La Vía de la Plata, su historia


LA VÍA DE LA PLATA

Introducción

      Perfilar los extremos geográficos de la Vía de la Plata no es tan fácil, hay que profundizar tanto en su dilatada Historia, como en el origen etimológico de su nombre y fenómeno territorial del mismo. De una forma metafórica-poética podríamos decir que este camino es como un gran árbol, con sus raíces y ramas, que ha conformado la ordenación territorial de gran parte del occidente peninsular, además de haber contribuido en la Historia española, europea y universal. Al respecto, la visión que algunos (con buena fe) tienen de este camino, es parcial; volviendo a la metáfora anterior, es como ver sólo la mitad superior del tronco mientras que la otra mitad inferior la ignoran, sin tener en cuenta que es precisamente esta mitad inferior la que le da significado y sustenta a la otra mitad. Intentaremos hacer aquí una breve reflexión sobre algunos aspectos que debemos considerar a la hora de tener una visión más integral y acertada de este fenómeno viario.

Factores que dieron lugar
a este Camino
      Este histórico eje de comunicación Sur-Norte/Norte-Sur, que vertebra todo el occidente peninsular, fue fruto básicamente de dos factores:
Necesidades humanas

Los cambios estacionales dieron lugar a continuas migraciones de la fauna salvaje en busca de pastos, por culpa de las nieves y los estíos. Tras ella, y por razones cinegéticas, los primitivos cazadores comenzaron a trazar los primeros senderos a lo largo del occidente peninsular. Después, con la revolución del neolítico y la domesticación de los animales, llega la trashumancia, aprovechando y consolidando estos primitivos cauces. Todo esto ocurre en la prehistoria, desde las actuales zonas atlánticas andaluzas hasta tierras leonesas y cornisa cantábrica. Ya en esta época prehistórica detectamos, en excavaciones arqueológicas, un incipiente flujo comercial por este recorrido. Poco después, en la protohistoria, en la “Edad del Bronce Orientalizante” (I milenio a.C.) y Edad del Hierro (s.V a. C.), descubrimos, sorprendentemente, cómo una serie de elementos comerciales de prestigio (cerámicas, marfiles, vidrios, bronces…) venidos del otro lado del Mediterráneo (de Oriente Próximo, Egipto, Grecia…) penetran, como una “cuña”, en el interior de la Península Ibérica, y casi exclusiva y sorprendentemente por este corredor viario, desde la factoría fenicia de Cádiz hasta la zona leonesa. Por otro lado, se aprovecha este trazado con fines militares para la dominación del territorio, desde el siglo III a.c. hasta hoy.


Condicionantes físicos
      Para poder saciar todas estas necesidades humanas (cinegéticas-trashumantes, comerciales y militares) hay que salvar barreras naturales que obstaculizan perpendicularmente a este itinerario: grandes ríos y sistemas montañosos. Esto se realiza por pasos obligados: vados y puertos de montaña. Pero he aquí que lo que posibilitó que este itinerario tuviera un “cuerpo” en toda su extensión, desde la zona gaditana a la leonesa, fue la coincidencia aquí de esos pasos naturales obligados, posibilitando un trazado histórico casi rectilíneo. Así tendríamos: la conjunción de varios vados en el Guadalquivir, en el entorno de Sevilla; el Puerto del Viso, en Sierra Morena, en Monasterio; el Vado del Guadiana, en Mérida; el Puerto de las Herrerías, en la Sierra de san Pedro, en Alcuéscar; el Vado de Alconétar, en el Tajo; el Puerto de los Castaños, en Grimaldo; el Puerto de Béjar; el Vado del Tormes, en Salamanca; el Vado del Duero, en Zamora; etc. Como ya veremos, en estos pasos estratégicos es frecuente el asentamiento humano, que se confirma en el descubrimiento de una concentración de restos arqueológicos y lugar de nacimiento de principales ciudades históricas.


ROMA - Conquista del territorio

      La conquista del territorio de la zona occidental de la Península Ibérica se produce de Sur a Norte, desde la vega del Guadalquivir, aprovechando este antiguo trazado. Tenemos documentación de cómo, los cuarteles de Itálica (Santiponce), Hispalis (Sevilla) y Córduva (Córdoba), son puntos de partida de tropas romanas o recepción de razias indígenas, en las Guerras Lusitanas.


Infraestructura, el puente de Mérida
      Lo único que hacen los romanos fue consolidar un camino ya preexistente. Un ejemplo de ello fueron sus puentes. Centrándonos en el Puente de Mérida, habría que decir que aquí existe un histórico vado. Las informaciones arqueológicas de las que disponemos es que desde la prehistoria hay una gran concentración de asentamientos en todas las épocas (incluso debajo de su casco urbano); cosa lógica por la existencia de este paso natural. Donde hubo un vado de este camino los romanos hacen un puente, como el de Guadiana; y para controlar este paso obligado del camino Augusto funda una ciudad (25 a.c.). Aunque hay evidencias que, con anterioridad, con César pudo haber aquí un asentamiento militar. Este Puente se encuentra al sur de Mérida y se puede considerar el más largo del imperio. Todo esto es significativo a la hora de comprender la integridad territorial Sur-Norte de esta calzada.


Planificación viaria del territorio
      A lo largo de los siglos de dominación romana este camino pre- y protohistórico fue consolidándose por tramos, con arreglo a las posibilidades económico-administrativas en cada momento. Así pues, la Provincia de Lusitania con capital en Augusta Emérita (Mérida), se le dedica más inversión y dedicación a este trazado, siendo esta ciudad el “kilómetro cero” de la planificación viaria-administrativa. Es por ello por lo que vemos que los restos más evidentes documentados de su trama pétrea van desde las Sierras de Los Santos de Maimona, al Sur, que servían de límite de Lusitania con la Bética (provincia ésta que le dedicó menos atención); hasta la zona de Helmántica (Salamanca) -Ocelo Duri (Zamora), por donde se encontraba el límite con la Provincia Tarraconense, luego Gallecia (también esta administración del dedicó menos atención). Es lo que pasaba hasta hace poco, cuando íbamos en coche por carretera y al cambiar de provincia o región el firme estaba en peor o mejor estado, pero seguía siendo la misma carretera. En resumen, donde la calzada está mejor conservada es entre Los Santos y Salamanca; en el resto del trazado, hasta Astúrica Augusta (Astorga) o hasta Itálica (Santiponce) -Hispalis (Sevilla), en sus tramos Norte y Sur, los restos de calzada son más pobres por las razones expuestas, tramos considerados como “vía terrenae”.


Itinerario Antonino
      En esta época no hubo un nombre específico para este trazado, que unía el Sur más romanizado, de la Bética, con el Norte. La evidencia documental más antigua que conocemos que hace referencia al diseño de este trazado, data del s. III., conocido con el nombre: “Itinerario Antonino”. Es una recopilación de itinerarios variados de todo el Imperio, muchos de ellos van en zig-zag, y no responden a un itinerario uniforme y lógico. Ello se debe, según los estudiosos, a que estos itinerarios sueltos eran los recorridos que los administradores hacían para el cobro de la “annona”, o impuesto; y que fueron recopilados para servir a estas funciones, y no como una guía para los caminantes. Así vemos, por ejemplo, cómo la “Vía Augusta”, Cádiz-Roma, se representa en este antiguo documento como la suma de varios tramos de distintos itinerarios.

Un ingeniero español del siglo XIX, Eduardo Saavedra, cogió los itinerarios peninsulares de este documento y los enumeró con arreglo a la redacción existente. Si cogemos todos ellos y lo ponemos en un plano, nos sorprenderíamos al ver cómo coincide con las evidencias arqueológicas del itinerario pre- y protohistórico. Es decir, la panificación territorial romana tradujo este camino primitivo, sobre todo desde Gades (Cádiz) hasta Astúrica (Astorga), de forma continua y casi rectilínea, y lo consolidó, dotándole de infraestructuras: puentes; firme, más o menos atendido; “mansios” o lugares de parada y avituallamiento; “miliarios”, para marcar las distancias en millas en algunos de sus tramos; etc. Con la numeración de Saavedra su trazado se correspondería a diversos tramos de los recopilados por el Itinerario de Antonino:

VÍA Nº VII - Gades (Cádiz)-Hispalis (Sevilla).
Después finaliza en Corduba (Córdoba).

VÍA Nº IX - Hispalis-Itálica (Santiponce).

VÍA Nº XXIII - Itálica-Emérita (Mérida).
Arranca en la desembocadura del Guadiana dando un rodeo.

VÍA Nº XXIV - Emérita-Ocelo Duri (Zamora).
Se dirige después a Caesaraugusta (Zaragoza) dando un rodeo

VÍA Nº XXVI - Ocelo Duri-Astúrica Augusta (Astorga).
Arranca en Astorga para dirigirse a Zaragoza.


Uso histórico de su trazada
de forma unitaria
Camino de ejércitos y reyes
      Esta calzada, que fue la consolidación paulatina en época romana de un trazado pre- y protohistórico, siguió siendo utilizada por culturas posteriores dado que su infraestructura era estratégica, sobre todo en lugares de obligado paso, con fines militares y comerciales. Por ejemplo, tenemos un documento del siglo VII d. c. conocido bajo el nombre: “Anónimo de Rávena”; en donde se enumeran las mansiones o paradas de los diversos tramos de todo su recorrido, añadiendo algunas poblaciones más. En época goda sirvió como itinerario para las tropas de los reyes: Gunderico, Requila, Teodorico II, Ágila…; prácticamente desde todo el Norte hasta todo el Sur peninsular, siendo el puente romano de Mérida un paso clave hacia el Sur. En época musulmana nuestra calzada sirvió como un gran instrumento militar Sur-Norte para las primeras tropas de Muza, en el 712, posibilitando su fulgurante conquista desde Cádiz-Sevilla hasta Mérida (fue la primera calzada que pisaron). En este periodo fue utilizada por innumerables campañas intestinas, correrías y desplazamientos. En los primeros momentos de la conquista cristiana la anduvieron reyes como Alfonso IX y X, Sancho IV…; y, después, por los propios Fernando el Católico y Carlos V. De todos estos reyes tenemos documentación de su paso desde Cáceres-Mérida hasta Sevilla-Cádiz, siguiendo la calzada, es decir: era utilizada de forma unitaria desde el Norte de Mérida y hasta el Sur, y viceversa.


Camino de Caminos
      Este camino romano fue aprovechado en algunos de sus tramos por caminos pecuarios para la trashumancia. También fue camino de peregrinación o “Camino Mozárabe de Santiago”, por los cristianos residentes en territorio musulmán, pues aprovechaban sus infraestructuras hacia el Norte. Al respecto tenemos noticias de un documento de 1622 que nos narra el traslado de las reliquias de San Isidoro desde Sevilla a León, en el s. XI, dice así: “(…) por el muy antiguo camino romano, hoy de peregrinos (…)”.

Pero los peregrinos o viajeros de la época no siempre utilizaron el trazado romano, ya que hubo ciudades de nueva creación que hicieron de polo de atracción, saliendo de la calzada ramales medievales, como por ejemplo a las ciudades de Zafra o Plasencia, que luego se convirtieron en carreteras.

Todo evoluciona y como un río que cambia de cauce sigue siendo el mismo río, se moderniza su trazado primigenio dando nuevos trazados y tipologías: Carretera Nacional 630, Ferrocarril, Autovía-66; todas hijas del trazado romano. Así se ha creado un corredor geográfico-viario que se ha venido a denominar: “Ruta de la Plata”; un galicismo o préstamo del francés que da nombre, de forma genérica, al recorrido que básicamente se relaciona o identifica con el espacio geográfico Sevilla-Astorga; con la prolongación hasta Gijón, que también fue ramal romano secundario, y hoy es la C.N.-630; y con la prolongación hasta Cádiz, solapada calzada con la más conocida: “Vía Augusta”; hoy C.N.-4 y Autovía IV.


Un nombre para un Camino
Ningún nombre, pero sí un mismo trazado

      En resumen, como ya hemos dicho, en época romana este recorrido no tiene ningún nombre (que sepamos), pero su traza y su reflejo en el Itinerario Antonino (con multitud de “mansios” o paradas en todo su recorrido) se nos representa ante nuestros ojos como un cuerpo íntegro y casi rectilíneo, básicamente desde Cádiz y Sevilla hasta Astorga, vertebrando todo el occidente peninsular y uniendo principales ciudades administrativas romanas y medievales.


Sobre el topónimo "Plata"
Resumidamente estas son las versiones sobre su procedencia:

1ª. / del latín “platus” (ancho, llano, avenida principal).

2ª. / del árabe “al-balath” (pavimento) o de “balata” (camino enlosado, empedrado, o importante), en donde su primera sílaba (ba-) se pronuncia de una forma cerrada, con “a” muda, parecida a la “p”, evolucionando al castellano en el medievo como “(p)lata”.

3ª. / de “delapidata” (empedrada).

      Por mi parte propongo una solución intermedia: la expansión musulmana se encontró con una magnífica y estratégica red viaria romana. Hubo entonces un “latinismo”, un préstamo idiomático del latín al árabe, y después al castellano. En resumen: “platus” (o “delapidata”) = “b(a)lata” = “plata”.

Los testimonios de “balata”, “albalat”, “albaladejo”… son frecuentes verlos relacionados con itinerarios históricos o calzadas romanas. Del mismo modo “de la plata” es frecuente encontrarla en otros puntos del territorio hispano, básicamente en su mitad sur, asociándose a viejos caminos romanos o importantes, siendo el eje occidental S.-N./N-S, desde el Estrecho gaditano hasta la zona leonesa, en donde mejor se ha conservado de forma continua. También hay testimonios en el norte de África y Palestina. Por ejemplo, al Sur de Mérida lo encontramos en Los Santos de Maimona, como “Puerto de la Plata” y “Camino de la Plata”, prolongándose éste por los términos de Zafra, Medina de las Torres, Calzadilla de los Barros, Fuente de Cantos, Monesterio, Real de la Jara, Almadén “de la Plata”, Castilblanco de los Arroyos, Alcalá del Río y hasta llegar a Sevilla. También entre Cádiz y Sevilla encontramos el topónimo “plata”, ligado a hitos geográficos ligado a la calzada que unía ambas poblaciones, más conocida también como “Vía Augusta”.

Archivo Municipal de Sevilla

      Precisamente el testimonio más antiguo que tenemos documentado como “Camino de la Plata”, data del siglo XIV, de 1.370 (Archivo Municipal de Sevilla), en referencia a su paso por Sierra Morena. También es este entorno tenemos una pista evidente, la actual población de Almadén “de la Plata”, en cuyo término se viene situando una de las paradas de nuestra calzada, citadas por el Itinerario Antonino: “Mons Mariorum”; y en donde existen canteras de mármol romanas, utilizando esta calzada para suministrar su producción, como está demostrado, a ciudades como Emérita (Mérida), Itálica (Santiponce) e Hispalis (Sevilla).

Por tanto, “Camino de la Plata” no es más que el nombre meramente circunstancial y popular, relativamente moderno, ya que procede del medievo, pero que expresa una unidad y realidad viaria e histórica que ha vertebrado todo el occidente peninsular, y que ha servido de instrumento en importantes acontecimientos; nombre que conocemos desde, al menos, mediados del siglo XIV.

Con el tiempo este nombre, en el Renacimiento español cuando se vuelve la mirada por el gusto de la cultura clásica, y sobre todo a partir del siglo XVI … es cuando de forma “culta” se comienza a denominar en ciertos círculos académicos: “Vía de la Plata”; ya que “vía” es palabra latina y quedaba mejor para nombrar a una calzada romana o a este importante camino histórico. Como “camino” se ha seguido utilizando hasta nuestros días, manteniéndose aún vivo en la conciencia colectiva en las zonas rurales, sobre todo en la gente mayor, como lo he constatado en mis trabajos de campo; y tanto al Norte como al Sur de Mérida.


Origen del entuerto Mérida - Astorga
Iter ab Emerita Asturicam

El Camino de la Plata

      Aunque en latín, no es más que el moderno y arbitrario título de una tesis doctoral de 1971, del ilustre Profesor D. Roldán Hervás. Gran trabajo de investigación, su importancia radica en la recopilación de múltiples estudios locales o generales sobre algún especto de esta calzada. Aunque en algunos aspectos ha quedado desfasado, es obra importantísima y de obligada consulta.
Pero el problema viene cuando, en esta obra, nuestro camino lo hace arrancar en Mérida en base a algún antiguo autor y al origen de la numeración de sus “miliarios”, columnas pétreas en donde se solía inscribir el emperador que ejecutó o reparó la obra, y la milla correspondiente (del latín: “millia passuum” = mil pasos = una milla romana = 1480 metros).

Pero hagamos una reflexión: lógico era que, siendo Emérita Augusta la capital de Lusitania, aquí estuviera la milla “cero” para diversos trazados que desde aquí se ordenaban para el resto del territorio provincial. Pero eso no quiere decir que Mérida fuera “arranque” del Camino de la Plata (ya hemos demostrado que fue “consecuencia” de este camino que aquí aprovechaba un vado en donde se hizo un puente y una ciudad para su control), sino que, al ser el núcleo político-administrativo, las millas se contaban desde aquí. Por otro lado, al Norte de Itálica (Santiponce) se han encontrado miliarios. También tenemos algunas noticias al sur de Mérida.

En este sentido hay que advertir una inadvertida incongruencia en la importante obra de Roldán Hervás: identifica como “Camino de la Plata” a la calzada que unía Emérita y Artúrica, pero reconociendo en sus páginas que tal topónimo, como identificador de la vía romana que él propone, se desconoce al Norte de Salamanca (aunque sí se conoce como camino pecuario existente en su entorno hasta la zona leonesa); del mismo modo reconoce casi la inexistencia de miliarios y menores restos de calzada al Norte de esta ciudad. Al mismo tiempo, no menciona, o no quiere reconocer, las mansiones, restos y testimonios de calzada y topónimo “de la Plata” existentes hasta Hispalis (Sevilla), básicamente. Esta incongruencia echa por tierra el propio título de esta obra como identificación exclusiva al “Camino” o “Vía de la Plata”.


La "bola de nieve"
de una interpretación arbitraria

      Desde la publicación de su Tesis, en 1971, tanto los investigadores y escritores posteriores, sin advertir tales incongruencias y sin documentarse lo debido, repitieron este mismo error de enfoque que daba una imagen parcial (Mérida-Astorga), cosa que ha sentado cátedra hasta tal punto que en prestigiosas obras de Historia y modernos vehículos de información de Internet (Wikipedia, Instituto Cervantes, etc.) repiten lo mismo; sin que se diga nada de que, por ejemplo, el más antiguo testimonio documental que se menciona como “Camino de la Plata”, se encuentra entre Sevilla y Mérida; etc.


Disputas estériles entre Vía y Ruta
      Actualmente este farragoso entuerto ha dado lugar a serias disputas entre asociaciones, también políticas entre ayuntamientos y organismos. Así vemos cómo, con miras a la rentabilización del Patrimonio Cultural y Natural de este histórico corredor viario, se crea la “Red de Cooperación de Ciudades en la Ruta de la Plata”, sobre todo para captar inversiones estatales y europeas. La conforman algunas ciudades directamente relacionadas con el trazado real que aquí hemos documentado, y otras próximas al trazado romano o indirectamente relacionadas, como las existentes desde Gijón hasta León, que es un ramal o prolongación de la básica Sevilla-Astorga, pero no menos histórica. El cuerpo fundamental de esta asociación es el eje de la Carretera Nacional-630 Gijón-Sevilla.

Pero aquí ocurre un problema, que hay ciudades o pequeñas poblaciones por donde pasa la calzada romana que no están en esta red de ciudades, creándose la “Asociación de Pueblos de la Vía de la Plata”, al sentirse discriminados y denunciando, con buena fe, pero de forma errónea, la “falsificación de la Historia” por parte de la “Red de Ciudades” (que no buscan más que la puesta en valor del gran Patrimonio Cultural y Natural existente en este recorrido geográfico y como oportunidad de progreso). Algunos miembros de la asociación de “Pueblos” no están en la C.N.-630, pero sí están en la calzada romana, por lo que reivindican sus legítimos derechos, como es lógico y con razón. El problema viene que lo hagan con la tesis de Roldán Hervás en la mano, el trazado Mérida-Astorga, y con todo lo que ello conlleva de arbitraria interpretación parcial de la amplitud real y protagonismo histórico de este camino; con una falta de miras de las grandes posibilidades del Patrimonio que contiene este corredor geográfico-viario; y sin comprender que la unión entre todos “hace la fuerza”, con miras a su desarrollo socioeconómico conjunto.

Por otro lado, aquí ocurre una contradicción por parte de la asociación de “Pueblos”, mientras se alza la voz sobre cierto purismo histórico, se ignora o se olvida o no se quiere reconocer, las evidencias documentales y materiales, anteriormente expuestas, y la trascendencia histórica a lo largo de todo su recorrido. Personalmente estoy con toda asociación que defienda este camino, como es la de “Pueblos”, por lo que aplaudo su gran labor y esfuerzo, que me causa admiración; pero con lo que no estoy de acuerdo es en que me lo corten en Mérida, y que tengan una visión más bien localista al no considerar su corredor geográfico que, a mi parecer, sería enriquecedor para todos y para ellos mismos.


La Vía de la Plata un camino para nuestro desarrollo
Solución integradora
      Por un lado, hay que tener una visión no parcial de la Vía de la Plata (Mérida como “arranque” del camino), sino en su totalidad, como la documentación lo constata (Mérida como “consecuencia” del paso del camino).

Por otro, sería el reconocimiento precisamente de la Historia a la que se hace referencia, y de tener una visión integradora teniendo el concepto de “corredor geográfico”, en donde se consideren, sin exclusiones, todos sus trazados conjuntamente, y que aquí coinciden, se abrazan y se interrelacionan (Calzada Romana, Camino Mozárabe de Santiago, Cañadas Reales, Carretera Nacional-630, Ferrocarril y Autovía-66). Esto hay que hacerlo distinguiendo sus diferencias de trazados, pero, también, sus coincidencias, dentro de un mismo paisaje y entorno, ya que todos estos trazados son el fruto de una misma evolución histórica; un mismo río que se alimenta de varios caudales y que ha esculpido un mismo cauce. En conclusión, tener la visión de un cuerpo integral.


Posibilidades de futuro
      En relación con todo ello tener conciencia de la gran trascendencia de este itinerario cultural (Calzada Romana, Camino de Civilizaciones, Camino de Santiago, etc.). Toda esta suma nos serviría para hacer que la Vía de la Plata, en ese concepto de “paisaje cultural”, sea reconocida como “ITINERARIO CULTURAL EUROPEO” y como “PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD” (advertir que está en la lista del Ministerio de Cultura para esta última declaración). Y puesto que este camino es el resultado de un “crisol” de civilizaciones, es una gran oportunidad para el encuentro y el diálogo de culturas: un Camino para la Paz.

En conclusión, el “Camino” o “Vía de la Plata” es una realidad más amplia de la que, con buena fe, algunos pretenden; y que Mérida no es “arranque” sino “consecuencia” de un mismo camino y calzada Sur-Norte/Norte-Sur. Si no, ¿por qué ubicar esta ciudad aquí para el control de su puente romano sobre el Río Guadiana, antiguo e histórico vado de un camino anterior?... Para concluir definitivamente todo esto, volvamos a aquella metáfora con la que iniciamos este escrito.

Os brindo una poesía de mi cosecha del libro: “Del Hombre y sus Ruinas. Un viaje poético, de mar a mar, por la Vía de la Plata”; para que sepáis apreciar los múltiples aromas y trinos que nos ofrece este ancestral y fértil árbol.


DE UNA UNIVERSIDAD ABIERTA Y DE LAS HUMILDES ENSEÑANZAS QUE ESCONDE EN SUS PAISAJESY EN SUS PIEDRAS

(A la Vía de la Plata, en un iniciático viaje desde las “Columnas” a la “Torre” de Hércules)


"Eres un camino viejo y fecundo,
como un gran árbol con raíces y ramas;
un sabio jardín de encinas, retamas…
un rico hogar del pobre vagabundo.

Sacias tu sed en mares andaluces,
subes tu savia por tronco extremeño,
castilla y león multiplica tu sueño,
y al galaico, astur, cántabro… seduces.

De hondos océanos a copas al viento,
viajan -hermanos- hombre y cigüeñas…
¡cuánta piedra entre silencio y espliego!

Hoy ando tu dormido pavimento,
reflejos de plata en valles y peñas…
-de mar a mar en tus sueños navego-".

/ Diego Muñoz Hidalgo
(Historiador, Escritor y Artista)
Cofundador de Amigos
de la Vía de la Plata-Camino de Santiago

Ilustración de cabecera:
Diego Muñoz Hidalgo

Artículo publicado con permiso del Autor

Ultreia et Suseia

Etapa 23: Fontanillas de Castro > Tábara



Información actualizada: 26 de mayo de 2026





Un adiós
a la vieja calzada romana

      Hoy el peregrino llega a uno de los puntos más decisivos de toda la Vía de la Plata. Aquí, sin grandes ceremonias, muchos dirán adiós —aunque sea en silencio— a la vieja calzada romana.

En Granja de Moreruela se abre la gran bifurcación jacobea: seguir hacia el norte, rumbo Astorga y el Camino Francés, o tomar rumbo oeste hacia Sanabria y Ourense.

Porque a partir de aquí el Camino se vuelve distinto: más sereno, más natural, más silencioso… y también más exigente, como suelen ser los caminos que conducen hacia lo esencial.


      Si hasta ahora la Plata nos hablaba de Roma y de piedra antigua, desde este punto el Camino empieza a hablar otro lenguaje: el del monte, el del río, el de las sendas que parecen hechas para quien busca paz.

Aquí comienza un tramo profundamente jacobeo, donde el peregrino vuelve a caminar como en los siglos medievales: con menos ruido alrededor… y más conversación dentro.

Cuando el mundo calla,
el corazón empieza a hablar.


      Salimos de Fontanillas de Castro con una pregunta que muchos peregrinos llevan guardada desde hace días:

¿Qué camino tomaré cuando llegue a Granja de Moreruela?

Porque allí se encuentra uno de los puntos más decisivos de la peregrinación desde Sevilla. En el pueblo verás el cartel que indica claramente dónde se separan las rutas.

Desde aquí se abren dos posibilidades:

Continuar hacia el norte, siguiendo el trazado de la antigua calzada romana, pasando por Benavente y La Bañeza hasta enlazar con el Camino Francés en Astorga. Es una opción con más servicios y más compañía, pero al llegar al Francés se deja atrás gran parte de la soledad que define la Plata.

Tomar rumbo oeste, hacia tierras sanabresas. Esta alternativa conduce a Galicia por Ourense antes de alcanzar Santiago. Es más silenciosa y algo más exigente, pero conserva el espíritu de la Vía de la Plata: amplitud, calma y pasos largos.

Quienes desean evitar la masificación del Camino Francés pueden incluso seguir hasta Astorga y, más adelante, desviarse en Ponferrada hacia el Camino de Invierno, que tras unas jornadas enlaza con el Sanabrés en A Laxe.

Pero hoy, en este blog, comienza la alternativa más elegida por quienes vienen desde el sur: el Camino Sanabrés, conocido en Galicia como Vía da Prata, una ruta que muchos identifican como heredera de los antiguos peregrinajes mozárabes.

De Fontanillas a Riego del Camino
      Comenzamos a caminar por la calle Barca.
A unos 500 metros realizamos un giro de 90º y salimos del pueblo por pista.
Tras unos 2,5 km alcanzamos un arroyo, que cruzamos por un paso de hormigón. Poco después tomamos un desvío a la derecha, salimos a la N-630 y por ella entramos en Riego del Camino (km 3,8).




(Pequeña localidad con bar y tienda).

      Históricamente fue considerada la puerta de entrada a la tierra de Lampreana dentro del recorrido de la Vía de la Plata. La atraviesa la antigua calzada romana y cuenta con un acogedor albergue municipal, situado en la antigua casa de los maestros.

Destaca la Iglesia de San Cristóbal (siglos XVI-XVII), vinculada a la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, recuerdo de aquellos siglos en los que la hospitalidad era parte esencial del Camino.

Desde la N-630 seguimos las flechas que nos hacen girar a la izquierda. En unos 250 metros retomamos pista agraria y continuamos hacia la derecha.



      Poco después caminamos en paralelo a la autovía A-66, que cruzamos por un puente (km 6,3).

El siguiente tramo, de unos 4 km, es cómodo: avanzamos junto a la autovía hasta una estación de servicio. Desde allí, una larga recta nos va separando del tráfico y nos conduce, tras cruzar un arroyo, a la entrada de Granja de Moreruela (km 10,4 de la etapa).




(Localidad con bares y tiendas).

      El pueblo queda dividido por la carretera, pero para el peregrino representa algo mucho más claro: un umbral.

Aquí nace oficialmente el tramo conocido como Camino Mozárabe Sanabrés, que nos conducirá hacia Galicia por tierras orensanas.

Granja nació como una granja vinculada al antiguo monasterio cisterciense de Moreruela, cuyas ruinas se encuentran a unos 3,5 km antes de llegar al núcleo poblacional. Todavía hoy impresionan por su silencio y por la grandeza que conserva la piedra vencida por el tiempo.


Monasterio de Santa María de Moreruela
      Considerado uno de los primeros monasterios cistercienses de la Península Ibérica, fue durante siglos un centro espiritual de enorme importancia en el norte de Zamora. De aquel conjunto monacal se conserva principalmente la cabecera del templo, suficiente para imaginar la magnitud de la obra.

El monasterio alcanzó su auge hasta el siglo XIII y comenzó a decaer con el tiempo, hasta quedar abandonado tras las desamortizaciones del siglo XIX. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931 y protegido desde 1995.

Horarios de visita

Invierno (1 octubre – 31 marzo): miércoles a domingo, 11:00 – 17:00 (cerrado lunes y martes)

Verano (1 abril – 30 septiembre): miércoles a domingo, 10:00 – 14:00 y 16:00 – 20:00 (cerrado lunes y martes)


      Junto a la iglesia de San Juan Bautista, una placa conmemorativa de la Fundación Ramos de Castro recuerda al peregrino:

“Aquí se bifurca el camino
y se engrandece la historia:
la de la Vía de la Plata
con el Camino Sanabrés,
que aquí nace".


El comienzo real del Sanabrés
      Justo detrás de la iglesia veremos la indicación metálica con la silueta del monasterio y las dos alternativas. Para seguir el Camino Sanabrés debemos tomar la ruta señalada hacia Ourense, por la izquierda.

Los primeros pasos transcurren por una cómoda pista de tierra. Cruzamos por debajo el puente de la autovía y, tras medio kilómetro, un monolito de granito con el logotipo del Camino Sanabrés nos indica tomar el camino de la derecha, en ligero ascenso (km 11,8).


      En este punto, quienes deseen visitar las ruinas del monasterio deberán tomar el camino de la izquierda y, a 300 metros, girar a la derecha por la carretera ZA-L-2566.

Continuamos sin desviarnos durante los siguientes tres kilómetros. Más adelante una flecha amarilla nos desvía a la derecha: pasaremos junto a una cantera y, tras unos 300 metros, volvemos a girar, esta vez a la izquierda.



      Rodeados de matorral mediterráneo iniciamos un descenso algo pronunciado hasta llegar a la carretera ZA-123 (km 16,4). La seguimos para cruzar el río Esla por el Puente Quintos (km 17,1).

Este puente, construido en 1920, cuenta con nueve arcos de diez metros de luz. Sus materiales proceden de canteras de la vecina Bretó, y su estructura marca el paso entre dos comarcas: Tierra de Campos y Tierra de Tábara. La frontera natural la dibuja el propio río Esla.


      Justo después de cruzarlo, el Camino se desvía a la izquierda hacia la vera del río. Entramos en un sendero semicerrado por vegetación, con algún tramo rocoso que exige atención. Caminamos por la ladera hasta descender finalmente a la misma orilla del Esla.

Poco después comenzamos a alejarnos del río y afrontamos un repecho exigente de unos 500 metros que nos lleva hasta un alto (km 18,4).

Allí el paisaje se abre como un balcón: el río serpentea abajo, silencioso, y el peregrino siente que el mundo se queda pequeño.



A veces el Camino
no te da respuestas…
te da altura para mirar
la vida de otra manera.


      Tras este punto, nos guiamos por flechas pintadas en las encinas. Tras un giro a la izquierda descendemos finalmente hasta una pista, el bosque de encinas va quedando atrás. Caminamos por pista hasta llegar a las puertas de una finca llamada Val de la Rosa.

Ya llevamos cerca de 22 km y el Camino entra en un tramo de pistas de concentración parcelaria: largas rectas, amplias, de esas que ponen a prueba el cuerpo… pero también ordenan el pensamiento.

Cruzamos una carretera (km 23,2). Tras algo más de 500 metros llegamos a una bifurcación: tomamos el camino de la izquierda (km 23,7).
Después de 1,7 km giramos a la derecha para encarar una larga recta que nos conduce hasta Faramontanos de Tábara (km 28,6).






      Entramos por la calle Benavente. Al poco encontramos un bar, El Boya, donde el peregrino suele ser bien recibido. Un buen lugar para hacer una pausa: aún quedan unos 7 km para concluir la etapa.

Faramontanos se encuentra a 712 metros de altitud. En la Plaza Mayor se alzan el ayuntamiento y la iglesia de San Martín, de finales del siglo XIII.

Del interior destaca el retablo mayor barroco, brillante en su policromía. Entre las imágenes sobresalen una voluminosa talla de la Virgen y otra del Bendito Cristo.

También son muy interesantes las bodegas excavadas en pequeñas lomas dentro del casco urbano, uno de los elementos mejor conservados de la arquitectura local.



      Continuamos por la calle Pozo. Al final pasamos junto a una pequeña ermita y seguimos por su derecha hasta la carretera ZA-123. La cruzamos y tomamos de frente una larga pista de tierra.

Tras unos dos kilómetros giramos a la izquierda en una bifurcación (km 31,4).
A los 400 metros cruzamos un arroyo y seguimos hasta otra bifurcación (km 32,1), donde tomamos el camino de la derecha.

Continuamos hasta llegar a un puente elevado que cruza las vías del tren de alta velocidad (km 33,7). Tras cruzarlo, seguimos un camino bien señalizado que nos conduce hasta la cercana Tábara.

La bienvenida nos la da su monumento principal: la iglesia románica de Santa María, consagrada en 1137. (Km 35,6, Final de la etapa)






      Tras cruzar la carretera llegamos a la Plaza Mayor. Allí se encuentran el ayuntamiento y la iglesia parroquial de la Asunción. En el centro se alza el monumento dedicado al poeta más ilustre de la villa: León Felipe, nacido aquí.

Para llegar al albergue tomamos la calle Vistahermosa, giramos a la derecha por la calle Sol y continuamos por Calvo Sotelo hasta una fuente. Solo queda tomar la calle Sotillo: al final se encuentra el Albergue de Peregrinos de Tábara, gestionado desde el espíritu de la hospitalidad tradicional por José Almeida, hospitalero y gran defensor de los caminos jacobeos en la provincia de Zamora.

Llegar
no es conquistar una meta.

Llegar
es aprender a descansar
con gratitud.


Iglesia de Santa María
      Iglesia románica declarada Monumento Histórico-Artístico en 1931. Desde el año 2001 acoge la exposición Scriptorium, Tábara Visigoda y Mozárabe, que recorre la historia artística de la zona desde el Imperio Romano hasta el siglo XIV.

Una parte importante de la exposición se centra en el famoso Scriptorium de Tábara, uno de los grandes centros culturales de la Alta Edad Media, donde se elaboraron códices iluminados de enorme relevancia.


El Monasterio de San Salvador y su scriptorium
      La actual iglesia de Santa María se levanta sobre el solar del antiguo Monasterio de San Salvador, un cenobio altomedieval que nunca llegó a reconstruirse tras la destrucción sufrida durante las campañas de Almanzor.

Los orígenes del monasterio se sitúan en la segunda mitad del siglo IX, cuando los monjes San Froilán y San Atilano (futuros obispos de León y Zamora) fundaron una abadía poco después de la victoria cristiana en la Batalla de la Polvoraria.

San Salvador de Tábara, junto al cercano Moreruela de Tábara, se convirtió en un influyente centro de poder y cultura. La tradición habla de hasta 600 religiosos de ambos sexos, cifra difícil de confirmar, pero que revela la importancia que llegó a tener.

Su fama no se debe solo a su vida monástica, sino a su extraordinario scriptorium, especializado en manuscritos iluminados. De aquí salieron obras como el Beato Morgan, el Beato de Gerona y el célebre Beato de Tábara.

En aquel scriptorium trabajaron maestros como Magius y su discípulo Emeterio, con aportaciones de la monja miniaturista Ende y del monje copista Sénior.

El propio Beato de Tábara representa gráficamente el scriptorium, mostrando a copistas trabajando junto a una torre campanario con arcos de herradura, que algunos han querido relacionar con la torre actual del templo.

Lamentablemente, la vida del monasterio fue corta: como otros centros religiosos del entorno, fue pasto de la destrucción durante las razias de Almanzor en su avance hacia Compostela.

León Felipe y la cruz desnuda
      Tábara no solo es piedra antigua y manuscritos.
Tábara es también palabra.

Aquí nació León Felipe, poeta castellano que supo hablar de la vida con un lenguaje claro, humano, sin adornos. Quizá por eso sus versos resuenan tanto en el Camino: porque el peregrino aprende que lo importante no siempre es lo que se lleva… sino lo que se deja atrás.

En este tramo del Sanabrés, donde el paisaje se vuelve sobrio y el silencio acompaña, su poema parece escrito para el caminante.

Porque el Camino también es eso: una cruz sencilla.
Una verdad sin ruido.

Cuando la vida
se queda desnuda,
aparece lo sagrado.


“Una cruz sencilla”
– León Felipe 

Hazme una cruz sencilla,
carpintero...
sin añadidos
ni ornamentos...

Que se vean desnudos
los maderos,
desnudos
y decididamente rectos:
los brazos en abrazo hacia la tierra;
el astil disparándose a los cielos.

Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto:
este equilibrio humano
de los dos mandamientos.

Sencilla, sencilla,
hazme una cruz sencilla,
carpintero.


Reflexión final para el peregrino
      Hay días en los que el Camino no necesita grandes paisajes para tocar el alma.
Le basta con una recta larga, con un río callado, con un puente…
y con el cansancio que nos deja desnudos.

Hoy, al llegar a Tábara, quizá el peregrino comprenda que su marcha no es una búsqueda de adornos, sino de verdad. Y que la cruz —como el Camino— no se comprende desde fuera: se comprende cuando uno aprende a caminar ligero, humilde y sincero.

Que tu fe sea simple.
Que tu paso sea limpio.
Y que tu corazón,
como esa cruz,
apunte al cielo…
sin dejar de abrazar la tierra.


ETAPA 24
Tábara > Santa Marta de Tera
22,9 km

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Buen Camino