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Peregrino Platero



PEREGRINO
PLATERO

Cuando el calor se adueña del Camino,
hasta el alma se vuelve pesada.

      Era un día duro de junio. Bajo un sol abrasador, avanzaba sobre una pradera de pastos dorados, sin sombra, sin tregua. Los pies iban solos, guiados por una única melodía: el canto ancestral de mi viejo bordón, que parecía marcar el compás de un rezo silencioso. La mirada perdida en el horizonte, el pensamiento disuelto en el vacío.

Entonces, una brisa leve, casi sagrada, acarició mi rostro. Al levantar la vista, aún entre sueños, vi una imagen que me hizo vibrar el corazón: una pequeña arboleda a lo lejos. ¡Sombra! Apreté el paso, sediento de alivio. Aunque parecía cercana, se resistía como las cosas sagradas. Pero llegué, paso a paso, como se llega a todo en el Camino: con paciencia, con fe.

Me detuve al entrar en el bosquecillo. Dudé si lo que veía era real. El sol me había nublado la percepción. Me froté los ojos, ardientes por el sudor. Y entonces lo vi con claridad: un viejo miliario, como un monje inmóvil, custodiaba el paso de un arroyo. A su lado, el agua fluía serena, sin apuro, como si también ella peregrinara.

Volví en mí. Sentía que las botas se fundían con mis pies. Llené mi sombrero de agua fresca y la derramé sobre la cabeza como un bautismo. Me senté en la orilla, descalcé con esfuerzo mis pies llagados y los sumergí en el agua. Al ver su palidez y su desgaste me invadió una extraña tristeza. Pensé: “Si los dejo aquí, si los entrego al río, tal vez ya no sufran más.”

Me asombra cómo un puñado de huesecillos puede sostener tanto peso, tanta vida. Llevo caminando más de 600 kilómetros, y ahí están, todos juntos, sin quejarse, sin rendirse. Una lección de unidad. Una parábola del alma.

Cuando el frescor del agua tocó mi piel, mis ojos se pusieron en blanco. Era puro gozo, pura gracia. Ommm... Bastaron unos segundos para sentirme renacido.

Al alzar la cabeza, vi frente a mí otro miliario, hermano del primero, algo más pequeño. Me observaba en silencio, como un testigo antiguo. Crucé el arroyo descalzo: la mochila a la espalda, las botas en una mano y en la otra mi fiel bordón, compañero inseparable. Me senté a su lado y cerré los ojos. El silencio me alimentaba, me transformaba.

Sentía que aquel viejo miliario me hablaba sin palabras. Historias de otros tiempos, de otros caminantes. Giré la cabeza, y el viento quebraba una rama en lo alto. El susurro de las hojas, el aleteo leve de un pájaro, el murmullo del arroyo... Todo era oración. Todo hablaba. Todo era presencia.

Quisiera quedarme allí para siempre. Pero el espíritu peregrino no se detiene. Nos empuja siempre más allá, más arriba, más dentro. Con ilusión, con esperanza, con sed de descubrir lo que el Camino aún guarda para mí.

Tomé un puñado de tierra entre las manos, como quien recoge un relicario. Miré al horizonte y pedí —no con palabras, sino con el alma— que mis pasos me conduzcan sano y salvo a mi destino.

En mi Camino, poco más necesito.


Como nos decía san Francisco:

“Necesito poco, y lo poco que necesito,
lo necesito poco.”


Ultreia et Suseia

Camino, latido y poesía


ANDAR, ANDAR

I

Andar, andar,
libre, sin tiempo,
por sendas que abrazan
nuestros pasos serenos;
serenos y tranquilos,
pasando en silencio,
acariciando el aire,
besando los cielos.

II

Andar, andar,
por paisajes llenos
de jaras y encinas,
de tomillo y espliego.
¡Cuánto olores,
colores y destellos,
cuánta miel
en estos senderos!

III

Andar, andar
junto al viento
y en la alta peña
levantar el vuelo;
navegar horizontes
cruzando pueblos,
germinando amores
en cada puerto.

IV

Andar, andar
y en el encinar espeso
recostarme y dormir
en un tronco vejo;
en un vejo tronco
de siglos plenos,
¡cuántos pasos
sus raíces sintieron!

V

Andar, andar
con pasos sueltos,
haciendo caminos,
caminos nuevos;
sembrando huellas
que se harán versos
poemas y canciones
arropados en heno.

VI

Andar, andar
bajo alados techos:
águilas, cigüeñas,
halcones, vencejos, …
solitario y feliz,
sin más compañero
que la libertad
de un alegre jilguero.

VII

Andar, andar
que andar quiero
por anchos campos,
por pasos estrechos
y en los ríos
de cauces repletos,
sentirme en su corriente
mecido y ligero.

VIII

Andar, andar
y otear a los lejos
campesinos ordeñando
mareas de viñedos,
que curarán su zumo
el roble y el tiempo
en divino néctar
de caldos añejos.

IX

Andar, andar
viendo los tiernos
brotes del nogal
y de los almendros,
creciendo la sombra
del regado huerto,
ofreciendo al mundo
sus floridos senos.

X

Andar, andar
de prisas exento,
que semillas han sido
los frutales que vemos
y qué lento maduran
los frutos que luego
sacian la sed
del caminante sediento.

XI

Andar, andar
que, gracias a inviernos,
ruda inclemencia
de caminos ciegos,
vendrán tras el frío
paisajes bellos,
vistiendo las huellas
de vistosos floreros.

XII

Andar, andar
que soy el viajero
que va en su pasar
en paz y sosiego;
respirando feliz,
con paso contento
bañando en sol,
nadando en luceros.

XIII

Andar, andar
y en cada trecho
saludar a la vida
que está amaneciendo.
En cada espiga,
en cada arroyuelo,
rebosa la savia
que mana en secreto.

XIV

Andar, andar
con pies polvorientos,
arcilla del camino
que amasan mis dedos;
modelando huellas
mi pobre cuerpo
esculpido en tierra
y regado en sueños.



“ANDAR, ANDAR…”
Del librito inédito:
"Andaremos caminos en Primavera"


Diego M. Muñoz Hidalgo
Historiador, escritor y artista

Cofundador de:

-Amigos de la Vía de la Plata
Camino Mozárabe de Santiago.
-Plataforma Ibérica por los Caminos Públicos.
- Plataforma Ciudadana Refinería No.
- Plataforma en Defensa
de la Sierra de Alconera "La Lapa".
- Socio de la Asociación
de Escritores Extremeños.

Su labor se ha centrado en la recuperación,
defensa y promoción del Patrimonio Cultural
y Natural de la Vía de la Plata.
Como historiador ha publicado
múltiples artículos.
Sobre el Camino-Vía de la Plata ha sido,
durante más de 20 años, uno de los artífices
de su estudio, localización, señalización
y promoción.
Como escritor de divulgación,
y en relación con la Vía de la Plata y sus potencialidades
culturales, naturales y turísticas, ha impartido varios Cursos
en la Universidad de Salamanca,
Diputación de Salamanca, Sevilla...
Como ponente y conferenciante
ha participado en diversos congresos
y jornadas.
Algunos de sus reportajes periodísticos
han sido presentados en distintitos medios
de prensa, radio y televisión,
así como en la FITUR
(Feria Internacional de Turismo, en Madrid).

Coautor de la "GUÍA DEL CAMINO MOZÁRABE
DE SANTIAGO, VÍA DE LA PLATA".
Autor del poemario ilustrado con dibujos:
"DEL HOMBRE Y SUS RUINAS.
UN VIAJE POÉTICO, DE MAR A MAR,
POR LA VÍA DE LA PLATA".
Coautor también de los libros:
"48 horas en Zafra",
y "La refinería petrolera en Extremadura".


"Andemos caminos, abramos caminos..."
/ Diego M. Hidalgo

Ultreia et Suseia

No te detengas


NO TE DETENGAS

      No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido un poco más feliz.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y la poesía pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase mantén siempre tus principios y esencia intactos.

La vida es desierto y oasis.

      Nos derriba, nos lastima, nos enseña, pero nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar, porque en sueños el hombre es libre.

No caigas en el peor de los errores: el silencio. La mayoría vive en un silencio espantoso. No te resignes.


Dice el poeta:
"Emito mis alaridos
por los techos de este mundo"

Valora la belleza de las cosas simples.

      Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas, pero no podemos remar en contra de nosotros mismos o harás de tu vida un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante y
vívela intensamente, sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro y encara la tarea con orgullo, sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida.

La sociedad de hoy somos nosotros: Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase de largo sin que la vivas ...


No te dejes vencer por el desaliento, aliméntate de las dificultades, superarlas te harán más fuerte.


/  Walt Whitman


Ultreia et Suseia

Andar que no correr


ANDAR QUE NO CORRER

      Es un regalo releer a nuestros místicos y percatarse que incluso usan las mismas palabras para describir su experiencia más personal.

Aquella tan bella de San Juan de la Cruz, “el alma que anda en amor, ni cansa ni se cansa”, resuena en la de Teresa de Jesús
“la humildad es andar en verdad”. Y viceversa.

Nos imaginamos lo espiritual como algo propio de gente quieta, estática... cuando en realidad, es lo que más dinamiza.

Los místicos eran gente “inquieta y andariega, rebelde” …
Gente que se puso en camino, en búsqueda.
Lo subraya ese mismo verbo:

“andar”

Moverse, desplazarse, ponerse en pie…
Más pausado o veloz, pero… “andar”.
De acá para allá, en paz y alegría.

¡Andar, que no correr!

Andar, como quien saborea las miradas, las flores y el aire.
Andar, como quien sabe agradecer sabe ofrecer.
Andar, con aquella elegancia de Jesús, tan libre en su “movida” por Galilea y Judea…

La vida interior es andar en amor y andar en verdad. Es seguir ahondando en la propia experiencia.

Sobre todo, seguir dando de ella a los demás, dejando a un lado las teorías insulsas, las proclamas trasnochadas.

Sólo así es creíble (y no cansino) nuestro hablar y acompañar.
Sólo así es agradable (y no anodino) nuestro intento de vivir humildemente y en cristiano.

Andar se transforma así en transitar, recorrer, viajar.
Y es como un notar cada pisada, cada paso, cada esfuerzo.
Y es como ser más sensible a los contornos del camino, al rostro de los otros caminantes…

Aprendiendo a ser el compañero/a que arrima el hombro en ese trecho durillo de la subida.

Dejando que el hermano/a que te saluda gozoso desde la cumbre te regale allí su abrazo y su acogida.

Andar de tal forma por la existencia, que se transforme en un descansar en los brazos del Padre.

Ahí está la mística.


/ Teresa Rofes

Ultreia et Suseia



Hacer la mochila, un ejercicio filosófico


HACER LA MOCHILA,
UN EJERCICIO FILOSÓFICO

Elegir algunas cosas. Renunciar a otras. Aligerar la carga. Vaciarse para dar lugar a nuevas experiencias. Desapegarse. Intuir percances. Correr riesgos. Estar en situación de perderlo todo.

      La primera vez que hacemos una mochila la llenamos de cosas prescindibles.
Llevamos quince prendas y usamos dos. Cargamos diez libros, pero leemos uno. Al llegar a destino hay tantos objetos de más que difícilmente encontramos algo: sí buscamos el repelente aparecen las pastillas para el dolor de garganta. Si necesitamos algodón nos topamos con las polainas. Hacer la mochila también forma parte del viaje.

Hegel escribió que los objetos materiales son extensiones de nuestro yo. El budismo fue más sabio y entendió que eran ilusiones del ego. Espejismos que suelen distraernos de lo verdaderamente importante.

Aunque no nos vayamos de viaje, todos deberíamos hacer una mochila de vez en cuando. Prescindir de lo superfluo e introducir en ella lo que más nos importa en la vida: los afectos, las experiencias que repetiríamos una y otra vez, los ideales, la música, los aromas, los sabores, los pequeños gestos.

Y no perderla de vista. Ninguna otra persona nos la puede robar.

Yo todavía no aprendí a hacer bien mi mochila. Pero la de este año es mejor que la del anterior. Tiene menos objetos, más espacio.

Hacer la mochila también forma parte del viaje. Es un arte, y de los más arduos.
Platón sugirió que filosofar es aprender a morir. Mejor sería que consistiera en hacer bien una mochila.


/ Rosana Kreimer



Ultreia et Suseia

Buen Camino 2017



Buen Camino


      Cuando ante ti se abran muchos caminos
y no sepas cuál recorrer,
no te metas en uno cualquiera al azar:

siéntate y aguarda.

Respira con la confiada profundidad
con qué respiraste el día en que viniste al mundo,
sin permitir que nada te distraiga:

aguarda y aguarda más aún.

Quédate quieto,
en silencio y escucha a tú corazón...
cuando te hable,
levántate y ve donde él te lleve...


/ Susanna Tamaro


Ultreia et Suseia

Lorca y el Camino


SANTIAGO BALADA INGENUA


Esta noche ha pasado Santiago
su camino de luz en el cielo.
Lo comentan los niños jugando
con el agua de un cauce sereno.

¿Dónde va el peregrino celeste
por el claro infinito sendero?
Va a la aurora que brilla en el fondo
en caballo blanco como el hielo.

¡Niños chicos, cantad en el prado
horadando con risas al viento!

Dice un hombre que ha visto a Santiago
en tropel con doscientos guerreros;
iban todos cubiertos de luces,
con guirnaldas de verdes luceros,
y el caballo que monta Santiago
era un astro de brillos intensos.

Dice el hombre que cuenta la historia
que en la noche dormida se oyeron
tremolar plateado de alas
que en sus ondas llevóse el silencio.

¿Qué sería que el río paróse?
Eran ángeles los caballeros.

¡Niños chicos, cantad en el prado.
horadando con risas al viento!

Es la noche de luna menguante.
¡Escuchad! ¿Qué se siente en el cielo,
que los grillos refuerzan sus cuerdas
y dan voces los perros vegueros?

Madre abuela, ¿cuál es el camino,
madre abuela, que yo no lo veo?

Mira bien y verás una cinta
de polvillo harinoso y espeso,
un borrón que parece de plata
o de nácar. ¿Lo ves?
Ya lo veo.

Madre abuela. ¿Dónde está Santiago?
Por allí marcha con su cortejo,
la cabeza llena de plumajes
y de perlas muy finas el cuerpo,
con la luna rendida a sus plantas,
con el sol escondido en el pecho.

Esta noche en la vega se escuchan
los relatos brumosos del cuento.

¡Niños chicos, cantad en el prado,
horadando con risas al viento!

Una vieja que vive muy pobre
en la parte más alta del pueblo,
que posee una rueca inservible,
una virgen y dos gatos negros,
mientras hace la ruda calceta
con sus secos y temblones dedos,
rodeada de buenas comadres
y de sucios chiquillos traviesos,
en la paz de la noche tranquila,
con las sierras perdidas en negro,
va contando con ritmos tardíos
la visión que ella tuvo en sus tiempos.

Ella vio en una noche lejana
como ésta, sin ruidos ni vientos,
el apóstol Santiago en persona,
peregrino en la tierra del cielo.

Y comadre, ¿cómo iba vestido?
le preguntan dos voces a un tiempo.

Con bordón de esmeraldas y perlas
y una túnica de terciopelo.

Cuando hubo pasado la puerta,
mis palomas sus alas tendieron,
y mi perro, que estaba dormido,
fue tras él sus pisadas lamiendo.
Era dulce el Apóstol divino,
más aún que la luna de enero.
A su paso dejó por la senda
un olor de azucena y de incienso.

Y comadre, ¿no le dijo nada?
la preguntan dos voces a un tiempo.

Al pasar me miró sonriente
y una estrella dejóme aquí dentro.

¿Dónde tienes guardada esa estrella?
la pregunta un chiquillo travieso.

¿Se ha apagado, dijéronle otros,
como cosa de un encantamiento?

No, hijos míos, la estrella relumbra,
que en el alma clavada la llevo.

¿Cómo son las estrellas aquí?
Hijo mío, igual que en el cielo.

Siga, siga la vieja comadre.
¿Dónde iba el glorioso viajero?

Se perdió por aquellas montañas
con mis blancas palomas y el perro.
Pero llena dejome la casa
de rosales y de jazmineros,
y las uvas verdes en la parra
maduraron, y mi troje lleno
encontré la siguiente mañana.
Todo obra del Apóstol bueno.

¡Grande suerte que tuvo, comadre!
sermonean dos voces a un tiempo.

Los chiquillos están ya dormidos
y los campos en hondo silencio.

¡Niños chicos, pensad en Santiago
por los turbios caminos del sueño!

¡Noche clara, finales de julio!
¡Ha pasado Santiago en el cielo!

La tristeza que tiene mi alma,
por el blanco camino la dejo,
para ver si la encuentran los niños
y en el agua la vayan hundiendo,
para ver si en la noche estrellada
a muy lejos la llevan los vientos.


/ Federico García Lorca

Santiago (libro de poemas, 1921)
Balada ingenua, 25 de julio de 1928
(Fuente Vaqueros, Granada)


Ultreia et Suseia