Ampollas en el Camino


AMPOLLAS EN EL CAMINO
 
      Las ampollas y rozaduras en los pies suelen crear alarma entre los peregrinos. Su aparición puede convertir nuestro caminar en una auténtica tortura que minan la moral de cualquiera. Y no exagero. He visto peregrinos tremendamente desmotivados, y con la moral por los suelos por culpa de las ampollas.

Estas se producen por el constante rozamiento de la piel con los calcetines, y suelen aparecer habitualmente durante las primeras jornadas del Camino. Normalmente, se deben a calcetines inadecuados, o calzado nuevo. Para evitarlas tenemos que adquirir unos calcetines que eviten rozaduras y sobre todo no estrenar calzado en el Camino.


Debemos tener una cosa clara,
los pies son el vehículo
del peregrino,
si no los cuidamos seguramente
nos sacarán del Camino.


      El calzado para el Camino ha de ser fuerte pero flexible, y sobre todo darle un uso antes de comenzar el Camino.

Por muy buenas que sean unas botas, conviene comprarlas al menos un mes antes para ir acostumbrándolas al pie. De este modo, el pie se adapta a la bota y la bota se adapta al pie. Lo que no es recomendable es comprarlas esta tarde y mañana comenzar el Camino, porque es seguro que aparezcan roces y ampollas hasta que nuestros pies se adapten al calzado.

Como medida de precaución, suelo llevar conmigo unas sandalias de tracking, así, si las botas me causan algún daño o hace excesivo calor, mis pies agradecen la “libertad” de las sandalias que, si son de calidad, garantizan una suela adherente y un ajuste perfecto.


¿Cómo prevenir las ampollas?

      No hay nada mejor que untarse los pies con vaselina antes de comenzar la caminata para que los pies se adhieran perfectamente al calcetín y no cause rozaduras. Ayuda a evitar roces, especialmente los días lluviosos, que son los más peligrosos.

Los calcetines deben adaptarse a la perfección al pie. Es importante que el tejido sea natural y permita la transpiración, ya que el exceso de calor en los pies es también la causa de la aparición de ampollas. En las tiendas de deporte venden unos calcetines antiampollas que van muy bien, sin costuras y que se adaptan de maravilla al pie.

Además, a la hora de colocarlo antes de comenzar la etapa es importante que se ajuste al pie y sus contornos, evitando que se creen arrugas que pueden ser el desencadenante de una ampolla al representar un punto de fricción del pie.

También es importante mantener una correcta hidratación de los pies. Un pie en perfectas condiciones apenas experimentará rozaduras, aunque existen una serie de trucos para evitar la fricción de los pies con las botas o zapatillas, se trata de poner vaselina en las partes en las que el roce es mayor, como puede ser la zona de los talones y los dedos, Es importante que de esta manera protejamos los pies y evitemos la aparición de las temidas ampollas.


¿Y si aparecen,
cómo podemos combatirlas?

      Si a pesar de todo empieza a rozar alguna zona, aún se puede evitar las ampollas. Si cuando caminamos tenemos alguna molestia en los pies, nos paramos, si alguna zona de roce empieza a está roja y escuece al rozarla, o incluso hay una pequeña ampolla, se puede cubrir con un trozo de esparadrapo (sin que haga pliegues) y seguir andando como si nada... con los días esa zona se irá haciendo dureza y no habrá riesgo de ampolla.

"Cada maestrillo tiene su librillo"

      Pero la experiencia como peregrino me ha enseñado que una buena solución, nada agresiva, es poner los pies a remojo en agua tibia con un buen puñado de sal y un potente chorro de vinagre. Ayudan a desinfectar y cicatrizar las ampollas, además de servir de relajación para los pies, cansados tras la etapa diaria.

Quizás la solución más extendida entre peregrinos y que sirve para reducir el tiempo que tarda en desaparecer la ampolla, consiste en una vez finalizada la etapa y ya en el albergue, lavamos la zona y atravesamos la ampolla con una aguja desinfectada con hilo, drenamos completamente el líquido interior y acto seguido la secamos con alcohol y aplicamos abundante Betadine. A continuación, se corta el hilo dejando unos milímetros y se deja secar sin cubrir. Lo aconsejable es que durante la tarde dejemos al descubierto los pies

A la mañana siguiente, y antes de empezar la etapa, protegemos bien la ampolla para evitar rozaduras. Es muy importante que no arranquemos la piel muerta de la ampolla, esta nos protege de infecciones.

También es imprescindible hacer las curas cada día, tras el periodo de unos días la ampolla acabará y el hilo caerá por sí solo.

Buen Camino

La concha peregrina


LA CONCHA PEREGRINA
Una mano abierta al mundo

      El aspecto del peregrino ha ido evolucionando a lo largo del tiempo, desde la larga capucha, con una bolsa de piel sin ataduras, sandalias, bordón y calabaza, a atuendos deportivos donde los materiales sintéticos son los predominantes. La peregrinación a Santiago de Compostela ha cambiado mucho desde entonces, algunos defienden que ha progresado, otros que ha sucumbido a las exigencias de una sociedad cada vez más alejada de los valores cristianos y sus tradiciones.

Sea cual sea el sentido que se le quiera dar a la evolución de la Peregrinación a Santiago de Compostela, esta sin lugar a dudas está más viva que nunca, los caminos son frecuentados por cientos de miles de almas peregrinas cada año.

Naturalmente la motivación que empuja a muchas personas al Camino de Santiago no es únicamente religiosos o espirituales, las hay de todo tipo, deportivos, culturales, una forma de descubrimiento interior o simple y llanamente, por turismo, pero en el fondo pienso que todas ellas cumplen un mismo objetivo, LA BÚSQUEDA de la FELICIDAD.

Pero todo esto no es nuevo, no es algo surgido de una tendencia, de una "moda", en la Edad Media también era muy recorrido, como ahora no todos lo hacían motivados por sus sentimientos piadosos y amor hacia Dios, también por otros motivos. La mayoría hacían el camino por una promesa en un momento de desesperación o enfermedad, muchos otros al igual que ahora con la esperanza de superar una vida que no les gustaba. Tampoco faltaban los que saltaban al Camino para huir de algo, o aquellos aventureros ansiosos por conocer nuevas gentes y lejanos horizontes. Otros, los peores sin embargo no iban motu proprio, sino obligados. Si, obligados por una pena o castigo judicial.




      En la actualidad, todos utilizamos la concha de vieira en nuestro camino, la colgamos de nuestras mochilas desde el primer día, pero en la antigüedad no fue así. En aquel entonces la concha era tan solo portada por aquellos peregrinos que ya habían finalizado su peregrinación a Santiago de Compostela y que ya estaban de regreso a su lugar de procedencia.

Esta recibía el nombre de “Pecten Maximus” y simboliza la generosidad, una virtud que desde el momento en que había alcanzado el final del Camino, debería acompañarle el resto de sus días. En la concha de venera (vieira), se quiere ver una mano abierta, que simboliza la generosidad. Esta virtud también se alcanza hoy en día, ya que quién ha vivido la experiencia de ser peregrino a Santiago de Compostela nunca vuelve a ser el mismo, el CAMINO les cambió para siempre.

En aquel entonces fue tal la relevancia de esta concha en la peregrinación que hasta el mismo molusco terminó llamándose "vieira" por el razonable parecido entre la palabra venera y “vieiro” que significa camino en gallego.

Hay que remontarse hasta el «Códice Calixtino» la primera "guía" para peregrinos, donde se registra el significado de las conchas de vieira y por qué los peregrinos las llevaban en sus capas para mayor gloria del apóstol.




      P
or lo mismo que los peregrinos que vienen de Jerusalén traen las palmas, así los que regresan del santuario de Santiago traen las conchas.

Pues bien, la palma significa el triunfo, la concha significa las obras buenas. Pues hay unos mariscos en el mar próximo a Santiago, a los que el vulgo llama vieiras, que tienen dos corazas, una por cada lado, entre las cuales, como entre dos tejuelas, se oculta un molusco parecido a una ostra. Tales conchas están labradas como los dedos de la mano y las llaman los provenzales nidulas y los franceses crusillas, y al regresar los peregrinos del santuario de Santiago las prenden en las capas para gloria del Apóstol, y en recuerdo de él y señal de tan largo viaje, las traen a su morada con gran regocijo. La especie de corazas con que el marisco se defiende, significan los dos preceptos de la caridad, con que quien debidamente los lleva debe defenderse, esto es: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo.

Se cuenta que siempre que la melodía de la caracola de Santiago, que suelen llevar consigo los peregrinos, resuena en los oídos de las gentes, se aumenta en ellas la devoción de la fe, se rechazan lejos todas las insidias del enemigo; el fragor de las granizadas, la agitación de las borrascas, el ímpetu de las tempestades se suaviza en truenos de fiesta; los soplos de los vientos se contienen saludable y moderadamente; las fuerzas del aire se abaten.


/ Moralejo, S., C. Torres, y J. Feo. Liber Sancti Jacobi; Codex Calixtinus.
Santiago de Compostela, 1951. Pp. 205-206 and???

Ultreia et Suseia

Lorca y el Camino


LORCA Y EL CAMINO

Santiago Balada Ingenua


Esta noche ha pasado Santiago
su camino de luz en el cielo.
Lo comentan los niños jugando
con el agua de un cauce sereno.

¿Dónde va el peregrino celeste
por el claro infinito sendero?
Va a la aurora que brilla en el fondo
en caballo blanco como el hielo.

¡Niños chicos, cantad en el prado
horadando con risas al viento!

Dice un hombre que ha visto a Santiago
en tropel con doscientos guerreros;
iban todos cubiertos de luces,
con guirnaldas de verdes luceros,
y el caballo que monta Santiago
era un astro de brillos intensos.

Dice el hombre que cuenta la historia
que en la noche dormida se oyeron
tremolar plateado de alas
que en sus ondas llevóse el silencio.

¿Qué sería que el río paróse?
Eran ángeles los caballeros.

¡Niños chicos, cantad en el prado.
horadando con risas al viento!

Es la noche de luna menguante.
¡Escuchad! ¿Qué se siente en el cielo,
que los grillos refuerzan sus cuerdas
y dan voces los perros vegueros?

Madre abuela, ¿cuál es el camino,
madre abuela, que yo no lo veo?

Mira bien y verás una cinta
de polvillo harinoso y espeso,
un borrón que parece de plata
o de nácar. ¿Lo ves?
Ya lo veo.

Madre abuela. ¿Dónde está Santiago?
Por allí marcha con su cortejo,
la cabeza llena de plumajes
y de perlas muy finas el cuerpo,
con la luna rendida a sus plantas,
con el sol escondido en el pecho.

Esta noche en la vega se escuchan
los relatos brumosos del cuento.

¡Niños chicos, cantad en el prado,
horadando con risas al viento!

Una vieja que vive muy pobre
en la parte más alta del pueblo,
que posee una rueca inservible,
una virgen y dos gatos negros,
mientras hace la ruda calceta
con sus secos y temblones dedos,
rodeada de buenas comadres
y de sucios chiquillos traviesos,
en la paz de la noche tranquila,
con las sierras perdidas en negro,
va contando con ritmos tardíos
la visión que ella tuvo en sus tiempos.

Ella vio en una noche lejana
como ésta, sin ruidos ni vientos,
el apóstol Santiago en persona,
peregrino en la tierra del cielo.

Y comadre, ¿cómo iba vestido?
le preguntan dos voces a un tiempo.

Con bordón de esmeraldas y perlas
y una túnica de terciopelo.

Cuando hubo pasado la puerta,
mis palomas sus alas tendieron,
y mi perro, que estaba dormido,
fue tras él sus pisadas lamiendo.
Era dulce el Apóstol divino,
más aún que la luna de enero.
A su paso dejó por la senda
un olor de azucena y de incienso.

Y comadre, ¿no le dijo nada?
la preguntan dos voces a un tiempo.

Al pasar me miró sonriente
y una estrella dejóme aquí dentro.

¿Dónde tienes guardada esa estrella?
la pregunta un chiquillo travieso.

¿Se ha apagado, dijéronle otros,
como cosa de un encantamiento?

No, hijos míos, la estrella relumbra,
que en el alma clavada la llevo.

¿Cómo son las estrellas aquí?
Hijo mío, igual que en el cielo.

Siga, siga la vieja comadre.
¿Dónde iba el glorioso viajero?

Se perdió por aquellas montañas
con mis blancas palomas y el perro.
Pero llena dejome la casa
de rosales y de jazmineros,
y las uvas verdes en la parra
maduraron, y mi troje lleno
encontré la siguiente mañana.
Todo obra del Apóstol bueno.

¡Grande suerte que tuvo, comadre!
sermonean dos voces a un tiempo.

Los chiquillos están ya dormidos
y los campos en hondo silencio.

¡Niños chicos, pensad en Santiago
por los turbios caminos del sueño!

¡Noche clara, finales de julio!
¡Ha pasado Santiago en el cielo!

La tristeza que tiene mi alma,
por el blanco camino la dejo,
para ver si la encuentran los niños
y en el agua la vayan hundiendo,
para ver si en la noche estrellada
a muy lejos la llevan los vientos.


/ Federico García Lorca

Santiago (libro de poemas, 1921)
Balada ingenua, 25 de julio de 1928
(Fuente Vaqueros, Granada)


Ultreia et Suseia

Ultreia et Suseia


ULTREIA ET SUSEIA

¿De dónde nos viene esta palabra?
¿Qué querían decir con ello?
¿Por qué se utilizaba y, por quién...?

      La palabra Ultreia (también escrita como Ultrella o Ultreya ), aún se sigue utilizando hoy en día por los peregrinos del Camino de Santiago.

Su raíz es latina está formada por dos palabras, ultra (más) y eia (allá).

Su significado no era otro que el de darse ánimo entre peregrinos, una complicidad hermanada desde el más profundo sentimiento peregrino

Vamos más allá,
sigue adelante

      Cuando un peregrino se encontraba en el Camino con otro, fuese amigo o desconocido el primero saluda exclamando:

Ultreia (más allá) el otro correspondía al saludo et Suseia (más arriba).

Más allá... y más arriba.
Más allá de lo que pesa.
Más arriba de lo que oscurece.

      Es un saludo antiguo, pero sigue siendo una llamada actual: no te detengas, no te conformes, no te quedes en lo inmediato.

Que cada paso te lleve un poco más lejos de tus miedos y un poco más cerca de tu verdad.

Seguimos, compañero.
Siempre hacia adelante.

Ultreia et Suseia

La flecha amarilla


LA FLECHA AMARILLA

      La flecha amarilla es una señal humilde, sin adornos ni pretensiones. Un trazo sencillo de pintura, tan modesto como el peregrino que la dibuja y aquel que, confiado, la sigue.

Aparece en los lugares más inesperados: en un mojón desgastado, en un muro de piedra, sobre un tronco, en el asfalto o en la esquina de un poste. Siempre la misma: una simple flecha amarilla, nacida de la generosidad y pintada con el cariño de una mano amiga, la de un peregrino anónimo que quiso guiar a otros.

En momentos de duda, saldrá a tu encuentro como fiel compañera. La echarás de menos cuando no aparezca; y cuando la veas de nuevo, sentirás su compañía en la soledad del Camino. Esa flecha fue pintada para ti, para animarte en los instantes de cansancio, para recordarte:

"un poco más, ya casi estás"

      A menudo, caminamos tan sumidos en pensamientos que parece que flotamos sobre la senda. De pronto, al regresar a la realidad, surge la pregunta: ¿cuándo vi por última vez una flecha amarilla? Entonces la inquietud asoma: ¿me habré desviado?

Cuando la señal parece haber desaparecido, el corazón se agita. Pero la flecha también nos enseña paciencia. Hay que detenerse, recordar el último lugar donde la vimos, volver atrás si es necesario, y reencontrarla. Solo entonces recobramos la certeza de andar por el buen camino. Un pequeño descuido pudo apartarnos, pero la flecha siempre está ahí, esperando a que retomemos la senda.

Y cada vez que la encuentres de nuevo, mírala también como un signo interior. Ella recuerda que las verdaderas guías de la vida suelen ser humildes, discretas, y que basta un trazo sencillo para señalar el rumbo. La flecha te susurra:

No estás perdido,
sigue adelante, todo va bien.


El origen de la flecha amarilla

      Todo en la vida tiene un porqué, un principio, un precursor. Para conocer la primera flecha amarilla hay que remontarse al siglo pasado, a 1984, mucho antes de que el Camino de Santiago se convirtiese en la ruta que hoy todos conocemos y que ha alcanzado tanta fama.

En aquellos años, en Galicia, había un sacerdote llamado Elías Valiña Sampedro. La rectoral de su parroquia estaba en muy mal estado y hacía las veces de hospedería para peregrinos. Don Elías disfrutaba recibiendo a quienes llegaban a su puerta y escuchando sus historias. Su interés y dedicación lo convirtieron en el primer estudioso serio de las rutas jacobeas, no solo como pilares de la fe, sino también como símbolos de unidad en Europa.

Los peregrinos eran pocos, pero a veces la hospedería se quedaba pequeña. Entonces, el padre Elías acondicionaba algunas pallozas con paja en el suelo para poder alojar a más gente. Por aquel entonces, cualquier refugio, por humilde que fuera, era un regalo del cielo para quienes caminaban.

Al asumir la parroquia de O Cebreiro, se propuso restaurar la iglesia, la hospedería y todo el poblado, que en aquellos tiempos estaba en peligro de desaparecer. Los peregrinos que compartían mesa con él solían quejarse de lo fácil que era perderse en el Camino, desperdiciando jornadas enteras. Don Elías decidió poner fin a ese problema señalizando los senderos originales de las rutas jacobeas, entonces prácticamente olvidados.

A principios de los años ochenta, cuando comenzaban a llegar las carreteras a Galicia, el padre Elías pidió ayuda a las empresas constructoras. Estas le cedieron restos de pintura amarilla sobrante de las obras. Con un firme propósito de mejorar la señalización del Camino, cargó los botes en su viejo “Dos Caballos” y se dedicó a marcar la ruta con flechas amarillas.

Recorrió incontables veces los más de 800 kilómetros que separan Finisterre de los Pirineos, y también trabajó en los caminos de Francia. Los peregrinos podían verlo transportando los botes, pintando flechas, y poco a poco, más voluntarios se unieron a su causa. Cada trazo amarillo que dejaba era un gesto de cuidado y compañía, un hilo que conectaba el pasado con cada paso del presente.



Don Elías Valiña y la herencia
de la flecha amarilla

      Durante años, Don Elías Valiña dedicó su vida al Camino. Fue precursor de muchas asociaciones de amigos del Camino, hoy fundamentales en la conservación de la flecha amarilla.

En 1982, fue comisionado por la Secretaría de Turismo para redactar El Camino de Santiago. Guía del peregrino. Desde entonces, el “Cura do Cebreiro” continuó perfeccionando guías y mapas, con la intención de ofrecer al peregrino herramientas que hicieran su caminar más seguro y pleno. Su obra más difundida fue la edición publicada por Everest en 1985, y trabajó sin descanso hasta sus últimos días. La cartografía complementaria a la guía la concluyó en la primavera de 1989, falleciendo en diciembre de ese mismo año, a los 60 años, dejando un legado imborrable.

Poco a poco, las flechas amarillas se han convertido en un emblema indiscutible del Camino de Santiago, símbolo de guía, cuidado y compañía, todo gracias al esfuerzo infatigable y al amor profundo de Don Elías por el Camino.

Peregrino, cada vez que te sientas perdido y una flecha amarilla te devuelva la sonrisa, detente un momento. Eleva la mirada, respira hondo y recuerda que tras aquel simple trazo hay manos, corazón y alma que caminan contigo desde hace décadas. Que tu gratitud silenciosa se una a la memoria de Don Elías, el curita de O Cebreiro, y que cada flecha te inspire a seguir adelante, confiando en que nunca estás solo en tu camino.



Ultreia et Suseia

La Vía de la Plata, su historia


LA VÍA DE LA PLATA,
SU HISTORIA

Introducción

      Perfilar los extremos geográficos de la Vía de la Plata no es tan fácil, hay que profundizar tanto en su dilatada Historia, como en el origen etimológico de su nombre y fenómeno territorial del mismo. De una forma metafórica-poética podríamos decir que este camino es como un gran árbol, con sus raíces y ramas, que ha conformado la ordenación territorial de gran parte del occidente peninsular, además de haber contribuido en la Historia española, europea y universal. Al respecto, la visión que algunos (con buena fe) tienen de este camino, es parcial; volviendo a la metáfora anterior, es como ver sólo la mitad superior del tronco mientras que la otra mitad inferior la ignoran, sin tener en cuenta que es precisamente esta mitad inferior la que le da significado y sustenta a la otra mitad. Intentaremos hacer aquí una breve reflexión sobre algunos aspectos que debemos considerar a la hora de tener una visión más integral y acertada de este fenómeno viario.

Factores que dieron lugar
a este Camino
      Este histórico eje de comunicación Sur-Norte/Norte-Sur, que vertebra todo el occidente peninsular, fue fruto básicamente de dos factores:
Necesidades humanas

Los cambios estacionales dieron lugar a continuas migraciones de la fauna salvaje en busca de pastos, por culpa de las nieves y los estíos. Tras ella, y por razones cinegéticas, los primitivos cazadores comenzaron a trazar los primeros senderos a lo largo del occidente peninsular. Después, con la revolución del neolítico y la domesticación de los animales, llega la trashumancia, aprovechando y consolidando estos primitivos cauces. Todo esto ocurre en la prehistoria, desde las actuales zonas atlánticas andaluzas hasta tierras leonesas y cornisa cantábrica. Ya en esta época prehistórica detectamos, en excavaciones arqueológicas, un incipiente flujo comercial por este recorrido. Poco después, en la protohistoria, en la “Edad del Bronce Orientalizante” (I milenio a.C.) y Edad del Hierro (s.V a. C.), descubrimos, sorprendentemente, cómo una serie de elementos comerciales de prestigio (cerámicas, marfiles, vidrios, bronces…) venidos del otro lado del Mediterráneo (de Oriente Próximo, Egipto, Grecia…) penetran, como una “cuña”, en el interior de la Península Ibérica, y casi exclusiva y sorprendentemente por este corredor viario, desde la factoría fenicia de Cádiz hasta la zona leonesa. Por otro lado, se aprovecha este trazado con fines militares para la dominación del territorio, desde el siglo III a.c. hasta hoy.


Condicionantes físicos
      Para poder saciar todas estas necesidades humanas (cinegéticas-trashumantes, comerciales y militares) hay que salvar barreras naturales que obstaculizan perpendicularmente a este itinerario: grandes ríos y sistemas montañosos. Esto se realiza por pasos obligados: vados y puertos de montaña. Pero he aquí que lo que posibilitó que este itinerario tuviera un “cuerpo” en toda su extensión, desde la zona gaditana a la leonesa, fue la coincidencia aquí de esos pasos naturales obligados, posibilitando un trazado histórico casi rectilíneo. Así tendríamos: la conjunción de varios vados en el Guadalquivir, en el entorno de Sevilla; el Puerto del Viso, en Sierra Morena, en Monasterio; el Vado del Guadiana, en Mérida; el Puerto de las Herrerías, en la Sierra de san Pedro, en Alcuéscar; el Vado de Alconétar, en el Tajo; el Puerto de los Castaños, en Grimaldo; el Puerto de Béjar; el Vado del Tormes, en Salamanca; el Vado del Duero, en Zamora; etc. Como ya veremos, en estos pasos estratégicos es frecuente el asentamiento humano, que se confirma en el descubrimiento de una concentración de restos arqueológicos y lugar de nacimiento de principales ciudades históricas.


ROMA - Conquista del territorio

      La conquista del territorio de la zona occidental de la Península Ibérica se produce de Sur a Norte, desde la vega del Guadalquivir, aprovechando este antiguo trazado. Tenemos documentación de cómo, los cuarteles de Itálica (Santiponce), Hispalis (Sevilla) y Córduva (Córdoba), son puntos de partida de tropas romanas o recepción de razias indígenas, en las Guerras Lusitanas.


Infraestructura, el puente de Mérida
      Lo único que hacen los romanos fue consolidar un camino ya preexistente. Un ejemplo de ello fueron sus puentes. Centrándonos en el Puente de Mérida, habría que decir que aquí existe un histórico vado. Las informaciones arqueológicas de las que disponemos es que desde la prehistoria hay una gran concentración de asentamientos en todas las épocas (incluso debajo de su casco urbano); cosa lógica por la existencia de este paso natural. Donde hubo un vado de este camino los romanos hacen un puente, como el de Guadiana; y para controlar este paso obligado del camino Augusto funda una ciudad (25 a.c.). Aunque hay evidencias que, con anterioridad, con César pudo haber aquí un asentamiento militar. Este Puente se encuentra al sur de Mérida y se puede considerar el más largo del imperio. Todo esto es significativo a la hora de comprender la integridad territorial Sur-Norte de esta calzada.


Planificación viaria del territorio
      A lo largo de los siglos de dominación romana este camino pre- y protohistórico fue consolidándose por tramos, con arreglo a las posibilidades económico-administrativas en cada momento. Así pues, la Provincia de Lusitania con capital en Augusta Emérita (Mérida), se le dedica más inversión y dedicación a este trazado, siendo esta ciudad el “kilómetro cero” de la planificación viaria-administrativa. Es por ello por lo que vemos que los restos más evidentes documentados de su trama pétrea van desde las Sierras de Los Santos de Maimona, al Sur, que servían de límite de Lusitania con la Bética (provincia ésta que le dedicó menos atención); hasta la zona de Helmántica (Salamanca) -Ocelo Duri (Zamora), por donde se encontraba el límite con la Provincia Tarraconense, luego Gallecia (también esta administración del dedicó menos atención). Es lo que pasaba hasta hace poco, cuando íbamos en coche por carretera y al cambiar de provincia o región el firme estaba en peor o mejor estado, pero seguía siendo la misma carretera. En resumen, donde la calzada está mejor conservada es entre Los Santos y Salamanca; en el resto del trazado, hasta Astúrica Augusta (Astorga) o hasta Itálica (Santiponce) -Hispalis (Sevilla), en sus tramos Norte y Sur, los restos de calzada son más pobres por las razones expuestas, tramos considerados como “vía terrenae”.


Itinerario Antonino
      En esta época no hubo un nombre específico para este trazado, que unía el Sur más romanizado, de la Bética, con el Norte. La evidencia documental más antigua que conocemos que hace referencia al diseño de este trazado, data del s. III., conocido con el nombre: “Itinerario Antonino”. Es una recopilación de itinerarios variados de todo el Imperio, muchos de ellos van en zig-zag, y no responden a un itinerario uniforme y lógico. Ello se debe, según los estudiosos, a que estos itinerarios sueltos eran los recorridos que los administradores hacían para el cobro de la “annona”, o impuesto; y que fueron recopilados para servir a estas funciones, y no como una guía para los caminantes. Así vemos, por ejemplo, cómo la “Vía Augusta”, Cádiz-Roma, se representa en este antiguo documento como la suma de varios tramos de distintos itinerarios.

Un ingeniero español del siglo XIX, Eduardo Saavedra, cogió los itinerarios peninsulares de este documento y los enumeró con arreglo a la redacción existente. Si cogemos todos ellos y lo ponemos en un plano, nos sorprenderíamos al ver cómo coincide con las evidencias arqueológicas del itinerario pre- y protohistórico. Es decir, la panificación territorial romana tradujo este camino primitivo, sobre todo desde Gades (Cádiz) hasta Astúrica (Astorga), de forma continua y casi rectilínea, y lo consolidó, dotándole de infraestructuras: puentes; firme, más o menos atendido; “mansios” o lugares de parada y avituallamiento; “miliarios”, para marcar las distancias en millas en algunos de sus tramos; etc. Con la numeración de Saavedra su trazado se correspondería a diversos tramos de los recopilados por el Itinerario de Antonino:

VÍA Nº VII - Gades (Cádiz)-Hispalis (Sevilla).
Después finaliza en Corduba (Córdoba).

VÍA Nº IX - Hispalis-Itálica (Santiponce).

VÍA Nº XXIII - Itálica-Emérita (Mérida).
Arranca en la desembocadura del Guadiana dando un rodeo.

VÍA Nº XXIV - Emérita-Ocelo Duri (Zamora).
Se dirige después a Caesaraugusta (Zaragoza) dando un rodeo

VÍA Nº XXVI - Ocelo Duri-Astúrica Augusta (Astorga).
Arranca en Astorga para dirigirse a Zaragoza.


Uso histórico de su trazada
de forma unitaria
Camino de ejércitos y reyes

      Esta calzada, que fue la consolidación paulatina en época romana de un trazado pre- y protohistórico, siguió siendo utilizada por culturas posteriores dado que su infraestructura era estratégica, sobre todo en lugares de obligado paso, con fines militares y comerciales. Por ejemplo, tenemos un documento del siglo VII d. c. conocido bajo el nombre: “Anónimo de Rávena”; en donde se enumeran las mansiones o paradas de los diversos tramos de todo su recorrido, añadiendo algunas poblaciones más. En época goda sirvió como itinerario para las tropas de los reyes: Gunderico, Requila, Teodorico II, Ágila…; prácticamente desde todo el Norte hasta todo el Sur peninsular, siendo el puente romano de Mérida un paso clave hacia el Sur. En época musulmana nuestra calzada sirvió como un gran instrumento militar Sur-Norte para las primeras tropas de Muza, en el 712, posibilitando su fulgurante conquista desde Cádiz-Sevilla hasta Mérida (fue la primera calzada que pisaron). En este periodo fue utilizada por innumerables campañas intestinas, correrías y desplazamientos. En los primeros momentos de la conquista cristiana la anduvieron reyes como Alfonso IX y X, Sancho IV…; y, después, por los propios Fernando el Católico y Carlos V. De todos estos reyes tenemos documentación de su paso desde Cáceres-Mérida hasta Sevilla-Cádiz, siguiendo la calzada, es decir: era utilizada de forma unitaria desde el Norte de Mérida y hasta el Sur, y viceversa.


Camino de Caminos
      Este camino romano fue aprovechado en algunos de sus tramos por caminos pecuarios para la trashumancia. También fue camino de peregrinación o “Camino Mozárabe de Santiago”, por los cristianos residentes en territorio musulmán, pues aprovechaban sus infraestructuras hacia el Norte. Al respecto tenemos noticias de un documento de 1622 que nos narra el traslado de las reliquias de San Isidoro desde Sevilla a León, en el s. XI, dice así: “(…) por el muy antiguo camino romano, hoy de peregrinos (…)”.

Pero los peregrinos o viajeros de la época no siempre utilizaron el trazado romano, ya que hubo ciudades de nueva creación que hicieron de polo de atracción, saliendo de la calzada ramales medievales, como por ejemplo a las ciudades de Zafra o Plasencia, que luego se convirtieron en carreteras.

Todo evoluciona y como un río que cambia de cauce sigue siendo el mismo río, se moderniza su trazado primigenio dando nuevos trazados y tipologías: Carretera Nacional 630, Ferrocarril, Autovía-66; todas hijas del trazado romano. Así se ha creado un corredor geográfico-viario que se ha venido a denominar: “Ruta de la Plata”; un galicismo o préstamo del francés que da nombre, de forma genérica, al recorrido que básicamente se relaciona o identifica con el espacio geográfico Sevilla-Astorga; con la prolongación hasta Gijón, que también fue ramal romano secundario, y hoy es la C.N.-630; y con la prolongación hasta Cádiz, solapada calzada con la más conocida: “Vía Augusta”; hoy C.N.-4 y Autovía IV.


Un nombre para un Camino
Ningún nombre, pero sí un mismo trazado

      En resumen, como ya hemos dicho, en época romana este recorrido no tiene ningún nombre (que sepamos), pero su traza y su reflejo en el Itinerario Antonino (con multitud de “mansios” o paradas en todo su recorrido) se nos representa ante nuestros ojos como un cuerpo íntegro y casi rectilíneo, básicamente desde Cádiz y Sevilla hasta Astorga, vertebrando todo el occidente peninsular y uniendo principales ciudades administrativas romanas y medievales.


Sobre el topónimo "Plata"
Resumidamente estas son las versiones sobre su procedencia:

1ª. / del latín “platus” (ancho, llano, avenida principal).

2ª. / del árabe “al-balath” (pavimento) o de “balata” (camino enlosado, empedrado, o importante), en donde su primera sílaba (ba-) se pronuncia de una forma cerrada, con “a” muda, parecida a la “p”, evolucionando al castellano en el medievo como “(p)lata”.

3ª. / de “delapidata” (empedrada).

      Por mi parte propongo una solución intermedia: la expansión musulmana se encontró con una magnífica y estratégica red viaria romana. Hubo entonces un “latinismo”, un préstamo idiomático del latín al árabe, y después al castellano. En resumen: “platus” (o “delapidata”) = “b(a)lata” = “plata”.

Los testimonios de “balata”, “albalat”, “albaladejo”… son frecuentes verlos relacionados con itinerarios históricos o calzadas romanas. Del mismo modo “de la plata” es frecuente encontrarla en otros puntos del territorio hispano, básicamente en su mitad sur, asociándose a viejos caminos romanos o importantes, siendo el eje occidental S.-N./N-S, desde el Estrecho gaditano hasta la zona leonesa, en donde mejor se ha conservado de forma continua. También hay testimonios en el norte de África y Palestina. Por ejemplo, al Sur de Mérida lo encontramos en Los Santos de Maimona, como “Puerto de la Plata” y “Camino de la Plata”, prolongándose éste por los términos de Zafra, Medina de las Torres, Calzadilla de los Barros, Fuente de Cantos, Monesterio, Real de la Jara, Almadén “de la Plata”, Castilblanco de los Arroyos, Alcalá del Río y hasta llegar a Sevilla. También entre Cádiz y Sevilla encontramos el topónimo “plata”, ligado a hitos geográficos ligado a la calzada que unía ambas poblaciones, más conocida también como “Vía Augusta”.


Archivo Municipal de Sevilla

      Precisamente el testimonio más antiguo que tenemos documentado como “Camino de la Plata”, data del siglo XIV, de 1.370 (Archivo Municipal de Sevilla), en referencia a su paso por Sierra Morena. También es este entorno tenemos una pista evidente, la actual población de Almadén “de la Plata”, en cuyo término se viene situando una de las paradas de nuestra calzada, citadas por el Itinerario Antonino: “Mons Mariorum”; y en donde existen canteras de mármol romanas, utilizando esta calzada para suministrar su producción, como está demostrado, a ciudades como Emérita (Mérida), Itálica (Santiponce) e Hispalis (Sevilla).

Por tanto, “Camino de la Plata” no es más que el nombre meramente circunstancial y popular, relativamente moderno, ya que procede del medievo, pero que expresa una unidad y realidad viaria e histórica que ha vertebrado todo el occidente peninsular, y que ha servido de instrumento en importantes acontecimientos; nombre que conocemos desde, al menos, mediados del siglo XIV.

Con el tiempo este nombre, en el Renacimiento español cuando se vuelve la mirada por el gusto de la cultura clásica, y sobre todo a partir del siglo XVI … es cuando de forma “culta” se comienza a denominar en ciertos círculos académicos: “Vía de la Plata”; ya que “vía” es palabra latina y quedaba mejor para nombrar a una calzada romana o a este importante camino histórico. Como “camino” se ha seguido utilizando hasta nuestros días, manteniéndose aún vivo en la conciencia colectiva en las zonas rurales, sobre todo en la gente mayor, como lo he constatado en mis trabajos de campo; y tanto al Norte como al Sur de Mérida.


Origen del entuerto Mérida - Astorga

Iter ab Emerita Asturicam
El Camino de la Plata

      Aunque en latín, no es más que el moderno y arbitrario título de una tesis doctoral de 1971, del ilustre Profesor D. Roldán Hervás. Gran trabajo de investigación, su importancia radica en la recopilación de múltiples estudios locales o generales sobre algún especto de esta calzada. Aunque en algunos aspectos ha quedado desfasado, es obra importantísima y de obligada consulta.
Pero el problema viene cuando, en esta obra, nuestro camino lo hace arrancar en Mérida en base a algún antiguo autor y al origen de la numeración de sus “miliarios”, columnas pétreas en donde se solía inscribir el emperador que ejecutó o reparó la obra, y la milla correspondiente (del latín: “millia passuum” = mil pasos = una milla romana = 1480 metros).

Pero hagamos una reflexión: lógico era que, siendo Emérita Augusta la capital de Lusitania, aquí estuviera la milla “cero” para diversos trazados que desde aquí se ordenaban para el resto del territorio provincial. Pero eso no quiere decir que Mérida fuera “arranque” del Camino de la Plata (ya hemos demostrado que fue “consecuencia” de este camino que aquí aprovechaba un vado en donde se hizo un puente y una ciudad para su control), sino que, al ser el núcleo político-administrativo, las millas se contaban desde aquí. Por otro lado, al Norte de Itálica (Santiponce) se han encontrado miliarios. También tenemos algunas noticias al sur de Mérida.

En este sentido hay que advertir una inadvertida incongruencia en la importante obra de Roldán Hervás: identifica como “Camino de la Plata” a la calzada que unía Emérita y Artúrica, pero reconociendo en sus páginas que tal topónimo, como identificador de la vía romana que él propone, se desconoce al Norte de Salamanca (aunque sí se conoce como camino pecuario existente en su entorno hasta la zona leonesa); del mismo modo reconoce casi la inexistencia de miliarios y menores restos de calzada al Norte de esta ciudad. Al mismo tiempo, no menciona, o no quiere reconocer, las mansiones, restos y testimonios de calzada y topónimo “de la Plata” existentes hasta Hispalis (Sevilla), básicamente. Esta incongruencia echa por tierra el propio título de esta obra como identificación exclusiva al “Camino” o “Vía de la Plata”.


La "bola de nieve"
de una interpretación arbitraria

      Desde la publicación de su Tesis, en 1971, tanto los investigadores y escritores posteriores, sin advertir tales incongruencias y sin documentarse lo debido, repitieron este mismo error de enfoque que daba una imagen parcial (Mérida-Astorga), cosa que ha sentado cátedra hasta tal punto que en prestigiosas obras de Historia y modernos vehículos de información de Internet (Wikipedia, Instituto Cervantes, etc.) repiten lo mismo; sin que se diga nada de que, por ejemplo, el más antiguo testimonio documental que se menciona como “Camino de la Plata”, se encuentra entre Sevilla y Mérida; etc.


Disputas estériles entre Vía y Ruta
      Actualmente este farragoso entuerto ha dado lugar a serias disputas entre asociaciones, también políticas entre ayuntamientos y organismos. Así vemos cómo, con miras a la rentabilización del Patrimonio Cultural y Natural de este histórico corredor viario, se crea la “Red de Cooperación de Ciudades en la Ruta de la Plata”, sobre todo para captar inversiones estatales y europeas. La conforman algunas ciudades directamente relacionadas con el trazado real que aquí hemos documentado, y otras próximas al trazado romano o indirectamente relacionadas, como las existentes desde Gijón hasta León, que es un ramal o prolongación de la básica Sevilla-Astorga, pero no menos histórica. El cuerpo fundamental de esta asociación es el eje de la Carretera Nacional-630 Gijón-Sevilla.

Pero aquí ocurre un problema, que hay ciudades o pequeñas poblaciones por donde pasa la calzada romana que no están en esta red de ciudades, creándose la “Asociación de Pueblos de la Vía de la Plata”, al sentirse discriminados y denunciando, con buena fe, pero de forma errónea, la “falsificación de la Historia” por parte de la “Red de Ciudades” (que no buscan más que la puesta en valor del gran Patrimonio Cultural y Natural existente en este recorrido geográfico y como oportunidad de progreso). Algunos miembros de la asociación de “Pueblos” no están en la C.N.-630, pero sí están en la calzada romana, por lo que reivindican sus legítimos derechos, como es lógico y con razón. El problema viene que lo hagan con la tesis de Roldán Hervás en la mano, el trazado Mérida-Astorga, y con todo lo que ello conlleva de arbitraria interpretación parcial de la amplitud real y protagonismo histórico de este camino; con una falta de miras de las grandes posibilidades del Patrimonio que contiene este corredor geográfico-viario; y sin comprender que la unión entre todos “hace la fuerza”, con miras a su desarrollo socioeconómico conjunto.

Por otro lado, aquí ocurre una contradicción por parte de la asociación de “Pueblos”, mientras se alza la voz sobre cierto purismo histórico, se ignora o se olvida o no se quiere reconocer, las evidencias documentales y materiales, anteriormente expuestas, y la trascendencia histórica a lo largo de todo su recorrido. Personalmente estoy con toda asociación que defienda este camino, como es la de “Pueblos”, por lo que aplaudo su gran labor y esfuerzo, que me causa admiración; pero con lo que no estoy de acuerdo es en que me lo corten en Mérida, y que tengan una visión más bien localista al no considerar su corredor geográfico que, a mi parecer, sería enriquecedor para todos y para ellos mismos.


La Vía de la Plata un camino para nuestro desarrollo
Solución integradora
      Por un lado, hay que tener una visión no parcial de la Vía de la Plata (Mérida como “arranque” del camino), sino en su totalidad, como la documentación lo constata (Mérida como “consecuencia” del paso del camino).

Por otro, sería el reconocimiento precisamente de la Historia a la que se hace referencia, y de tener una visión integradora teniendo el concepto de “corredor geográfico”, en donde se consideren, sin exclusiones, todos sus trazados conjuntamente, y que aquí coinciden, se abrazan y se interrelacionan (Calzada Romana, Camino Mozárabe de Santiago, Cañadas Reales, Carretera Nacional-630, Ferrocarril y Autovía-66). Esto hay que hacerlo distinguiendo sus diferencias de trazados, pero, también, sus coincidencias, dentro de un mismo paisaje y entorno, ya que todos estos trazados son el fruto de una misma evolución histórica; un mismo río que se alimenta de varios caudales y que ha esculpido un mismo cauce. En conclusión, tener la visión de un cuerpo integral.


Posibilidades de futuro
      En relación con todo ello tener conciencia de la gran trascendencia de este itinerario cultural (Calzada Romana, Camino de Civilizaciones, Camino de Santiago, etc.). Toda esta suma nos serviría para hacer que la Vía de la Plata, en ese concepto de “paisaje cultural”, sea reconocida como “ITINERARIO CULTURAL EUROPEO” y como “PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD” (advertir que está en la lista del Ministerio de Cultura para esta última declaración). Y puesto que este camino es el resultado de un “crisol” de civilizaciones, es una gran oportunidad para el encuentro y el diálogo de culturas: un Camino para la Paz.

En conclusión, el “Camino” o “Vía de la Plata” es una realidad más amplia de la que, con buena fe, algunos pretenden; y que Mérida no es “arranque” sino “consecuencia” de un mismo camino y calzada Sur-Norte/Norte-Sur. Si no, ¿por qué ubicar esta ciudad aquí para el control de su puente romano sobre el Río Guadiana, antiguo e histórico vado de un camino anterior?... Para concluir definitivamente todo esto, volvamos a aquella metáfora con la que iniciamos este escrito.

Os brindo una poesía de mi cosecha del libro: “Del Hombre y sus Ruinas. Un viaje poético, de mar a mar, por la Vía de la Plata”; para que sepáis apreciar los múltiples aromas y trinos que nos ofrece este ancestral y fértil árbol.


DE UNA UNIVERSIDAD ABIERTA Y DE LAS HUMILDES ENSEÑANZAS QUE ESCONDE EN SUS PAISAJESY EN SUS PIEDRAS

(A la Vía de la Plata, en un iniciático viaje desde las “Columnas” a la “Torre” de Hércules)


"Eres un camino viejo y fecundo,
como un gran árbol con raíces y ramas;
un sabio jardín de encinas, retamas…
un rico hogar del pobre vagabundo.

Sacias tu sed en mares andaluces,
subes tu savia por tronco extremeño,
castilla y león multiplica tu sueño,
y al galaico, astur, cántabro… seduces.

De hondos océanos a copas al viento,
viajan -hermanos- hombre y cigüeñas…
¡cuánta piedra entre silencio y espliego!

Hoy ando tu dormido pavimento,
reflejos de plata en valles y peñas…
-de mar a mar en tus sueños navego-".

/ Diego Muñoz Hidalgo
(Historiador, Escritor y Artista)
Cofundador de Amigos
de la Vía de la Plata-Camino de Santiago

Ilustración de cabecera:
Diego Muñoz Hidalgo

Artículo publicado con permiso del Autor

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