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15 mar. 2011

Etapa 27-01 Granja de Moreruela - Tábara



ETAPA 1. CAMINO SANABRÉS

Los que venimos de Sevilla siguiendo el itinerario de la antigua vía romana, tenemos dos alternativas para alcanzar el horizonte de las torres de la catedral de Santiago de Compostela.

La primera opción es continuar desde Granja de Moreruela hasta Astorga y enlazar con el Camino Francés en dirección a Santiago.
La segunda opción es continuar por el Camino Sanabrés, caminando por tierras zamoranas más allá de Puebla de Sanabria, para adentrarnos en Galicia por A Gudiña con dirección a Santiago de Compostela, pero pasando antes por la interesante y monumental capital de la Baja Galicia como es Ourense.
Esta última alternativa parece suponer la opción más corta pero no es así. Desde Sevilla a Santiago, por la Vía de la Plata y el Camino Sanabrés, hay 980 kilómetros. En cambio, por la Vía de la Plata y el Camino Francés son 963 kilómetros.
En realidad el Camino Sanabrés se ha considerado desde siempre una prolongación de la Vía de la Plata.

Esta ruta, como todos los caminos gallegos ya cercanos a la meta común, ha sido especialmente interesante en este año Xacobeo, Año Santo que se celebra cada vez que el día 25 de julio, Día del Apóstol, tiene a bien de caer en domingo.

La señalización en esta ruta es muy buena, la provincia de Zamora está señalizada con flechas amarillas, mientras que en Galicia, además de las flechas, están los típicos mojones indicativos de la distancia que aún nos falta por recorrer hasta Santiago.
El alojamiento tampoco es problema, ya que la ruya después de más de una veintena de albergues para peregrino.

Nuestros primeros pasos tras la salida del albergue los dirigimos por la carretera que cruza el pueblo hasta la iglesia de San Juan Bautista, junto a su fachada encontramos una placa conmemorativa de la Fundación Ramos de Castro en la que podemos leer:  

Aquí se bifurca el camino y se engrandece la historia:
La de la Vía de la Plata con el Camino Sanabrés, que aquí nace.

Pasamos por detrás del templo donde hay que tomar la dirección marcada como Orense, despidiéndonos de la alternativa que sigue hacia Astorga.


Continuamos por una pista de concentración paralela al arroyo de la Laguna, pero solo nos dura algo más de un kilómetro, cuando llegamos a un monolito de piedra referente al Camino de Santiago giramos a la derecha en un desvío señalizado.


Volvemos a caminar por otra pista con un ligero ascenso, seguimos recto sin desviarnos durante los siguientes tres kilómetros. Llegamos a una señal que nos desvía a la derecha y un kilómetro más tarde a la izquierda. Rodeados de toda una variedad de arbustos mediterráneos comenzamos el descenso hasta la carretera ZA-123. Recorremos aproximadamente medio kilómetro por esta carretera que nos lleva hasta el Puente Quintos.




El conjunto del puente y su entorno, convierten la zona en una de las más atractivas de la comarca. Los materiales del puente fueron transportados desde las canteras de la vecina Bretó. Fue construido en 1920 y cuenta con nueve arcos de 10 metros de luz, que cubren los aproximadamente 100 metros que separan la comarca de Tierra de Campos con la comarca de Tierra de Tábara. La frontera entre ambas la constituye el rio Esla.


Al final del puente una flecha amarilla nos indica que giremos a la izquierda por un sendero cerrado por la vegetación, continuamos por la escabrosa ladera y bajamos hasta la misma orilla del río por la que continuamos un buen trecho, siempre atentos para no perder la flecha amarilla.





En breve comenzamos a alejarnos del río Esla para comenzar un duro repecho de unos 500 m., que nos conduce hasta lo alto de la ladera. Desde este punto disfrutamos de unas maravillosas vistas del curso del río Esla y del puente Quintos.








Me apetecía quedarse algo más de tiempo en este lugar, me descalcé y me puse cómodo con la vista puesta en el hermoso río, y me dispuse a meditar un buen rato.
Si la meditación la realizas por la mañana, encontrarás tu meditación sumamente fructífera. Temprano en la mañana invitas a Dios, tu amigo, tu verdadero amigo, a caminar contigo todo el día.
Tras una media hora de meditación, proseguimos el Camino guiados por la presencia de algunas flechas amarillas marcadas en las encinas, una de ellas nos hace girar a la izquierda para bajar hasta una pista.


Atrás ha quedado la frondosa vegetación, y volvemos de nuevo a las monotonas pistas de horizonte infinito. La pista nos lleva junto a una finca de nombre Val de la Rosa,  en este punto cumplimos con el km 11 de la etapa, junto a ella giramos a la derecha donde nos espera una infinita recta que nos lleva a cruzar una carretera. Tras ella retomamos la pista, encontrándonos con el aterrador bullicio de las obras de la autovía, los camiones pasaban justo a nuestro lado, levantando una gran nube de polvo tras su paso, desgraciadamente el camino transcurría junto a estas obras, el trasiego de camiones nos acompaña un buen trecho, pero por fin una flecha amarilla nos desvió a la izquierda y después a la derecha tras pasar una casa de campo.
De nuevo aparecía ante nuestros ojos otra pista de concentración parcelaria, la monotonía la hacía interminable hasta llegar a las primeras casas de Faramontanos de Tábara.


Faramontanos de Tábara se encuentra a 50 km de la capital zamorana y a 712 m. de altitud.
En la Plaza Mayor del pueblo se encuentran el ayuntamiento y su principal edificio, la iglesia de San Martin, consagrada a finales del siglo XIII.
De su interior interesa su retablo mayor, estructura barroca, reluciente, con sus bordados y policromía. Entre las imágenes que conserva, destaca una muy voluminosa de la Virgen y otra del Bendito Cristo.
Lo más interesante y que mejor se conserva de la arquitectura local son sus bodegas, que se encuentran escavadas aprovechando pequeñas lomas dentro del casco urbano. Sus edificaciones tradicionales, han sido renovadas en gran medida, dada la mala calidad de las antiguas, creadas con mampostería de irregulares piezas de esquisto trabadas con barro.
Su iglesia no ha sido ajena a estas reformas. En su exterior destaca el agudo campamento triangular y un crucero sencillo ante la puerta.
Este pequeño pueblo también dispone de un acogedor albergue para peregrinos.



Dejamos Faramontanos junto a un campo de juego y cruzamos la carretera ZA-123, donde nos espera como no otra larga pista parcelaria de unos dos kilómetros de recorrido, esta nos lleva hasta un cruce de caminos, giramos a la izquierda indicado por una flecha amarilla.

Llegamos hasta el arroyo del Molino pasando sobre él, a doscientos metros antes de llegar a la carretera tomamos el desvío de la derecha. Más adelante abandonamos la pista y continuamos junto a una valla por un camino casi desdibujado, y que tras cruzar un pequeño arroyo pasa junto a una propiedad llamada La Cañada. En breve llegamos al fin de etapa, la la histórica población de Tábara.



La bienvenida a Tábara nos la hace su monumento principal, la iglesia románica de Santa María, consagrada con la advocación de Santa María en 1137.

Cruzamos la carretera N-631, encontrándonos con la Plaza Mayor, en ella se sitúa el Ayuntamiento donde pedimos las llaves del albergue de peregrinos.
Cruzamos la plaza, no antes sin saludar a su monumento, dedicado al poeta León Felipe, nacido en esta población. En esta ocasión los aficionados españoles al futbol le han colocado una bufanda con la bandera española, celebrando así las victorias del equipo de futbol en el Mundial de Sudáfrica.
Nos dirigimos al albergue por la calle de Vistahermosa, giramos a la derecha por la calle Sol y continuamos por Calvo Sotelo, llegando a una fuente, tomamos la calle Sotillo, y al final de esta nos encontramos con el Albergue.





A la llegada al Albergue me encuentro con los peregrinos polacos, Andreas, su esposa y el padre Robert. Habían llegado hace rato y estaban comiendo, me invitaron a sentarme con ellos a comer, y charlamos largo rato. Su nivel de español era bastante rudimentario, y no hablemos de mi nulo conocimiento de polaco, pero nos entendíamos perfectamente gracias al padre Robert que nos hacía de intérprete.
Algo más tarde llegaría John un peregrino de las islas británicas.
La etapa no había sido especialmente dura, pero si fatigosa, sobre todo por el calor.

Por la tarde bajamos a conocer el pueblo y sellar las credenciales de peregrino. Visitamos la iglesia románica de Santamaría. Esta iglesia fue nombrada Monumento Histórico Artístico en 1931, desde el año 2001 acoge la exposición Scriptorium, Tábara Visigoda y Mozárabe.
La exposición hace un recorrido histórico-artístico, a través de restos arquitectónicos que van desde el Imperio Romano hasta el siglo XIV. Una parte de la exposición se centra en la descripción del Scriptorium de Tábara en el siglo X.

La actual Iglesia de Santa María de Tábara se yergue sobre el antiguo solar en el que se ubicaría el influyente Monasterio de San Salvador, que, tras la extinción de la comunidad monacal a consecuencia de las aludidas campañas de Almanzor, nunca llegó a ser reconstruido, siendo aprovechado el terreno y parte del material disperso para dotar a la población de un centro de culto.


De la actual fábrica, sólo el cuerpo inferior de la torre podría ser heredero de la primitiva construcción monacal, siendo el grueso del templo actual de factura románica, pudiendo ser fechada su consagración en 1137 gracias a una inscripción conservada junto al ingreso habilitado bajo el porche lateral.

La iglesia fue profundamente reformada durante el siglo XVIII, conservándose de su primitiva fábrica románica la torre y dos de sus portadas.
La torre-campanario, sobre la que hay quien ha querido ver una cierta evocación de la representada sobre el célebre Beato de Tábara, se eleva a los pies del templo en tres cuerpos de campanas separados mediante listeles horizontales y abiertos en arcos de medio punto doblados.

De sus dos portadas, la sur despliega dos arquivoltas de medio punto cobijadas por un elegante guardapolvo ajedrezado, habiéndose conservado tan sólo una de las dos columnas sobre las que reposaban. La norte, hoy cegada y bastante alterada, presenta una disposición similar, llamando la atención la arquivolta central a base billetes de considerable tamaño.

Además de la lápida fundacional, se han conservado en el templo varias inscripciones y una lauda prerrománica, habiendo sido recientemente descubiertos en distintas campañas de excavaciones numerosas piezas románicas hasta conformar un interesante lapidario hoy expuesto en un pequeño museo habilitado en el propio templo.

El Monasterio de San Salvador y su scriptorium

El antiguo Monasterio de San Salvador de Tábara se erigía sobre el mismo solar en que hoy se levanta la iglesia parroquial de Santa María, para cuya construcción, a juzgar por distintos vestigios allí aparecidos, debieron ser empleados materiales procedentes del ruinoso cenobio.
Los orígenes del monasterio habría que remontarlos a la segunda mitad del siglo IX cuando los monjes San Froilán y San Atilano (a la postre obispos de León y de Zamora respectivamente), deciden fundar una abadía poco después de la victoria cristiana contra el enemigo musulmán en la Batalla de la Polvoraria.

Tanto el Monasterio de San Salvador, como su vecino de Moreruela de Tábara, se convertirían rápidamente en influyentes centros de poder y cultura, acogiendo, según reza la tradición, nada menos que 600 religiosos de ambos sexos, por lo que, fiable o no el dato, debió ser un edificio de considerable relieve.

No dejaría de ser San Salvador de Tábara uno más de los numerosos y casi ignorados cenobios altomedievales extintos de no ser por el importante scriptorium especializado en la manufactura de códices iluminados que allí se instaló. Coinciden en señalar los especialistas que de él saldrían obras miniadas de la relevancia del Beato Morgan, del conocido como Beato de Tábara, o el Beato de Gerona.
En ellos trabajarían maestros como Magius y su discípulo aventajado Emeterio, con puntuales aportaciones de la monja miniaturista Ende y de un monje copista de nombre Sénior. Muy conocido es, precisamente, el que ha sido bautizado como Beato de Tábara ya que en él, concretamente en su primera lámina, fue representado de manera muy gráfica el scriptorium del Monasterio de San Salvador, siendo reconocibles dos copistas o iluminadores trabajando en un manuscrito junto a una torre campanario con arcos de herradura que algunos han querido comparar con la actual torre de la parroquia, de factura algo posterior.


Lamentablemente, la vida del monasterio de San Salvador, al igual que la de varios del entorno, fue significativamente corta ya que, como antes señalábamos, fueron pasto de la destrucción en el contexto de las arrasadoras campañas o razias de Almanzor por tierras zamoranas y leonesas en su camino hacia Compostela.

En la Plaza Mayor se encuentra la Iglesia de la Asunción, conocida popularmente como El Convento ya que, a lo largo de su vida, acogió a monjes tanto Jerónimos como Dominicos.
La historia del templo, construido a mediados del siglo XVI, discurre en paralelo al contiguo palacio de los Marqueses de Tábara, quienes lo emplearon como panteón familiar hasta que, en a principios del siglo XX, fue convertida en iglesia parroquial.