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Etapa 23: Fontanillas de Castro > Tábara



Información actualizada: 26 de mayo de 2026





Un adiós
a la vieja calzada romana

      Hoy el peregrino llega a uno de los puntos más decisivos de toda la Vía de la Plata. Aquí, sin grandes ceremonias, muchos dirán adiós —aunque sea en silencio— a la vieja calzada romana.

En Granja de Moreruela se abre la gran bifurcación jacobea: seguir hacia el norte, rumbo Astorga y el Camino Francés, o tomar rumbo oeste hacia Sanabria y Ourense.

Porque a partir de aquí el Camino se vuelve distinto: más sereno, más natural, más silencioso… y también más exigente, como suelen ser los caminos que conducen hacia lo esencial.


      Si hasta ahora la Plata nos hablaba de Roma y de piedra antigua, desde este punto el Camino empieza a hablar otro lenguaje: el del monte, el del río, el de las sendas que parecen hechas para quien busca paz.

Aquí comienza un tramo profundamente jacobeo, donde el peregrino vuelve a caminar como en los siglos medievales: con menos ruido alrededor… y más conversación dentro.

Cuando el mundo calla,
el corazón empieza a hablar.


      Salimos de Fontanillas de Castro con una pregunta que muchos peregrinos llevan guardada desde hace días:

¿Qué camino tomaré cuando llegue a Granja de Moreruela?

Porque allí se encuentra uno de los puntos más decisivos de la peregrinación desde Sevilla. En el pueblo verás el cartel que indica claramente dónde se separan las rutas.

Desde aquí se abren dos posibilidades:

Continuar hacia el norte, siguiendo el trazado de la antigua calzada romana, pasando por Benavente y La Bañeza hasta enlazar con el Camino Francés en Astorga. Es una opción con más servicios y más compañía, pero al llegar al Francés se deja atrás gran parte de la soledad que define la Plata.

Tomar rumbo oeste, hacia tierras sanabresas. Esta alternativa conduce a Galicia por Ourense antes de alcanzar Santiago. Es más silenciosa y algo más exigente, pero conserva el espíritu de la Vía de la Plata: amplitud, calma y pasos largos.

Quienes desean evitar la masificación del Camino Francés pueden incluso seguir hasta Astorga y, más adelante, desviarse en Ponferrada hacia el Camino de Invierno, que tras unas jornadas enlaza con el Sanabrés en A Laxe.

Pero hoy, en este blog, comienza la alternativa más elegida por quienes vienen desde el sur: el Camino Sanabrés, conocido en Galicia como Vía da Prata, una ruta que muchos identifican como heredera de los antiguos peregrinajes mozárabes.

En el Camino, elegir ruta
es también elegir silencio.

De Fontanillas a Riego del Camino
      Comenzamos a caminar por la calle Barca.
A unos 500 metros realizamos un giro de 90º y salimos del pueblo por pista.
Tras unos 2,5 km alcanzamos un arroyo, que cruzamos por un paso de hormigón. Poco después tomamos un desvío a la derecha, salimos a la N-630 y por ella entramos en Riego del Camino (km 3,8).




(Pequeña localidad con bar y tienda).

      Históricamente fue considerada la puerta de entrada a la tierra de Lampreana dentro del recorrido de la Vía de la Plata. La atraviesa la antigua calzada romana y cuenta con un acogedor albergue municipal, situado en la antigua casa de los maestros.

Destaca la Iglesia de San Cristóbal (siglos XVI-XVII), vinculada a la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, recuerdo de aquellos siglos en los que la hospitalidad era parte esencial del Camino.

Desde la N-630 seguimos las flechas que nos hacen girar a la izquierda. En unos 250 metros retomamos pista agraria y continuamos hacia la derecha.



Camino hacia Granja de Moreruela
      Poco después caminamos en paralelo a la autovía A-66, que cruzamos por un puente (km 6,3).

El siguiente tramo, de unos 4 km, es cómodo: avanzamos junto a la autovía hasta una estación de servicio. Desde allí, una larga recta nos va separando del tráfico y nos conduce, tras cruzar un arroyo, a la entrada de Granja de Moreruela (km 10,4 de la etapa).




(Localidad con bares y tiendas).

      El pueblo queda dividido por la carretera, pero para el peregrino representa algo mucho más claro: un umbral.

Aquí nace oficialmente el tramo conocido como Camino Mozárabe Sanabrés, que nos conducirá hacia Galicia por tierras orensanas.

Granja nació como una granja vinculada al antiguo monasterio cisterciense de Moreruela, cuyas ruinas se encuentran a unos 3,5 km antes de llegar al núcleo poblacional. Todavía hoy impresionan por su silencio y por la grandeza que conserva la piedra vencida por el tiempo.


Monasterio de Santa María de Moreruela
      Considerado uno de los primeros monasterios cistercienses de la Península Ibérica, fue durante siglos un centro espiritual de enorme importancia en el norte de Zamora. De aquel conjunto monacal se conserva principalmente la cabecera del templo, suficiente para imaginar la magnitud de la obra.

El monasterio alcanzó su auge hasta el siglo XIII y comenzó a decaer con el tiempo, hasta quedar abandonado tras las desamortizaciones del siglo XIX. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931 y protegido desde 1995.

Horarios de visita

Invierno (1 octubre – 31 marzo): miércoles a domingo, 11:00 – 17:00 (cerrado lunes y martes)

Verano (1 abril – 30 septiembre): miércoles a domingo, 10:00 – 14:00 y 16:00 – 20:00 (cerrado lunes y martes)


      Junto a la iglesia de San Juan Bautista, una placa conmemorativa de la Fundación Ramos de Castro recuerda al peregrino:

“Aquí se bifurca el camino
y se engrandece la historia:
la de la Vía de la Plata
con el Camino Sanabrés,
que aquí nace.


El comienzo real del Sanabrés
      Justo detrás de la iglesia veremos la indicación metálica con la silueta del monasterio y las dos alternativas. Para seguir el Camino Sanabrés debemos tomar la ruta señalada hacia Ourense, por la izquierda.

Los primeros pasos transcurren por una cómoda pista de tierra. Cruzamos por debajo el puente de la autovía y, tras medio kilómetro, un monolito de granito con el logotipo del Camino Sanabrés nos indica tomar el camino de la derecha, en ligero ascenso (km 11,8).


      En este punto, quienes deseen visitar las ruinas del monasterio deberán tomar el camino de la izquierda y, a 300 metros, girar a la derecha por la carretera ZA-L-2566.

Continuamos sin desviarnos durante los siguientes tres kilómetros. Más adelante una flecha amarilla nos desvía a la derecha: pasaremos junto a una cantera y, tras unos 300 metros, volvemos a girar, esta vez a la izquierda.



El Puente Quintos y el río Esla
      Rodeados de matorral mediterráneo iniciamos un descenso algo pronunciado hasta llegar a la carretera ZA-123 (km 16,4). La seguimos para cruzar el río Esla por el Puente Quintos (km 17,1).

Este puente, construido en 1920, cuenta con nueve arcos de diez metros de luz. Sus materiales proceden de canteras de la vecina Bretó, y su estructura marca el paso entre dos comarcas: Tierra de Campos y Tierra de Tábara. La frontera natural la dibuja el propio río Esla.


      Justo después de cruzarlo, el Camino se desvía a la izquierda hacia la vera del río. Entramos en un sendero semicerrado por vegetación, con algún tramo rocoso que exige atención. Caminamos por la ladera hasta descender finalmente a la misma orilla del Esla.

Poco después comenzamos a alejarnos del río y afrontamos un repecho exigente de unos 500 metros que nos lleva hasta un alto (km 18,4).

Allí el paisaje se abre como un balcón: el río serpentea abajo, silencioso, y el peregrino siente que el mundo se queda pequeño.



A veces el Camino
no te da respuestas…
te da altura para mirar
la vida de otra manera.


Largas pistas hacia Faramontanos
      Tras este punto, nos guiamos por flechas pintadas en las encinas. Tras un giro a la izquierda descendemos finalmente hasta una pista, el bosque de encinas va quedando atrás. Caminamos por pista hasta llegar a las puertas de una finca llamada Val de la Rosa.

Ya llevamos cerca de 22 km y el Camino entra en un tramo de pistas de concentración parcelaria: largas rectas, amplias, de esas que ponen a prueba el cuerpo… pero también ordenan el pensamiento.

Cruzamos una carretera (km 23,2). Tras algo más de 500 metros llegamos a una bifurcación: tomamos el camino de la izquierda (km 23,7).
Después de 1,7 km giramos a la derecha para encarar una larga recta que nos conduce hasta Faramontanos de Tábara (km 28,6).






      Entramos por la calle Benavente. Al poco encontramos un bar, El Boya, donde el peregrino suele ser bien recibido. Un buen lugar para hacer una pausa: aún quedan unos 7 km para concluir la etapa.

Faramontanos se encuentra a 712 metros de altitud. En la Plaza Mayor se alzan el ayuntamiento y la iglesia de San Martín, de finales del siglo XIII.

Del interior destaca el retablo mayor barroco, brillante en su policromía. Entre las imágenes sobresalen una voluminosa talla de la Virgen y otra del Bendito Cristo.

También son muy interesantes las bodegas excavadas en pequeñas lomas dentro del casco urbano, uno de los elementos mejor conservados de la arquitectura local.



Últimos kilómetros hacia Tábara
      Continuamos por la calle Pozo. Al final pasamos junto a una pequeña ermita y seguimos por su derecha hasta la carretera ZA-123. La cruzamos y tomamos de frente una larga pista de tierra.

Tras unos dos kilómetros giramos a la izquierda en una bifurcación (km 31,4).
A los 400 metros cruzamos un arroyo y seguimos hasta otra bifurcación (km 32,1), donde tomamos el camino de la derecha.

Continuamos hasta llegar a un puente elevado que cruza las vías del tren de alta velocidad (km 33,7). Tras cruzarlo, seguimos un camino bien señalizado que nos conduce hasta la cercana Tábara.

La bienvenida nos la da su monumento principal: la iglesia románica de Santa María, consagrada en 1137. (Km 35,6, Final de la etapa)




El cansancio
es un maestro severo…
pero enseña verdades limpias.



      Tras cruzar la carretera llegamos a la Plaza Mayor. Allí se encuentran el ayuntamiento y la iglesia parroquial de la Asunción. En el centro se alza el monumento dedicado al poeta más ilustre de la villa: León Felipe, nacido aquí.

Para llegar al albergue tomamos la calle Vistahermosa, giramos a la derecha por la calle Sol y continuamos por Calvo Sotelo hasta una fuente. Solo queda tomar la calle Sotillo: al final se encuentra el Albergue de Peregrinos de Tábara, gestionado desde el espíritu de la hospitalidad tradicional por José Almeida, hospitalero y gran defensor de los caminos jacobeos en la provincia de Zamora.

Llegar
no es conquistar una meta.

Llegar
es aprender a descansar
con gratitud.


Iglesia de Santa María
      Iglesia románica declarada Monumento Histórico-Artístico en 1931. Desde el año 2001 acoge la exposición Scriptorium, Tábara Visigoda y Mozárabe, que recorre la historia artística de la zona desde el Imperio Romano hasta el siglo XIV.

Una parte importante de la exposición se centra en el famoso Scriptorium de Tábara, uno de los grandes centros culturales de la Alta Edad Media, donde se elaboraron códices iluminados de enorme relevancia.


El Monasterio de San Salvador y su scriptorium
      La actual iglesia de Santa María se levanta sobre el solar del antiguo Monasterio de San Salvador, un cenobio altomedieval que nunca llegó a reconstruirse tras la destrucción sufrida durante las campañas de Almanzor.

Los orígenes del monasterio se sitúan en la segunda mitad del siglo IX, cuando los monjes San Froilán y San Atilano (futuros obispos de León y Zamora) fundaron una abadía poco después de la victoria cristiana en la Batalla de la Polvoraria.

San Salvador de Tábara, junto al cercano Moreruela de Tábara, se convirtió en un influyente centro de poder y cultura. La tradición habla de hasta 600 religiosos de ambos sexos, cifra difícil de confirmar, pero que revela la importancia que llegó a tener.

Su fama no se debe solo a su vida monástica, sino a su extraordinario scriptorium, especializado en manuscritos iluminados. De aquí salieron obras como el Beato Morgan, el Beato de Gerona y el célebre Beato de Tábara.

En aquel scriptorium trabajaron maestros como Magius y su discípulo Emeterio, con aportaciones de la monja miniaturista Ende y del monje copista Sénior.

El propio Beato de Tábara representa gráficamente el scriptorium, mostrando a copistas trabajando junto a una torre campanario con arcos de herradura, que algunos han querido relacionar con la torre actual del templo.

Lamentablemente, la vida del monasterio fue corta: como otros centros religiosos del entorno, fue pasto de la destrucción durante las razias de Almanzor en su avance hacia Compostela.

El Camino
también es memoria:
piedra que cae…
y luz que permanece.


León Felipe y la cruz desnuda
      Tábara no solo es piedra antigua y manuscritos.
Tábara es también palabra.

Aquí nació León Felipe, poeta castellano que supo hablar de la vida con un lenguaje claro, humano, sin adornos. Quizá por eso sus versos resuenan tanto en el Camino: porque el peregrino aprende que lo importante no siempre es lo que se lleva… sino lo que se deja atrás.

En este tramo del Sanabrés, donde el paisaje se vuelve sobrio y el silencio acompaña, su poema parece escrito para el caminante.

Porque el Camino también es eso: una cruz sencilla.
Una verdad sin ruido.

Cuando la vida
se queda desnuda,
aparece lo sagrado.


“Una cruz sencilla”
– León Felipe 

Hazme una cruz sencilla,
carpintero...
sin añadidos
ni ornamentos...

Que se vean desnudos
los maderos,
desnudos
y decididamente rectos:
los brazos en abrazo hacia la tierra;
el astil disparándose a los cielos.

Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto:
este equilibrio humano
de los dos mandamientos.

Sencilla, sencilla,
hazme una cruz sencilla,
carpintero.


Reflexión final para el peregrino
      Hay días en los que el Camino no necesita grandes paisajes para tocar el alma.
Le basta con una recta larga, con un río callado, con un puente…
y con el cansancio que nos deja desnudos.

Hoy, al llegar a Tábara, quizá el peregrino comprenda que su marcha no es una búsqueda de adornos, sino de verdad. Y que la cruz —como el Camino— no se comprende desde fuera: se comprende cuando uno aprende a caminar ligero, humilde y sincero.

Que tu fe sea simple.
Que tu paso sea limpio.
Y que tu corazón,
como esa cruz,
apunte al cielo…
sin dejar de abrazar la tierra.


ETAPA 24
Tábara > Santa Marta de Tera
22,9 km

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Buen Camino