Etapa 21: El Cubo del Vino > Zamora


Información actualizada: 27 de marzo de 2026





      Nos espera hoy una larga jornada. A estas alturas del Camino, los kilómetros acumulados ya no pesan igual: el cuerpo se ha adaptado, y es el corazón el que empieza a caminar de otra manera.

Hoy, además, nos aguarda un regalo especial como premio a la constancia: la llegada a Zamora, una ciudad que no solo se visita, sino que se contempla. Tierra de piedra, de historia y de fe, donde el románico parece seguir orando en cada rincón.

El Camino discurre por largas rectas, propias de las tierras de Castilla. Pistas de concentración agraria que atraviesan extensas llanuras de cultivo, donde el horizonte se abre sin límites. Es un paisaje que invita a un caminar pausado, a la reflexión… y también a la oración sencilla.

En época estival conviene extremar la precaución: el calor puede hacer esta etapa exigente. Lo más recomendable es comenzar al alba, incluso bajo las estrellas, y llevar siempre buena provisión de agua.



      Comenzamos junto a la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán, donde un crucero, obra de la Fundación Ramos de Castro, nos recuerda que el Camino siempre ha sido también camino de fe.

Los primeros pasos nos llevan al Arroyo San Cristóbal, que cruzamos por el puente de la carretera. Tras él, el Camino se desvía por una pista de tierra que avanza junto a las antiguas vías del ferrocarril Salamanca–Zamora, hoy en desuso.




      Poco después llegamos al panel Siste Viator del Ayuntamiento de Corrales del Vino, que nos recuerda la repoblación cisterciense de estas tierras en 1143, hombres que entendieron el trabajo como oración, y la sencillez como forma de encuentro con Dios.

Las rectas de Castilla

      Tras 5,5 km, un mojón nos indica girar a la izquierda y luego a la derecha, alejándonos definitivamente de las vías del tren, avanzando por la larga recta que surge de la concentración parcelaria. Aquí el peregrino camina sin distracciones. Solo el paso, la respiración… y el silencio.

Aquí, en los campos de Castilla, no podemos evitar recordar a Antonio Machado y su sabiduría sobre el Camino y la vida:


“Caminante,
no hay camino,
se hace camino al andar”.




      A los 8 km, el sendero gira hacia el norte, mientras los viñedos se hacen más presentes. Un miliario conmemorativo nos anuncia la cercana población de Villanueva de Campeán (km 12). Tras unos 800 m, llegamos a la entrada del pueblo, donde otro miliario y una escultura en hierro nos dan la bienvenida (km 12,8). Desde aquí, si nos desviamos unos metros por la carretera, podemos visitar el Convento de Santa María del Soto, declarado Bien de Interés Cultural, aunque hoy en ruinas. 





      Situada a los pies del cerro de La Esculca, Villanueva de Campeán combina historia y patrimonio vinícola. Su historia está ligada al cercano convento de Santa María del Soto, hoy en estado ruinoso, pero aún cargado de memoria. Desde el exterior se puede intuir lo que fue, recordándonos que todo lo humano pasa… pero lo vivido con fe permanece.

El pueblo conserva la esencia de estas tierras: sobriedad, tradición y cultura del vino. Sus bodegas, grandes y familiares, siguen siendo testimonio de siglos de historia.

Su iglesia parroquial de San Juan Bautista, fue levantada en 1794 sobre un edificio anterior y cuenta con varias espadañas y portadas con tradición románica.


      Atravesamos la localidad por la calle Calzada, siguiendo el antiguo trazado romano que aún guía nuestros pasos.

A partir de aquí, el Camino continúa entre arroyos, pistas y cruces bien señalizados.

Tras llegar a una bifurcación, el Camino nos permite tomar una alternativa por San Marcial (km 17), para ello hay que seguir recto, recomendable para quienes necesiten hacer una pausa y recuperar fuerzas, al pie de carretera hay bar (atención: cierra los miércoles). 

En la bifurcación tomamos el camino de la derecha, camino oficial. En la subida se divisa El Perdigónel camino continúa hasta la carretera de San Marcial, donde se une a la alternativa por San Marcial, un miliario nos confirma el buen camino, ante nosotros aparece en el horizonte la ciudad de Zamora





      El camino continua por paisajes rurales, granjas y rediles, donde los sonidos de los animales nos acompañan. Más adelante, junto a otro miliario, giramos a la izquierda y luego a la derecha, cruzando el Arroyo del Perdigón y llegando a uno de los lugares más emblemáticos del Camino: el Espacio Conmemorativo a la Paz y al Entendimiento de las Culturas (km 24,9).

Este monumento, inaugurado en julio de 2009, cuenta con tres monolitos de granito dedicados a la Vía Mirandesa, Vía de la Plata y Vía de la Dalmacia, cada uno acompañado de textos de A. Ramos de Castro que nos invitan a la paz, la promesa y la tolerancia, recordándonos el valor de nuestras acciones y pasos en la vida y en el Camino.





      Tras este emotivo espacio, continuamos por caminos y pistas rurales, cruzando carreteras y naves agrícolas, hasta aproximarnos a la ciudad por la calle de Fermoselle, que nos conduce a la Iglesia de San Frontis (km 30 de la etapa). Su origen se remonta al siglo XIII como iglesia y hospital de peregrinos fundado por Aldovino, monje del Périgord, destacando como prueba histórica de la importancia de la Vía de la Plata.



      En pocos pasos entramos en uno de los momentos más hermosos de la etapa: el paseo junto al río Duero.

El sonido del agua, los miradores y la silueta de la ciudad al otro lado crean una entrada inolvidable.

Cruzamos el histórico Puente de Piedra, durante siglos paso obligado de peregrinos, comerciantes y viajeros. Y al hacerlo, sentimos que cruzamos algo más que un río. Cruzamos un umbral.





Zamora, ciudad del Románico

      Entramos en Zamora, la antigua Ocelodurum romana, por el Puente de Piedra, símbolo de la ciudad y construido en el siglo XII. Nuestro paseo nos lleva por la Plaza Santa Lucía, la cuesta de San Cipriano y finalmente al albergue de hospitalidad tradicional, junto a la iglesia de San Cipriano, donde los peregrinos pueden descansar y prepararse para recorrer la ciudad (km 31,3 Final de etapa).




      El casco histórico de Zamora nos ofrece la mayor concentración de iglesias románicas de Europa. Destacan la Iglesia de San Cipriano, la Plaza Mayor, la Iglesia de San Juan Bautista, la Iglesia de Santa María Magdalena, la Iglesia de San Pedro y San Ildefonso, la Catedral de Zamora, el Parque del Castillo y la Iglesia de Santiago de los Caballeros, ligada al Cid Campeador. Cada rincón nos conecta con la historia, la fe y la belleza arquitectónica de esta ciudad.



Reflexión

      Al finalizar la jornada, tras dejar atrás los kilómetros de Castilla y la majestuosidad de Zamora, se nos invita a la reflexión sobre nuestro propio camino: cada paso que damos, cada desvío, cada mojón, cada espacio histórico, nos recuerda que el Camino no es solo físico, sino también espiritual. Las piedras que pisan nuestros pies nos enseñan que la vida se hace al andar, y que la riqueza del viaje reside en la atención plena a cada instante, en la conexión con la historia, la cultura y con nuestro propio corazón.



"Caminante,
son tus huellas el camino
 y nada más."

/ Antonio Machado


Zamora > Fontanillas de Castro
32 km

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Buen Camino

Etapa 20: Salamanca > El Cubo del Vino


Información actualizada: 18 de marzo de 2026






      Dejamos atrás Salamanca, una de las ciudades más hermosas de todo el Camino, declarada Patrimonio de la Humanidad. Abandonarla no resulta fácil: sus piedras doradas, su historia universitaria y su vibrante vida dejan una huella profunda en nosotros. Pero el Camino siempre nos invita a seguir adelante, a soltar lo vivido y confiar en lo que aún está por llegar.

Nuestro rumbo es claramente norte. La próxima gran joya monumental será Zamora, también Ciudad Patrimonio de la Humanidad, situada a unos 68 kilómetros. Para alcanzarla existen dos opciones habituales: dividir la distancia en tres jornadas o afrontarla en dos etapas más largas.

Nosotros optamos por hacerlo en dos días. Hoy afrontamos la larga etapa hasta El Cubo de la Tierra del Vino, primera localidad de la provincia de Zamora. Mañana, con una jornada algo más corta, recorreremos los kilómetros restantes hasta alcanzar Zamora y cruzar su histórico puente sobre el Duero.


      La etapa de hoy exige una buena fortaleza mental. Son más de 36 kilómetros de horizontes abiertos, largas rectas y pocos estímulos. Una jornada que puede parecer interminable si no se camina con serenidad y paciencia.

Comenzamos en la Catedral Nueva de Salamanca, desde donde nos dirigimos hacia la Plaza Mayor, una de las plazas más bellas de España y del mundo, joya del barroco peninsular. Una concha de vieira de bronce incrustada en el suelo nos recuerda que debemos continuar por la calle Zamora.

Al final de esta calle encontramos la iglesia de San Marcos. Tras superar una glorieta entramos en el Paseo de Carmelitas (N-630), que enlaza con el paseo del Doctor Torres Villarroel hasta llegar a la rotonda dedicada al torero Santiago Martín “El Viti”, presidida por una escultura de un toro de lidia.



      Continuamos por la avenida Raimundo de Borgoña hasta la gran rotonda de la Ruta de la Plata. Pasamos por un paso de cebra a la zona derecha de la N-630. A nuestra izquierda queda el centro comercial Carrefour y continuamos por un carril peatonal (km 2,3). Tras unos dos kilómetros alcanzamos el estadio Helmántico y poco después pasamos bajo la autovía A-62 (km 4,5 de la etapa).

Seguimos caminando junto a la N-630 hasta que las flechas amarillas nos desvían por una pista de tierra a la izquierda hacia Aldeaseca de Armuña (km 5,5). Alcanzamos la iglesia de Aldeaseca de Armuña tras kilómetro y medio.





      Hoy convertida en localidad residencial de Salamanca, sus orígenes se remontan a antiguos pobladores celtíberos y romanos. Posteriormente fue repoblada por distintas comunidades tras la Reconquista.

Durante siglos gran parte de sus tierras estuvieron bajo la influencia de la Catedral de Salamanca. El Camino atraviesa sus calles hasta llegar a la iglesia de la Santa Cruz, templo clasicista del siglo XVII con un notable retablo barroco.

Rodeamos la iglesia y continuamos hasta un túnel bajo la autovía (km 7,7).
El paisaje urbano desaparece y comienzan las largas pistas agrícolas rodeadas de campos de cereal. Llegamos a la siguiente población, Castellanos de Villiquera (km 12).







      Pequeña localidad fundada durante las repoblaciones medievales del siglo X. Destaca la iglesia de San Juan Bautista, reconstruida en el siglo XVI con elementos románicos de un templo anterior.

Al dejar el pueblo, el horizonte se abre de nuevo en largas rectas entre campos cultivados. Poco a poco aparece a lo lejos la torre de Santa Elena, en Calzada de Valdunciel (km 16,2).


“El horizonte lejano
enseña paciencia…
y también esperanza.”






      Localidad profundamente ligada a la antigua Vía de la Plata, la antigua calzada cruza el pueblo por la mitad, coincidiendo, en gran parte, su recorrido con el de la calle de Santa Elena en cuyo extremo del sur pervive el topónimo de la Cruz de Santiago, que hace referencia a una ermita antigua y tal vez alude al uso medieval de este trazado de ruta de peregrinación a Santiago.

Atravesada la plaza cerca del frontón, la vía discurre por la antes llamada calle o calzada de Zamora (actualmente rebautizada Ruta de la Plata), dejando atrás las casas del pueblo al pie del arroyo de la Vega. Allí pueden apreciarse vestigios posiblemente vinculados a la vía romana. Una hilera de grandes piedras (pontones) servían de pasadera peatonal para el citado arroyo. Algunas de ellas, de robusta forma cilíndrica, han sido identificadas como fragmentos (sin epigrafía( de miliarios. Desde aquí, el camino avanza decididamente hacia el norte, franqueando una loma a través de un tajo artificial que, aunque profundizando posteriormente, debió de ser excavado en su inicio por los autores de la obra romana.

Su iglesia parroquial, bajo la advocación de Santa Elena, corresponde en su conjunto al siglo XVI. Conserva elementos románicos y un valioso retablo barroco del siglo XVIII, además de la venerada imagen del Cristo de la Piedad, de gran devoción en Calzada.

Empotrada en uno de los arcos de la nave, se conserva asimismo una escultura de estilo gótico, probablemente del siglo XIII, que representa a un rey, con una cruz y globo terráqueo en las manos. Probablemente, la escultura fue trasladada de la iglesia antigua al realizarse la nueva obra en el siglo XIV.

En las afueras se conserva también una estela funeraria romana reutilizada como brocal de fuente, testimonio de la antigua presencia romana en este tramo.

Calzada es un típico pueblo de la meseta, situado a unos 800 metros de altitud, donde el clima puede resultar duro en invierno.


“Las piedras antiguas
recuerdan que otros
caminaron antes…
y también llegaron.”





      Abandonamos Calzada cruzando el arroyo de la Vega. Poco después encontramos una pequeña ermita de nueva factura y un mirador ornitológico. 

La pista continúa entre campos de cultivo hasta aproximarnos nuevamente a la N-630 y la autovía (km 19,5 de la etapa).





      A partir de aquí comienza el tramo más exigente de la jornada, sobre todo desde el punto de vista mental. Durante unos 15 kilómetros caminaremos prácticamente paralelos a la carretera, por una pista ondulada con pocas referencias.

El cansancio acumulado y la sensación de distancia interminable ponen a prueba nuestra paciencia. En etapas como esta conviene caminar sin prisa, hidratarse bien y aceptar el ritmo que marque el cuerpo.




      Un punto de referencia a tener en cuenta puede crearnos alguna dificultad si caminamos en época de lluvias (km 21,8 de la etapa), el Rivera de Cañedo pasa bajo el puente de la autovía, nos impedirá continuar si las lluvias han sido abundantes. Si esto ocurre la alternativa es bien sencilla, cruzamos bajo el viaducto la A-66, salimos a la nacional y la seguimos por la izquierda hasta tomar una carretera comarcal a mano izquierda (giro de 180 grados) para volver a pasar bajo la autovía y recuperar el camino paralelo a ella.




      Pasamos a la altura de la cárcel de Topas, al otro lado de la autovía (la distinguiremos por su alta torre de vigilancia y pabellones amarillos) km 32,3. Nos restan aproximadamente cuatro kilómetros para alcanzar nuestro destino.

Tras un último tramo junto a la N-630, un camino a la izquierda nos conduce hasta una carretera local que nos lleva tras una larga recta a nuestro final de etapa, El Cubo del Vino (km 36,2).







      Primera población de la provincia de Zamora en este Camino. Su apellido, “Tierra del Vino”, recuerda la antigua tradición vitivinícola de la zona. Aún se conservan viñas y bodegas excavadas en la tierra que mantienen viva esta herencia.

El topónimo “El Cubo” podría aludir a una antigua torre defensiva que vigilaba esta estratégica vía de paso. Situado aproximadamente a mitad de camino entre Salamanca y Zamora, el pueblo acoge al peregrino con la sobriedad propia de la meseta castellana.

A la entrada de la localidad se encuentra el albergue turístico Torre de Sabre, actualmente la única opción de alojamiento. 

Su Iglesia Parroquial es la de Santo Domingo de Guzmán, un templo de origen románico, datable principalmente entre los siglos XV y XVI, aunque con reformas posteriores. Destaca por su arquitectura tradicional de la zona de Tierra del Vino, integrándose en la historia de la región zamorana.
En su interior alberga imágenes y elementos de valor artístico y devocional para los vecinos de la localidad.




“Después de una jornada
interminable, llegar ya es
una forma de gratitud.”


Reflexión

      Esta es una etapa de silencio y perseverancia. No ofrece grandes monumentos ni paisajes espectaculares, pero sí algo profundamente valioso: espacio interior.

La meseta obliga a caminar también por dentro. Aquí el paso se vuelve consciente y el tiempo adquiere otra densidad.

Si en algún momento el cansancio pesa, recuerda que el Camino no se conquista… se consiente. Y que cada paso, por pequeño que parezca, ya es llegada.


El Cubo del Vino > Zamora
31,3 km

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