón, aunque el modelo que influye en el cristianismo temprano es el expresado en el Antiguo y Nuevo Testamento. Las referencias al camino son frecuentes en los salmos y evangelios.


Peregrino medieval. / Xacopedia

          En efecto, el Antiguo Testamento presenta al pueblo elegido en un continuo caminar, de ahí que los hebreos conciban la vida como peregrinación. De igual forma, el cristianismo entiende la vida como un destierro fuera de su verdadera patria, el Paraíso. El Nuevo Testamento recoge este tema, sobre todo las epístolas de San Pedro y San Pablo: el primero, consideraba la vida como un exilio en el desierto, una peregrinación hacia la patria celestial; por su parte, San Pablo especificaba que los cristianos son «ciudadanos del cielo». Junto a esto, en la literatura patrística temprana se asienta la idea de que el bienestar del hombre en la tierra debía ser un breve descanso transitorio en el que no había que aferrarse a los bienes materiales, porque en ese mundo solo se estaba de paso. Así concebía la vida terrenal San Agustín como una peregrinación al final de la cual se encontraba el Paraíso. En uno de sus sermones decía: “...Vivid todos unánimes, sed todos fieles, suspirando en esta peregrinación por el deseo de aquella única patria e hirviendo en su amor...”. La figura de los profetas que iban de un lado a otro predicando, vestidos con pieles y viviendo de forma austera, fueron también un poderoso atractivo para la mentalidad medieval, pues desarrollaron la imagen del cristiano como viajero y extranjero en la tierra.

El modelo que estos pronosticadores siguieron fue el de Cristo y los Apóstoles, que iban de aldea en aldea, sin casa, ni morada propia. En algunos fragmentos de los Evangelios se encuentran pasajes que invitan a abandonar la patria y a llevar una vida errante. Este modelo de itinerancia fue muy influyente durante la Edad Media, su seguimiento literal, exacto, movió a numerosos monjes de Oriente y Occidente a emprender la misma vida errante que describía la Biblia. El estatus del viajero se convirtió para ellos en una imitación de la vida de Cristo. Por eso, estos monjes dejaron su patria y se lanzaron a vivir por los caminos, puesto que para ellos la vida en el exilio era la más propia del cristiano y la mejor preparación para la vida eterna. De esta forma de vida hay algunos testimonios: uno es el del eremita Egeberto de Umbría del norte (639-729), que según Beda el Venerable (672-735) abandonó su patria y permaneció toda su vida como peregrino. Este tropo de la vida como viaje, como peregrinación, también fue utilizado en las prédicas, por ejemplo, San Martín de León, experimentado viajero de la segunda mitad del siglo XII utiliza con frecuencia en sus sermones el símil del camino; también recurre a él, el presbítero italiano, Cayetano de Thiene (1480-1547) lo resume así: “...no somos sino peregrinos de viaje; nuestra patria es el cielo...”

De forma similar, lo emplea San Ignacio de Loyola (1491-1556) para titular su autobiografía Relato del peregrino. Esta misma idea aparece en los primeros versos del auto sacramental titulado El Peregrino, de José Valdivieso (1565-1638). La metáfora ha perdurado hasta la actualidad, lo podemos apreciar en la obra Homo Viator del dramaturgo y filósofo francés G. Marcel (1889-1973) y en el libro Camino de Monseñor Escrivá de Balaguer (1902- 1975).



La Peregrinación, una experiencia espiritual en estrecha relación con el cuerpo y el espacio

    En la mayoría de las ocasiones la peregrinación responde a una libre llamada interior que impulsa al peregrino a ponerse en camino alentado por satisfacer ya necesidades espirituales, ya corporales, ya materiales: la renovación espiritual, la búsqueda de alguna gracia particular, por penitencia impuesta, en cumplimiento de votos o promesas, e incluso el espíritu de aventura y la curiosidad mueve a algunos a peregrinar; los hay que incluso peregrinan en nombre de otros. 

Así, el peregrino desligado de todo lo que representa la vida cotidiana: familia, ocupación, vivienda, etc., vive la peregrinación como un paréntesis espiritual de su experiencia terrena, como una forma de penitencia, de preparación ascética, puesto que el caminar, el peregrinar ya es en sí un medio de mortificación y de aflicción. El fin primordial de la peregrinación es hacer penitencia.

En efecto, se trata de un ritual en el que el cuerpo es a la vez sujeto activo y pasivo, hace el camino y lo sufre simultáneamente. El camino así queda grabado en la retina del peregrino y pasa a formar parte de sus recuerdos, de su vida. Sus paisajes, formas, olores y colores se asocian al continuo caminar, al cansancio de las horas pasadas en el camino, pero también a la lluvia, al viento, al frío o al sol y al calor, etc. Recuerdos que se evocan conjuntamente con rezos, cantos, risas. De este modo, “…la memoria transporta en el tiempo el camino como experimentado en todo el cuerpo. El camino afecta a todo y repercute en todo y, aún más, parece obligar a experimentar el cuerpo en sus partes y funciones…”, en el cansancio de los pies, de las piernas, de los huesos, de otras partes del cuerpo, etc. Esto lo que subraya es, a fin de cuentas, que es un acto de ofrecimiento individual, pues esta peregrinación es una ofrenda de la vivencia del camino experimentado en el propio cuerpo y que tiene como finalidad, en muchos casos, mostrar ante Dios y ante sí mismo un testimonio palpable de su propia fe. De ahí, que posiblemente sea un modelo paradigmático de devoción.

Otro aspecto espacial más de esta peregrinación es su ordenación en etapas, que indica “…que el camino es un espacio continuamente fragmentario, por hacer, hasta acabar hecho…”. El espacio así es concebido como camino jalonado de etapas, de hitos religiosos, iglesias, capillas, hospitales, albergues donde rezar, adorar, reponer fuerzas.

LA CONSTRUCCIÓN DE LO SAGRADO: SANTA EULALIA DE MÉRIDA (Y SU EXTENSIÓN POR EL LEVANTE ESPAÑOL) Antonia Castro Mateos

Ultreia et Suseia