Información actualizada: 18 de marzo de 2026
Dejamos atrás Salamanca, una de las ciudades más hermosas de todo el Camino, declarada Patrimonio de la Humanidad. Abandonarla no resulta fácil: sus piedras doradas, su historia universitaria y su vibrante vida dejan una huella profunda en el peregrino. Pero el Camino siempre invita a seguir adelante, a soltar lo vivido y confiar en lo que aún está por llegar.
Nuestro rumbo es claramente norte. La próxima gran joya monumental será Zamora, también Ciudad Patrimonio de la Humanidad, situada a unos 68 kilómetros. Para alcanzarla existen dos opciones habituales: dividir la distancia en tres jornadas o afrontarla en dos etapas más largas.
En esta guía optamos por hacerlo en dos días. Hoy afrontamos la larga etapa hasta El Cubo de la Tierra del Vino, primera localidad de la provincia de Zamora. Mañana, con una jornada algo más corta, recorreremos los kilómetros restantes hasta alcanzar Zamora y cruzar su histórico puente sobre el Duero.
En esta guía optamos por hacerlo en dos días. Hoy afrontamos la larga etapa hasta El Cubo de la Tierra del Vino, primera localidad de la provincia de Zamora. Mañana, con una jornada algo más corta, recorreremos los kilómetros restantes hasta alcanzar Zamora y cruzar su histórico puente sobre el Duero.
La etapa de hoy exige una buena fortaleza mental. Son más de 36 kilómetros de horizontes abiertos, largas rectas y pocos estímulos. Una jornada que puede parecer interminable si no se camina con serenidad y paciencia.
Comenzamos en la Catedral Nueva de Salamanca, desde donde nos dirigimos hacia la Plaza Mayor, una de las plazas más bellas de España y del mundo, joya del barroco peninsular. Una concha de vieira de bronce incrustada en el suelo nos recuerda que debemos continuar por la calle Zamora.
Al final de esta calle encontramos la iglesia de San Marcos. Tras superar una glorieta entramos en el Paseo de Carmelitas (N-630), que enlaza con el paseo del Doctor Torres Villarroel hasta llegar a la rotonda dedicada al torero Santiago Martín “El Viti”, presidida por una escultura de un toro de lidia.
Al final de esta calle encontramos la iglesia de San Marcos. Tras superar una glorieta entramos en el Paseo de Carmelitas (N-630), que enlaza con el paseo del Doctor Torres Villarroel hasta llegar a la rotonda dedicada al torero Santiago Martín “El Viti”, presidida por una escultura de un toro de lidia.
Seguimos caminando junto a la N-630 hasta que las flechas amarillas nos desvían por una pista de tierra a la izquierda hacia Aldeaseca de Armuña (km 5,5). Alcanzamos la iglesia de Aldeaseca de Armuña tras kilómetro y medio.
Hoy convertida en localidad residencial de Salamanca, sus orígenes se remontan a antiguos pobladores celtíberos y romanos. Posteriormente fue repoblada por distintas comunidades tras la Reconquista.
Durante siglos gran parte de sus tierras estuvieron bajo la influencia de la Catedral de Salamanca. El Camino atraviesa sus calles hasta llegar a la iglesia de la Santa Cruz, templo clasicista del siglo XVII con un notable retablo barroco.
Rodeamos la iglesia y continuamos hasta un túnel bajo la autovía (km 7,7).
El paisaje urbano desaparece y comienzan las largas pistas agrícolas rodeadas de campos de cereal. Llegamos a la siguiente población, Castellanos de Villiquera (km 12).
“El Camino siempre sabe en qué momento
debe quedarse el ruido atrás.”
Pequeña localidad fundada durante las repoblaciones medievales del siglo X. Destaca la iglesia de San Juan Bautista, reconstruida en el siglo XVI con elementos románicos de un templo anterior.
Al dejar el pueblo, el horizonte se abre de nuevo en largas rectas entre campos cultivados. Poco a poco aparece a lo lejos la torre de Santa Elena, en Calzada de Valdunciel (km 16,2).
“El horizonte lejano enseña paciencia…
y también esperanza.”
Localidad profundamente ligada a la antigua Vía de la Plata, la antigua calzada cruza el pueblo por la mitad, coincidiendo, en gran parte, su recorrido con el de la calle de Santa Elena en cuyo extremo del sur pervive el topónimo de la Cruz de Santiago, que hace referencia a una ermita antigua y tal vez alude al uso medieval de este trazado de ruta de peregrinación a Santiago. Atravesada la plaza cerca del frontón, la vía discurre por la antes llamada calle o calzada de Zamora (actualmente rebautizada Ruta de la Plata), dejando atrás las casas del pueblo al pie del arroyo de la Vega. Allí pueden apreciarse vestigios posiblemente vinculados a la vía romana. Una hilera de grandes piedras (pontones) servían de pasadera peatonal para el citado arroyo. Algunas de ellas, de robusta forma cilíndrica, han sido identificadas como fragmentos (sin epigrafía( de miliarios. Desde aquí, el camino avanza decididamente hacia el norte, franqueando una loma a través de un tajo artificial que, aunque profundizando posteriormente, debió de ser excavado en su inicio por los autores de la obra romana.
Su iglesia parroquial, bajo la advocación de Santa Elena, corresponde en su conjunto al siglo XVI. Conserva elementos románicos y un valioso retablo barroco del siglo XVIII, además de la venerada imagen del Cristo de la Piedad, de gran devoción en Calzada.
Empotrada en uno de los arcos de la nave, se conserva asimismo una escultura de estilo gótico, probablemente del siglo XIII, que representa a un rey, con una cruz y globo terráqueo en las manos. Probablemente, la escultura fue trasladada de la iglesia antigua al realizarse la nueva obra en el siglo XIV.
En las afueras se conserva también una estela funeraria romana reutilizada como brocal de fuente, testimonio de la antigua presencia romana en este tramo.
Calzada es un típico pueblo de la meseta, situado a unos 800 metros de altitud, donde el clima puede resultar duro en invierno.
En las afueras se conserva también una estela funeraria romana reutilizada como brocal de fuente, testimonio de la antigua presencia romana en este tramo.
Calzada es un típico pueblo de la meseta, situado a unos 800 metros de altitud, donde el clima puede resultar duro en invierno.
Abandonamos Calzada cruzando el arroyo de la Vega. Poco después encontramos una pequeña ermita de nueva factura y un mirador ornitológico.
La pista continúa entre campos de cultivo hasta aproximarnos nuevamente a la N-630 y la autovía (km 19,5 de la etapa).
A partir de aquí comienza el tramo más exigente de la jornada, sobre todo desde el punto de vista mental. Durante unos 15 kilómetros caminaremos prácticamente paralelos a la carretera, por una pista ondulada con pocas referencias.
“La monotonía no es vacío: es un espacio
donde todo lo esencial emerge.”
El cansancio acumulado y la sensación de distancia interminable ponen a prueba la paciencia del peregrino. Conviene caminar sin prisa, hidratarse bien y aceptar el ritmo que marque el cuerpo.
Un punto de referencia a tener en cuenta puede crearnos alguna dificultad si caminamos en época de lluvias (km 21,8 de la etapa), el Rivera de Cañedo pasa bajo el puente de la autovía, nos impedirá continuar si las lluvias han sido abundantes. Si esto ocurre la alternativa es bien sencilla, cruzamos bajo el viaducto la A-66, salimos a la nacional y la seguimos por la izquierda hasta tomar una carretera comarcal a mano izquierda (giro de 180 grados) para volver a pasar bajo la autovía y recuperar el camino paralelo a ella.
Tras un último tramo junto a la N-630, un camino a la izquierda nos conduce hasta una carretera local que nos lleva tras una larga recta a nuestro final de etapa, El Cubo del Vino. (km 36,2).
El topónimo “El Cubo” podría aludir a una antigua torre defensiva que vigilaba esta estratégica vía de paso. Situado aproximadamente a mitad de camino entre Salamanca y Zamora, el pueblo acoge al peregrino con la sobriedad propia de la meseta castellana.
A la entrada de la localidad se encuentra el albergue turístico Torre de Sabre, actualmente la única opción de alojamiento.
Su Iglesia Parroquial es la de Santo Domingo de Guzmán, un templo de origen románico, datable principalmente entre los siglos XV y XVI, aunque con reformas posteriores. Destaca por su arquitectura tradicional de la zona de Tierra del Vino, integrándose en la historia de la región zamorana.
En su interior alberga imágenes y elementos de valor artístico y devocional para los vecinos de la localidad.
Esta es una etapa de silencio y perseverancia. No ofrece grandes monumentos ni paisajes espectaculares, pero sí algo profundamente valioso: espacio interior.
La meseta obliga a caminar también por dentro. Aquí el paso se vuelve consciente y el tiempo adquiere otra densidad.
Si en algún momento el cansancio pesa, recuerda que el Camino no se conquista… se consiente. Y que cada paso, por pequeño que parezca, ya es llegada.
>>> 13 km <<<
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>>> 63,3 km <<<































