Tres tramos que se suceden como versos de un poema: primero, el asfalto nos recuerda la realidad y la disciplina, nueve kilómetros para templar el ánimo y el paso; luego, la tierra nos acoge en su abrazo, siete kilómetros que se funden con el suspiro del Parque Natural de los Berrocales, donde cada árbol y piedra guardan el secreto de la vida silenciosa.
Si el Camino te llama en los meses de más calor, es esencial prepararse con respeto y sabiduría. Camina en las horas frescas: al amanecer, cuando el sol es menos intenso y la naturaleza ofrece su calma más serena. La noche, bajo el manto de estrellas, puede ser una compañera mágica para los pasos valientes.
Hidrátate sin esperar a tener sed. Pequeños sorbos frecuentes mantienen el cuerpo vivo y fuerte. Protege tu piel con gorra, ropa ligera y protector solar que renueves a lo largo del día.
Lleva alimentos sencillos pero nutritivos: frutos secos, frutas deshidratadas, plátanos o barritas energéticas que te ayuden a reponer fuerzas sin cargar el cuerpo.
Escucha tu cuerpo y respétalo. Si notas mareos, fatiga o náuseas, detente, busca sombra y descansa. El Camino es paciente, y tú también debes serlo contigo mismo.
Caminar acompañado aporta seguridad y ánimo, nunca dudes en buscar la compañía de otros peregrinos cuando el peso del calor se hace más fuerte.
No olvides consultar cada día la previsión meteorológica y planificar el recorrido según las condiciones. Y lleva siempre el teléfono móvil cargado, con el número de emergencias a mano: el 112.
y amor hacia uno mismo
es la mejor manera de honrar
este viaje sagrado.
se hace camino al andar
Tras llegar a la altura de la Finca Yerbabuena (Km 8,7), el cansancio puede empezar a asomarse. Al llegar al kilómetro 10,3, decimos por fin adiós al asfalto, una señal nos indica tomar una cómoda pista a la derecha de la carretera, esta es la nueva Vía Pecuaria que sustituyó a la del histórico Salto de la Trocha.
Tras unos seis kilómetros por esta senda, llegamos a la entrada del Parque Natural de los Berrocales, fácilmente reconocible por sus dos enormes tinajas que parecen custodiar la puerta hacia un mundo más silente y sagrado (Km 16,7).
Este cambio de paisaje también invita a cambiar el ritmo interior, para sumergirnos en la suavidad de la naturaleza, que siempre sabe hablar al peregrino que sabe escuchar.
Por el cielo del parque surcan majestuosas águilas imperiales ibéricas, acompañadas de sus parientes, las águilas reales y perdiceras, así como el silencioso buitre negro o leonado. Quizás, con un poco de suerte y paciencia, puedas sorprender la figura discreta de un ciervo o un jabalí, guardianes ocultos de este santuario natural.
Caminaremos por una amplia y cómoda pista, rodeada de alcornoques, respirando el aroma de la tierra y el bosque. Pronto pasaremos junto a una de las torres de vigilancia forestal, símbolo de protección y cuidado de estos parajes.
El sendero desciende con suavidad hasta la casa forestal La Morilla (Km 18,2). Allí, junto a la casa, encontramos un pilón y una fuente de agua; una bendición para el peregrino. Sin embargo, advertimos con respeto que el agua de esta fuente es no tratada, por lo que recomendamos prudencia antes de beber.
Ya solo nos queda la bajada, una senda también llena de belleza y serenidad. El paisaje que nos rodea es un canto a la naturaleza, con los alcornoques como protagonistas principales. Estos árboles poseen un don especial que los distingue: su capacidad para regenerar la corteza cuando ha sido retirada parcialmente, un símbolo de resistencia y renovación que nos invita a reflexionar.
Pronto llegamos a unas grandes rocas donde los habitantes de Almadén han instalado una cruz que vigila y protege el pueblo, testimonio del arraigo religioso y la fe que sostiene a esta comunidad.
La villa de Almadén de la Plata se alza majestuosa entre los ríos Viar y Cala, en el corazón del Parque Natural de la Sierra Morena sevillana, a más de 500 metros sobre el nivel del mar.
Almadén de la Plata fue un enclave estratégico en la Reconquista de Fernando III el Santo, quien le otorgó la Carta Puebla y el derecho a lucir escudo propio. Más tarde, los almadenenses recibieron de los Reyes Católicos el título de Villa Leal, premio a su contribución en la caída del Reino de Granada.
Sus orígenes se remontan a la época romana, cuando era una pequeña población dedicada principalmente al laboreo de canteras de mármol, y a la extracción de hierro, cobre y plata. Durante la dominación musulmana, recibió el nombre de Almedín Balat, que significa "las minas de la calzada".
Pero la historia minera de Almadén se remonta aún más atrás, hasta la época fenicia, con la extracción no solo de plata, sino también de cobre y mármol. En el interior de la sierra no solo se esconden minerales, sino también otro tesoro: el agua. Por eso, al final de la Cuesta del Calvario, encontramos un pozo que extraía agua de las galerías interiores de la montaña, canalizándola hasta una antigua fuente de varios caños que abastecía a los habitantes del pueblo.
La villa ofrece varias opciones de alojamiento, entre ellas un albergue municipal y diversas alternativas privadas, ideales para el peregrino que busca descanso y recogimiento tras la larga jornada.
Esta iglesia data de finales del siglo XVI y principios del XVII, con un estilo renacentista decorado con elementos barrocos. Fue construida, entre otros, por Vermondo Resta y Hernán Ruiz II, este último maestro mayor de la Catedral de Sevilla.
Su estructura consta de una sola planta con nave simple dividida en cuatro tramos, acompañada de algunas dependencias y capillas adosadas. Destaca su singular campanario ubicado en el atrio, la bóveda de media naranja sobre la pechina de la Capilla Mayor, y los arcos perpiaños en el resto de la nave.
La cubierta del cuerpo de la iglesia es de bóveda de cañón con arcos fajones y lunetos. Posee dos portadas: la principal, situada a los pies del templo, y otra en el muro de la Epístola. La portada principal se compone de un arco de medio punto entre pilastras toscanas y un entablamento decorado con grutescos, fechado hacia mediados del siglo XVI. En una pilastra aparece la fecha de 1676, correspondiente a una reforma.
En su interior destacan un espléndido retablo sevillano del siglo XVIII, las esculturas del Cristo del Crucero y la Inmaculada, pertenecientes a los siglos XVI y XVII respectivamente, y nuestra Patrona, Santa María de Gracia. La orfebrería cuenta con una cruz de plata del siglo XVII y un cáliz del mismo material del siglo XVIII.
El castillo se dividía en varias partes: la Torre del Homenaje, las Torres de Flanqueo, el Aljibe o Pozo y la Muralla que protegía el recinto.
En el siglo XVIII, parte de sus restos se reutilizaron para construir un Pósito Municipal, lugar destinado al almacenamiento del grano. Los agricultores estaban obligados a depositar sus cosechas allí y retirarlas posteriormente en pequeñas porciones, tras descontar el impuesto para el gobernante. La entrada al pósito se hacía por la Torre del Homenaje, hoy con aperturas verticales que simulan troneras, y se accedía a la parte superior por escaleras. Los arcos exteriores datan de esta época, excepto el de la entrada al actual Ayuntamiento, que fue construido en la última reforma.
Durante el siglo XX se vendió parte del terreno del castillo para viviendas, perdiéndose gran parte del conjunto original. En 1997 se reformó la zona municipal, reconstruyendo la Torre del Homenaje según estudios sobre su altura original.
Actualmente se conservan restos significativos: un lienzo de muralla en el costado norte, parte de la Torre del Homenaje con la puerta original, la “tranca” de cierre de la entrada principal, parte de la Torre del Cubo y restos del muro del fortín romano. Se sabe que también existen vestigios en viviendas del entorno.
Almadén de la Plata nos ofrece mucho más que un refugio tras la jornada; es un lugar donde el tiempo parece detenerse, donde la historia y la naturaleza se entrelazan para hablarnos de perseverancia y esperanza.
Caminar sus calles, admirar su iglesia y sentir la fuerza de su tierra es conectar con el alma de un pueblo que ha sabido resistir el paso de los siglos, tal como el peregrino resiste las adversidades del camino.
Almadén de la Plata > Monesterio
34 Km




























Verdaderamente es una delicia, leer el contenido de la etapa, con tanto detalle y minuciosidad, siempre en beneficio del "peregrino" objetivo principal. Me ha gustado mucho, he disfrutado y aprendido, gracias Antonio, por tu generosa dedicacion a la VIA DE LA PLATA.
ResponderEliminarFuè un bonito lugar de relax tras recorrer en moto las carreteras cercanas, partiendo desde Sevilla, sin prisas, disfrutando del paisaje y dejando atrás el reloj.
ResponderEliminarAllì conocimos a encantadoras lugareñas, donde nos informaron con extenso detalle, todo lo relacionado con el camino de Santiago a su paso por la localidad, vivencias personales incluidas, todo un señor lujo.
Sin duda, recomiendo parada de relax aquí.