Al otro lado del Mediterráneo, el Apóstol fue martirizado y sus restos traídos a la Península... De ésta y otras leyendas, ¡el primer y único testimonio arqueológico lo tenemos en Mérida!: un gran epígrafe de mármol dedicado a las reliquias de la visigoda iglesia de Santa María, que se encontraba en la Alcazaba, en donde se mencionan las de Santiago. Sorprende el desconocimiento de este importante documento (¡con mucho menos se han diseñado polos espirituales de primer orden!), sobre todo cuando data de la primera mitad del siglo VII (dos siglos antes del descubrimiento de su tumba gallega).
¿El Camino de la Plata,
primer camino jacobeo?
Pero múltiples son los testimonios jacobeos 'plateros': el viaje, en el s. IX (dos siglos antes del Codex), de un diplomático de Al-Ándalus que desde Compostela vuelve por aquí acompañando a paisanos peregrinos cordobeses; los primeros hospitales peregrinos, como el de La Bañeza, en el s. X; el traslado de la Diócesis Metropolitana de Mérida a Compostela, en 1120, gracias a lo cual esta última comenzó a tener peso; la creación de la Orden de Santiago en 1170 en Cáceres ¡en la Vía de la Plata! para «...amparar a los peregrinos de Santiago»; una cláusula de la Orden de Alcántara que dice: «Habrá veinte lanzas en servicio de andar el camino peregrino (…) y otras veinte hasta el puente de Alconétar (paso de nuestra calzada por el Tajo) …»; el testimonio de Gonzalo de Illescas, en 1622, que narra el traslado de las reliquias de San Isidoro de Sevilla en 1063 «llevándole a León, por el muy antiguo camino romano, hoy de peregrinos...», etc. ¡Qué injusticia que la Vía de la Plata haya sido tan ignorada en las investigaciones jacobeas!
/ Diego M. Muñoz Hidalgo
Historiador, escritor y socio fundador de los Amigos del Camino de Santiago de la Vía de la Plata.
Hoy esta calzada renace con savias nuevas: culturales, deportivas, espirituales, turísticas... gracias en su mayor parte a los 'Amigos del Camino de Santiago-Vía de la Plata' que desde 1991 viene recuperando y señalizando con humildes flechas amarillas todo su trazado desde Sevilla y diversos ramales; editando una guía por donde adentrarse en este patrimonio extremeño y universal; un trabajo recompensado con el agradecimiento de miles de peregrinos, un lenguaje que a todos los idiomas une.
Desde tierras andaluzas parte, sereno y ancestral, el Camino Mozárabe de Santiago por la Vía de la Plata. Un sendero jacobeo que recorre la espina dorsal de la Península Ibérica, de sur a norte, atravesando Andalucía, Extremadura, Castilla y León, hasta fundirse con la bruma gallega.
Nace en Sevilla, ciudad de luz, y tras 615 kilómetros de pasos y paisajes, llega a Granja de Moreruela. Allí el Camino se abre en dos: hacia Astorga, siguiendo el latido de la antigua calzada romana, o hacia Orense, siguiendo la llamada interior que guía al alma hacia Compostela.
Esta ruta, la más profunda y silenciosa del sur peninsular, ofrece al peregrino la posibilidad de caminar sin urgencias, de reencontrarse con la soledad fértil del Camino. No es solo un trayecto geográfico: es una travesía interior, una llamada a habitar el silencio, a escuchar lo que solo el polvo de los caminos puede revelar. Una experiencia que, como el fuego lento, transforma el corazón de quien la vive.
Sevilla,
donde empieza el sueño
Todo gran viaje comienza en un umbral sagrado. Y el del Camino Mozárabe de Santiago nace en una ciudad que lleva escrita en su alma la memoria de los siglos: Sevilla.
Cuenta la leyenda que fue un navegante fenicio, Melkart, quien —tras fundar Cartago Nova en el norte de África— se adentró en la península siguiendo el curso del río Guadalquivir. Allí, donde hoy se alza la iglesia del Salvador, fundó una factoría comercial. Aquel hombre, mezcla de mito y historia, sería elevado por su pueblo a la categoría de semidiós. Los romanos lo rebautizaron con un nombre que resonará familiar: Hércules, protector de caminos y fundador de ciudades.
Mucho tiempo después, en el 206 a.C., Escipión el Africano vencía a los cartagineses en la Segunda Guerra Púnica. En esta tierra levantó con sus tropas una nueva urbe: Itálica, cuna de emperadores. Más tarde, Julio César pondría los cimientos de lo que sería la actual Sevilla, con el nombre de Colonia Iulia Romula Hispalis. Así nació una ciudad que lleva en sus venas la sangre de imperios.
Sevilla fue un importante enclave en la Hispania romana, próspera y estratégica, gracias a su ubicación junto al Guadalquivir. Durante siglos, fue puente entre continentes y culturas, escenario de encuentros y desencuentros que moldearon su alma.
En el apogeo de la Edad Moderna, tras el descubrimiento de América en 1492, Sevilla se convirtió en la puerta de entrada al Nuevo Mundo. Aquí se estableció la Casa de Contratación en 1503, regulando el comercio y la navegación hacia las tierras americanas, siendo epicentro de aventuras, riquezas y también de sombras.
Uno de los mayores testimonios de ese legado es el Archivo General de Indias, fundado en 1785. Este edificio, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, custodia millones de documentos que relatan la expansión española en América y Filipinas. Allí se conserva la memoria de un mundo que cambió para siempre, un archivo que invita a la reflexión y al encuentro con la historia en toda su complejidad.
La historia, generosa y sabia, le concedió a Sevilla cinco títulos, como quien entrega a una reina las joyas de su linaje:
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- La muy noble, por Fernando III el Santo, tras reconquistarla en 1248.
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- La muy leal, por Juan II, tras su valerosa defensa en 1444.
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- La muy heroica, por la resistencia a las tropas napoleónicas en 1812.
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- La invicta, por mantenerse firme frente a los bombardeos de 1843.
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- Y la mariana, por su profundo vínculo con la Virgen, concedido en 1946.
“El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos.”
— Marcel Proust
Caminar desde Sevilla no es solo iniciar una ruta: es abrirse a una herencia viva. Cada piedra, cada sombra guardan ecos de antiguas gestas. El peregrino que parte desde aquí no solo sigue un camino; se convierte en parte de una historia milenaria que aún respira bajo sus pies, y en un viaje que será tanto exterior como interior.
Antes de que tus pasos se alejen de Sevilla rumbo al norte, dedícale un tiempo al asombro. A caminar sin mochila ni bordón, solo con los sentidos abiertos. Porque esta ciudad no solo se recorre: se respira, se saborea, se escucha.
Conocer Sevilla en profundidad requeriría muchas jornadas —quizás una vida—, pero hay un corazón monumental que late con fuerza en su centro histórico. En un mismo espacio se reúnen tres joyas universales, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco:
La Catedral, donde reposa Colón y donde el cielo se toca con la Giralda.
El Real Alcázar, jardín de jardines, palacio de mil culturas.
El Archivo de Indias, donde duerme la memoria de un mundo nuevo.
Pero Sevilla no es solo piedra ilustre. Es también una ciudad viva, que se entrega en sus plazas, en sus parques y en el bullicio amable de su gente. Pasea sin rumbo por la Plaza de España, deja que el frescor del Parque de María Luisa te abrace, y contempla el horizonte moderno desde las vanguardistas Setas de la Encarnación.
Porque antes de partir al Camino, hay que llenar los sentidos. Y Sevilla es el mejor lugar para ello.
donde el alma se hace imagen
Durante estos días, lo espiritual y lo artístico caminan de la mano. Las emociones se hacen visibles, palpables. Los corazones se abren ante la belleza profunda de las imágenes, muchas de ellas salidas de las manos de escultores prodigiosos, desde el esplendor del Barroco hasta los tallistas contemporáneos.
No es solo tradición ni solo arte. Es un acto colectivo de devoción viva, donde el pueblo entero se convierte en custodio de un patrimonio que trasciende los siglos. Cada paso que avanza entre la multitud lleva consigo siglos de historia, y también el susurro íntimo de miles de oraciones.
Para el peregrino que se prepara, presenciar la Semana Santa sevillana es más que un espectáculo: es un encuentro profundo con el alma de un pueblo que sabe caminar con fe. Es como un espejo donde reconocer su propia búsqueda interior, ese deseo de purificación y entrega que llevará en la mochila durante su travesía.

Las iglesias de Sevilla:
un tesoro de piedra y luz
La ciudad está salpicada de estos santuarios, tantos que sería imposible recorrerlos todos en un fin de semana. Pero no es necesario: cada una de las iglesias sevillanas guarda un mundo de historias, de rezos susurrados, de imágenes que parecen respirar.
Para ayudarte a sentir la esencia de Sevilla, he preparado una selección con las 10 iglesias imprescindibles. Un camino dentro del camino, donde podrás conocer la ciudad a través de sus espacios sagrados, refugios para el alma y custodios de una historia milenaria.Las 10 iglesias
imprescindibles de Sevilla
La majestuosa catedral gótica, donde el silencio de las naves se funde con la historia y la luz.
Iglesia de El Salvador
Corazón barroco y fervor popular, un refugio donde el alma sevillana late fuerte.
Basílica de La Macarena
Hogar de la Virgen que acompaña a la ciudad en sus noches más profundas.
Iglesia de San Luis de los Franceses
Joyas del barroco tardío que deslumbran con su riqueza y espiritualidad.
Iglesia de Santa Ana (Triana)
Balcón al río y testigo del pueblo, donde tradición y devoción se entrelazan.
Iglesia de San Pedro
La elegancia del gótico y renacimiento en el corazón del barrio histórico.
Iglesia de San Isidoro del Campo
Monasterio con aire de retiro, un remanso de paz cerca de la ciudad.
Iglesia de Santa María la Blanca
Con ecos mudéjares que hablan de encuentros y mestizajes.
Iglesia del Divino Salvador
Lugar de culto y de arte, donde la luz transforma el espacio en un suspiro.
Iglesia de San Juan de la Palma
Encanto popular y espiritualidad sincera, refugio de tradiciones vivas.
El punto de partida de esta milenaria ruta hacia el sepulcro del Apóstol Santiago se encuentra frente a la Puerta de San Miguel de la Catedral de Sevilla. Allí, una baldosa conmemorativa de la Vía de la Plata marca el kilómetro 0. Justo al lado, bajo un viejo magnolio un mojón jacobeo nos anima el corazón para comenzar a dar nuestros primeros pasos en este apasionante Camino hacia Compostela.
Desde ese instante, no serán solo las flechas amarillas las que guíen tus pasos, sino también azulejos azules decorados con la concha de vieira en amarillo, que te acompañarán por calles, plazas de la ciudad, recordándote que el Camino ya ha comenzado.
A la izquierda de la Puerta de San Miguel se encuentra la Puerta de la Asunción, acceso principal al templo. En una de sus arquivoltas podrás ver representado a Santiago Apóstol, nuestro patrón, vestido con su atuendo de peregrino: sombrero, bordón y calabaza.
Que cada paso te enseñe algo, que cada silencio te hable, que cada encuentro te transforme. No tengas prisa: el Camino sabrá conducirte. Recuerda que, más allá del destino, el verdadero milagro es el propio caminar.
Ultreia et Suseia.
Cruzamos la avenida por un paso de peatones y llegamos al Puente de Isabel II, más conocido como el Puente de Triana (km 1).
En este primer tramo, mientras la ciudad se va quedando atrás, cada paso es también un pequeño acto de entrega. Nos vamos desprendiendo de lo conocido, abiertos a la experiencia que el Camino tiene reservado para el alma. El peregrino aprende pronto que el viaje es tan interior como exterior, y que en cada señal hay una invitación a la presencia y al silencio.
Cada paso que damos nos aleja del ruido exterior y nos acerca al susurro profundo del alma, recordándonos que este camino se recorre no solo con los pies, también con el corazón.
La Capillita del Carmen es todo un símbolo en Triana. Santiguarse al pasar frente a este humilladero es una liturgia especial, un rito que une la fe con la tradición y conecta al peregrino con la historia viva del barrio.
Muy cerca, se encuentran el popular Mercado de Triana y el Museo de la Inquisición, ambos situados sobre las antiguas ruinas del Castillo de San Jorge, testigo silencioso de tiempos pasados que ahora se entrelazan con la vida cotidiana.
Al llegar a la Plaza del Altozano, giramos a la derecha por la calle San Jorge y continuamos por la calle Castilla. En nuestro camino aparecerán dos impresionantes templos.
El primero es la Iglesia de Nuestra Señora de la O. Antiguamente fue una ermita-hospital dedicada a Santa Brígida de Irlanda, regentada por una hermandad que lleva su nombre desde documentos del siglo XV. En esta iglesia comenzó a practicarse la contemplación del misterio de la Expectación de Nuestra Señora —un antiguo título para la Virgen María embarazada, esperando el nacimiento— conocido también como advocaciones de la O y de la Esperanza.
El Cristo del Cachorro, obra del imaginero Francisco Antonio Ruiz Gijón (siglo XVII), es una talla que sobrecoge por la expresión de humanidad y dolor sereno en su rostro. Cuenta la leyenda que el escultor, buscando inspiración para representar la agonía de Cristo en la cruz, fue testigo en el barrio de una pelea en la que un hombre gitano, apodado “el Cachorro”, fue mortalmente herido. Ruiz Gijón quedó impactado por la expresión de su rostro en el momento de la expiración, y la trasladó fielmente a la imagen del Crucificado. Así nació uno de los Cristos más venerados de Sevilla, símbolo de devoción, arte y también de redención.
Tras unos 150 metros de marcha, llegamos a una plaza. Al fondo, una escalinata se alza como transición entre la ciudad que dejamos atrás y el horizonte abierto del Camino. A su lado, un mural dedicado a la Vía de la Plata, que en su día fue un homenaje vibrante al peregrino, pero que hoy acusa el paso del tiempo... y quizá también cierta indiferencia. Tan solo permanece una gran placa de granito con las etapas del Camino, testigo callado de lo que fue. Sería hermoso que alguna iniciativa recuperara la dignidad de este rincón, para que Sevilla pueda despedir a sus peregrinos con el honor que merece.
Subimos por la escalinata hasta alcanzar un monolito de granito, otro de los hitos simbólicos de este tramo. En su base hubo en su día una pequeña placa que marcaba “1000 km hasta Santiago”, hoy ya desaparecida. Aun así, el lugar conserva su fuerza: estamos en el kilómetro 2,4 de la etapa, y algo invisible —más allá de lo físico— ya empieza a guiarnos.
Una baldosa gemela a la del kilómetro 0, símbolo de la Vía de la Plata, nos invita a seguir avanzando. Cruzamos la Avenida Expo 92, y enseguida viramos a la izquierda para atravesar la Avda. Carlos III. Giramos a la derecha, caminando en paralelo a la avenida, atentos a las flechas que nos conducen hasta una explanada. El Camino nos guía ahora hacia el puente de La Señorita.
Una vez cruzado el Puente de la Señorita, el peregrino debe tomar una decisión. La opción oficial le conduce de frente, hacia la población de Camas, mientras que otra alternativa, más tranquila y en contacto con la naturaleza, invita a bajar a la derecha por un camino paralelo al río Guadalquivir.
Ambas opciones son válidas. Elige sin temor: lo importante no es tanto el itinerario como la actitud con la que caminas. Ya empiezas a descubrir que, a cada bifurcación, el Camino no solo traza rutas exteriores, sino también decisiones interiores. Caminar es elegir, confiar y seguir.
El pueblo guarda vestigios de antiguas civilizaciones, como el célebre tesoro del Carambolo, y una historia que abarca desde Tartessos hasta la alquería musulmana de Ebu Al-Kama, pasando por su integración al Reino de Castilla tras la Reconquista. Su iglesia, de finales del siglo XVIII, conserva un hermoso retablo neoclásico y representa el corazón espiritual del pueblo.
Desde aquí, el Camino continúa saliendo por la calle Julio César, enlazando con una vía pecuaria que nos lleva directamente hacia Santiponce, pasando junto a los campos que bordean el Guadalquivir. Poco a poco el paisaje urbano se disuelve y el alma entra en otro compás.
Ambas rutas se funden de nuevo a la entrada de Santiponce, justo en el entorno del conjunto arqueológico de Itálica, la majestuosa ciudad romana que emerge como un regalo en el Camino. Fundada por Escipión el Africano en el 206 a.C., y cuna de emperadores como Trajano y Adriano, es uno de los lugares más evocadores de esta etapa. Recorrer sus calles empedradas, sus mosaicos y su anfiteatro es entrar en diálogo con el tiempo.
Aquí no solo caminan nuestros pies, también lo hace nuestra alma. La historia, la piedra, el cielo… todo confluye en este momento de profunda conexión.
Tras pasar una gasolinera, conectamos con la variante que viene desde Camas (Km 8,3).
Entramos en Santiponce por la Avenida de Extremadura. A nuestra derecha se alza el Monasterio de San Isidoro del Campo, joya del siglo XIV que sería imperdonable no visitar. La entrada es gratuita para el peregrino, y en su interior nos espera uno de los grandes tesoros de esta etapa.
Santiponce, a pesar de su cercanía con la capital, ha sabido conservar el encanto y la autenticidad del ambiente tradicional de las pequeñas poblaciones andaluzas.
Al llegar a la Parroquia de San Isidoro del Campo y San Geroncio de Itálica, habremos recorrido ya 9,4 km. Quizás sea el momento ideal para hacer una pequeña pausa, reponer fuerzas y dejar que el espíritu se serene.
En el subsuelo de Santiponce se han descubierto restos que datan de un antiguo poblado tartesio-turdetano, fechado aproximadamente en el siglo IV a.C. La localidad actual es heredera directa de la antigua Itálica, la primera ciudad puramente romana en Hispania y cuna de emperadores como Trajano, Adriano y, posiblemente, Teodosio.
Durante la época visigoda, destaca la reconstrucción de las murallas de Itálica por orden del rey Leovigildo, con el objetivo de defenderse de los ataques de su propio hijo mayor, Hermenegildo.
Más tarde, en tiempos árabes, la ciudad fue conocida como Talika. En ese período, estaba ya abandonada y fue utilizada como cantera, aprovechando sus columnas y mármoles para otras construcciones. En la Baja Edad Media, el lugar se denominaba “Campos de Talca”.
El actual pueblo de Santiponce nació a orillas del Guadalquivir, en un paraje conocido como la “Isla de Hierro”, donde hoy se encuentra el Estadio Olímpico de la Cartuja. Debido a su cercanía al río, la zona sufrió frecuentes riadas. Una especialmente devastadora, el 20 de diciembre de 1603, sepultó para siempre aquella antigua tierra. Los vecinos supervivientes buscaron entonces refugio y protección en las tierras más altas cedidas por los monjes del Monasterio de San Isidoro del Campo, levantando así el nuevo Santiponce, casi en su totalidad sobre las ruinas de la ciudad romana de Itálica.
Sus muros guardan la memoria de épocas de intensa transformación, cuando la península ibérica vivía encrucijadas religiosas y sociales. Fue un faro para la renovación monástica y un refugio para intelectuales y artistas que dejaron una huella imborrable en su arte y biblioteca.
El monasterio destaca por su elegante arquitectura, con un claustro que invita al silencio y a la meditación, y una iglesia donde el juego de luces y sombras crea una atmósfera propicia para la contemplación profunda. No es solo un monumento histórico, sino un espacio vivo donde el peregrino puede sentir la conexión con generaciones que, como él, buscaron en el camino no solo un destino, sino un encuentro interior.
La visita es gratuita para peregrinos, un gesto de bienvenida que invita a detenerse, a respirar y a integrarse en la historia que aquí se respira.
No solo fue la primera ciudad romana fundada en Hispania, sino que también fue la primera fuera del territorio italiano. La ciudad alcanzó su mayor esplendor a finales del siglo I y durante el siglo II, especialmente durante los reinados de los emperadores Trajano y Adriano, ambos nacidos en Itálica. Este hecho reforzó el prestigio que la vetusta colonia hispana ya poseía en Roma.
Los orígenes de Itálica se remontan al año 206 a.C., cuando el general Publio Cornelio Escipión, en el contexto de la Segunda Guerra Púnica, derrotó a los cartagineses en la Batalla de Ilipa y estableció un destacamento de legionarios en el Cerro de San Antonio, fundando “una ciudad que llamó Itálica, tomando el nombre de Italia” (Apiano, Iber, 38).
Teatro
Es el edificio de espectáculos más antiguo de Itálica, construido durante el reinado de Augusto y ampliado ya bajo el de su sucesor el emperador Tiberio, ubicándose actualmente en el casco antiguo de Santiponce. En época de Adriano se construyó en la zona del pórtico posterior del teatro un templo dedicado a la diosa egipcia Isis, uno de los mayores del Occidente romano.
Actualmente, el Conjunto Arqueológico de Itálica muestra al visitante un espléndido anfiteatro romano y da la posibilidad de pasear por el trazado de lo que fueron sus calles, así como de conocer las casas, edificios públicos, objetos de arte y utensilios de la vida cotidiana utilizados por sus habitantes.
Mientras caminamos por este tramo de asfalto y ruido, es fácil que el cuerpo se sienta incómodo y la mente dispersa. Pero el peregrino sabe que cada paso, incluso en la dificultad, es una oportunidad para cultivar la paciencia y la atención plena. Caminar aquí es aprender a estar presente, a encontrar la calma en medio del tránsito, a que el corazón mantenga su rumbo cuando todo parece invitarnos a la prisa.
Después de cruzar varias naves industriales, llegamos a un nudo de carreteras. Con cuidado, seguimos las indicaciones, caminando por el arcén que conduce a La Algaba. Pasado un viaducto, cruzamos la carretera con precaución y nos desviamos a la izquierda por un camino de tierra (km 12,3).
La primera opción es seguir recto, pero tiene un inconveniente importante: hay que cruzar el vado del Arroyo de los Molinos, que en época de lluvias suele desbordarse, convirtiendo el paso en un riesgo. Por eso, no es aconsejable tomar esta ruta en temporada húmeda.
La segunda alternativa es girar a la derecha para tomar el nuevo trazado oficial, que recupera el camino histórico de peregrinos. Durante décadas este sendero permaneció cerrado para los peregrinos, pero gracias a la perseverancia de numerosas asociaciones y colectivos que reclamaron su puesta en valor, hoy se ha convertido en una vía verde que honra la memoria y la esencia del Camino.
Con este nuevo trazado, decimos ADIÓS a uno de los PUNTOS NEGROS más enquistados y largamente reivindicados del Camino Jacobeo: el peligroso vado del Arroyo de los Molinos.
Este cambio es más que una mejora física; es un símbolo de respeto por el peregrino, por la historia y por el encuentro con la naturaleza que todo camino verdadero debe propiciar.
El primero de estos arroyos lo encontramos a poco más de 700 metros, el Arroyo del León, que generalmente presenta poco caudal o se encuentra seco (km 13,2).
El trazado discurre entre campos de cultivo, arroyos y alguna finca ganadera. Al alcanzar el kilómetro 15,7 de la etapa, llegamos a una de estas fincas. Poco después, en algo más de 200 metros, cruzamos el Arroyo de los Molinos por un puente de nueva construcción.
Junto a él, aún permanecen las ruinas del antiguo puente del ferrocarril de Cala, que solía salvar el arroyo, pero que en tiempos de lluvias abundantes se veía desbordado. Gracias a esta nueva obra, el paso se ha vuelto seguro y cómodo, eliminando uno de los principales obstáculos para el peregrino.
Este puente es también un símbolo del cuidado y respeto hacia quienes recorren el Camino: un recordatorio de que el camino puede ser duro, pero también puede ser protegido y honrado para que el espíritu avance sin impedimentos.
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Una vez dejamos atrás la torre, entramos en un tramo que aún no ha sido acondicionado por completo. En época de lluvia, es probable que el barro se apodere de este paso, haciendo la marcha algo más difícil.
Sin embargo, confiamos en que pronto se completarán las obras para que este bonito camino esté en todo su esplendor. Mientras tanto, el peregrino aprende a aceptar las imperfecciones del camino como parte de su viaje, recordando que cada dificultad es una oportunidad para fortalecer la paciencia y la humildad.
Seguimos un buen tramo caminando junto a muros de piedra que antaño protegían las vías del antiguo ferrocarril. Este trayecto nos conduce hasta las ruinas del viejo apeadero de Torre de la Reina, perteneciente al ferrocarril de Cala.
Junto a estas ruinas se alza una columna de granito que marca el Camino de Santiago por la provincia de Sevilla, señal inequívoca de que avanzamos firmes en nuestra ruta (km 18,2).
Este lugar, donde convergen historia y camino, invita al peregrino a contemplar el paso del tiempo y a honrar las huellas que generaciones anteriores dejaron en la tierra que hoy pisamos.
Viramos a la derecha y poco a poco el camino nos acerca al río Ribera de Huelva. Guillena ya se asoma en el horizonte, a tan solo un par de kilómetros.
En estos últimos tramos cruzaremos varios arroyos, todos salvados por puentes que facilitan el paso. El último de ellos es el del arroyo Galapagar, justo a las puertas de Guillena.
Entramos en la población por la calle Portugalete y continuamos recto por la calle Real hasta llegar a la Plaza de España. A pocos metros se encuentra nuestro final de etapa: la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Granada (km 22,3 - FINAL DE LA ETAPA).
El nombre de Guillena proviene probablemente de alguna villa o casa romana denominada Casa de Agilius o Gaelius. En el área conocida como Era de Llamas se han hallado abundantes restos romanos, entre ellos la Casa de Maera, que conserva un singular departamento subterráneo de planta casi cuadrada y cubierto por bóveda de cañón.
Un hallazgo destacable fue un fragmento de piedra miliaria encontrado en la plaza de toros, incrustado en una esquina del antiguo y casi desaparecido castillo de la localidad. Aunque inicialmente el texto era muy escaso para interpretarlo, décadas después se descubrió en Santiponce una piedra miliaria completa que permitió deducir que la encontrada en Guillena señalaba la distancia hasta la mansión romana Mons Marioru —un lugar aún en debate entre los expertos. Este hallazgo fue clave para reconstruir parte del trazado de la calzada romana N.º XXII, que unía la desembocadura del río Guadiana con Mérida.
La importancia de Guillena creció durante la ocupación árabe, gracias a su posición estratégica para defender los accesos a Sevilla desde Sierra Morena. Pasó de ser una alquería a un lugar fortificado. Según las crónicas, cuando San Fernando atacó la zona, los moros que ocupaban el alcázar de Guillena (actual plaza de toros) entregaron la fortaleza pacíficamente. San Fernando guarneció el lugar con tropas cristianas pero permitió que los musulmanes siguieran habitando el pueblo. Pese a que la documentación de la época es escasa, se han encontrado monedas de plata de los reinos de taifas que confirman esta presencia.
Se cree que la Guliena mencionada en los Anales Toledanos, saqueada por los castellanos en 1213, corresponde a la Guillena actual. Sin embargo, no pasó definitivamente a manos cristianas hasta 1247, cuando Fernando III el Santo la conquistó pacíficamente. Este hecho fue crucial para la posterior conquista de Sevilla. Alfonso X el Sabio otorgó el señorío de Guillena a sus defensores para que protegieran el territorio.
En 1286, Guillena fue declarada villa por privilegio de Sancho IV, y en 1319 Alfonso XI le concedió su escudo de armas en reconocimiento a la defensa ante un ataque benimerín. En 1631 Perafán de Rivera, conde de la Torre, adquirió el señorío, y en 1639 Felipe IV le concedió jurisdicción civil y criminal plena.
Hoy Guillena es una localidad que combina su rica historia con una activa vida cultural y natural. Cuenta con espacios como el Parque Natural Sierra Norte de Sevilla en sus proximidades, ideal para el senderismo y la conexión con la naturaleza, y celebra festividades tradicionales como la Semana Santa y la Feria de Guillena, donde aún se respira el alma andaluza en cada calle.
Para el peregrino, Guillena ofrece no solo un descanso necesario sino también la oportunidad de conectar con un pasado lleno de capas históricas, donde el paso del tiempo ha dejado huellas visibles en sus monumentos y en la propia esencia de la villa.
En el centro de Guillena se alza la Iglesia de Nuestra Señora de la Granada, un templo que, con su mezcla de estilos gótico-mudéjar, neoclásico y barroco, refleja la historia y el alma de la localidad. Construida a comienzos del siglo XV, su interior es un refugio de fe y arte.
El retablo mayor, del siglo XVIII, custodia la imagen de la Virgen de la Granada, patrona que guía a sus fieles. Cerca, la Inmaculada y el Crucificado, obras de los siglos XVI y XVIII, invitan al recogimiento y la contemplación. En la nave central, una pintura de Santa Lucía y el retablo con la Virgen del Rosario, obra del escultor Jerónimo Hernández, completan este viaje espiritual.
Visitar esta iglesia es un momento para que el peregrino no solo contemple arte, sino que también sienta la paz y el recogimiento que el camino ofrece al alma.
Reflexión
Aquí, tras la caminata, el peregrino puede detenerse a agradecer, a reflexionar sobre el recorrido y a preparar el espíritu para el siguiente tramo, recordando que cada final es también un nuevo comienzo.












































Ola! Acabo de descubrir su lindo blog. Me encanta. My esposo y yo vamos a empezar la Via de la Plata en el comienzo de Septiembre de Sevilla hasta Santiago (Si Dios quiere y la Virgen lo permite). Pensamos caminarlo en alrededor de 50 dias porque no caminamos rapido.
ResponderEliminarMe alegro seguir sus pasos en ese blog!
Gracias por toda la información!
Acabo de descubrir la página y ESTOY EMOCIONADA !!! sin mirar en detalle, me parece un trabajo IMPECABLE !!!! wau GRACIAS por tu trabajo. FELICIDADES No acabo de saber si "está activa" espero que sí y quería hacer una pregunta sobre el tiempo. Soy de Barcelona, y es posible que el 19 de marzo me presente en Sevilla para hacer la via de la plata. NO SE QUE ROPA LLEVAR, si de invierno / verano o...que hacer para no cargarme la mochila con el por si acaso. Me podéis orientar ?
ResponderEliminarBueno Antonio, mi mas cordial y sincera felicitacion por el blog, es impresionante, como te has volcado en el, a favor del peregrino, tu objetivo. Me ha encantado la minuciosidad en toda la informacion que pueda ser util, caminos, logistica, Patrimonio, con todo esto, unas buenas botas, solo queda seguir a la Estrella, que nos llevara a Santiago, para ti un Cum Laude. Me mirare la Revista Nuevo Miliario, muy interesante. Solo pedirle al Santo, que te bendiga y guarde por muchos años en la Via de la Plata. Un abrazo.
ResponderEliminarBuenos días
ResponderEliminarinteresante información, muy completa, útil y amena.
Queremos hacer el camino el próximo verano,no sabemos aùn cuando, depende de cuadrar fechas de los dos.
Iremos viendo mientras su blog para ir planteando algo.
gracias por su ayuda.
Me alegra que mi trabajo te sea de ayuda para tu próximo camino. Decirte que la estación estival es especialmente dura para hacer este Camino, pero nada es un obstaculo si lo hacemos con prudencia. Para llegar a buen puerto es imprescindible comenzar a caminar antes del amanecer, llevar agua en abundancia y cargar en la mochila mucha ilusión. Que el Apostol os guie y proteja. BUEN CAMINO :(
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