Una vez superados, alcanzamos una loma desde la que se abre ante nosotros una panorámica serena de la comarca. Es momento de detenerse, mirar y agradecer.
Descendemos por una pista ancha, flanqueada por campos que respiran quietud, hasta que nos acercamos a la carretera N-630. Un puente nos ayuda a salvar el río Rivera Atarja (km 3,3), y poco después, las flechas nos guían por un camino de tierra hacia la izquierda, dejando atrás la breve compañía de la carretera.
Más adelante nos espera el arroyo Matasanos, otro pequeño obstáculo que nos recuerda que el Camino no es una línea recta, sino una sucesión de pasos donde cada cruce, cada desvío o dificultad, forma parte de la experiencia.
A veces, el agua que corta el sendero es también un símbolo: lo que parece frenar nuestro avance puede ser una invitación a detenernos, a respirar, a mirar alrededor con ojos nuevos.
El Camino avanza rodeado de campos de viñas y olivares, un tramo hermoso. Aunque en época de lluvias, el barro puede complicar el avance, conviene tenerlo en cuenta. Poco a poco nos vamos acercando a la carretera de Medina de las Torres (km 8). Aquí, quien desee visitar esta histórica localidad tiene la oportunidad de continuar por la carretera hasta la población, a unos 5 km. Esta población forma parte del último tramo del Camino del Sur procedente de Huelva y que termina en Zafra, naturalmente con flechas amarillas que te indican el camino a seguir.
Sin desviarnos cruzamos la carretera, le sigue una pista de tierra que en apenas cuatrocientos metros nos lleva hasta un descansadero, lugar propicio para parar, beber agua y dejar que el cuerpo –y el espíritu– se acomoden al ritmo pausado del Camino.
Medina de las Torres no es ajena al Camino. Guarda un profundo vínculo jacobeo, tanto histórico como espiritual. Forma parte del Camino del Sur, que parte de Huelva y se une a la Vía de la Plata en Zafra. Para los peregrinos que vienen desde el sur, Medina representa su última etapa antes de alcanzar la vía principal. La localidad cuenta con albergue municipal, donde se acoge con generosidad al caminante.
Además, Medina de las Torres atesora un notable patrimonio histórico. Entre sus atractivos destaca el conjunto arqueológico de Contributa Iulia Ugultuniae, antigua ciudad romana que aún guarda el eco de sus foros, templos y calles. El ayuntamiento local ofrece información para facilitar su visita.
donde la historia se encuentra
Medina de las Torres es un pueblo con profundas raíces históricas que se reflejan en sus restos arqueológicos, desde dólmenes calcolíticos hasta vestigios romanos como la antigua ciudad de Contributa Iulia Ugultunia, importante enclave en la Bæturia céltica. Durante la Reconquista, pasó a manos cristianas bajo la Orden de Santiago, cuyo legado queda patente en numerosos monumentos santiaguistas que aún se conservan.
Entre sus tesoros destacan la iglesia parroquial de Ntra. Sra. del Camino, con portadas platerescas y un impresionante retablo del siglo XVI, el Castillo de la Encomienda, conocido como “Torre de los Moros”, y la ermita de Ntra. Sra. de Coronada, una joya arquitectónica del siglo XV que se alza en un entorno natural cuidado y evocador.
Medina cuenta también con un albergue municipal que acoge a los peregrinos del Camino Mozárabe del Sur, haciendo de esta villa un punto de encuentro histórico, espiritual y cultural dentro de la ruta jacobea.
Reflexión
Medina de las Torres no solo es un lugar de historia y arte, sino también un espacio para el encuentro interior. En sus piedras y sus caminos se siente el susurro del silencio que invita a la pausa, a la mirada serena y a valorar la soledad como fuente de sabiduría. En cada paso, más allá de lo visible, se abre la posibilidad de conectar con aquello que no se ve pero se siente en el corazón.
A la entrada de la villa, el peregrino pisa tierra antigua, aunque poco queda documentado sobre su origen por la pérdida de archivos durante la guerra contra los franceses. Algunos viejos refranes aún evocan su antiguo nombre: La Gran Sansonia. Ya en el siglo XIII aparece registrada como Puebla de Sancho Pérez.
Su historia estuvo ligada a la Orden de Santiago, como Encomienda integrada en el Obispado de San Marcos de León, con sede en Llerena. También se han hallado vestigios romanos en distintos puntos del término, lo que confirma la antigüedad de estos parajes transitados por generaciones.
El pueblo conserva aún casas solariegas con blasones que nos hablan de antiguos linajes: los Vega, Rivadeneira, Toro, Montaño… Y sobre el caserío se eleva majestuosa la iglesia parroquial de Santa Lucía, vigía de fe y testigo silencioso del paso de los caminantes.
Desde la iglesia de Santa Lucía en Puebla de Sancho Pérez (km 14,4), el Camino gira a la derecha por la calle Obispo Soto, que nos conduce hacia la carretera BA-160. Caminaremos junto a ella durante aproximadamente un kilómetro. Superada una gasolinera, giramos a la izquierda por la carretera vieja de La Puebla (BA-3012), dejando atrás el ruido de los coches para avanzar hacia la serenidad de Zafra.
Tras algo más de 700 metros alcanzamos las primeras viviendas de la Villa de Zafra. La señalización jacobea urbana nos guía sin desvíos hasta la confluencia con la Avenida de la Estación (km 17,5). Frente a nosotros, se alza el singular edificio del Albergue de Peregrinos Van Gogh, coronado por su reconocible minarete, símbolo de acogida.
Emprendemos el último tramo del día, rumbo a la iglesia de la Candelaria, en el corazón antiguo de Zafra.
A nuestra derecha queda el Parque de la Estación, donde algunos peregrinos se detienen a respirar entre sombras antes de adentrarse en la ciudad. La Plaza de España nos recibe como umbral lo cotidiano, donde el pulso de la ciudad se entrelaza con el del Camino.
Seguimos por la calle Sevilla y, casi sin darnos cuenta, la silueta esbelta de la torre de la Candelaria se eleva ante nosotros. Es un instante íntimo. No se trata solo de haber llegado al final de una etapa, sino de haber alcanzado un lugar de luz, como su propio nombre anuncia.

Zafra, Sevilla la Chica
El corazón histórico de la ciudad fue declarado Conjunto Histórico-Artístico de Interés Nacional en 1965. Aquel recinto amurallado, levantado entre 1426 y 1449 para proteger a la villa y sus florecientes negocios, es hoy un recuerdo vivo en forma de vestigios y antiguas puertas de acceso que aún perduran.
Entre ellas destacan el Arco de Jerez, que alberga la capilla del Cristo de la Humildad y Paciencia; el Arco del Cubo, con su forma circular recientemente restaurada; y la Puerta de Palacio, junto al majestuoso palacio de los Duques de Feria.
El Palacio de los Duques de Feria, reconvertido en Parador Nacional de Turismo, es quizás la joya más espléndida de Zafra. Antigua residencia señorial del siglo XV, conserva la dignidad de los castillos y el refinamiento de los palacios. Su elegante patio renacentista, que algunos atribuyen a Juan de Herrera, es un remanso de armonía que merece una pausa contemplativa.
Para adentrarse en el alma de la ciudad, el peregrino puede seguir el trazado del Camino por la Puerta de Sevilla, que desemboca en la arteria principal, la calle del mismo nombre. Serpenteante, bulliciosa, comercial, esta calle recuerda inevitablemente a la sevillana Sierpes: viva y estrecha, invita a pasear sin prisas, a mirar escaparates y fachadas, a respirar el pulso de la ciudad.
Al final de esta vía se abre la Plaza Grande, que desemboca en la recogida y encantadora Plaza Chica, corazón turístico y gastronómico de Zafra. Ambas están conectadas por el Arquillo del Pan, un pasaje donde se guarda la imagen de la Virgen de la Esperancita y se conserva tallada en una de las columnas la antigua vara de medir, símbolo de justicia en el comercio de antaño.

Colegiata de La Candelaria
La construcción de la Iglesia de La Candelaria se inició en 1527, con el propósito de sustituir a la antigua iglesia que se alzaba donde hoy se encuentra la Plaza Grande de Zafra. Este proyecto fue impulsado por el III Conde de Feria.
Su planta es de cruz latina, con una sola nave que alberga capillas a ambos lados entre los contrafuertes, y un coro alto ubicado a los pies. Cuenta con un crucero de alas cortas y un ábside ochavado. En 1609 fue erigida como Colegiata, gracias al fervor religioso del III Duque de Feria.
La capilla mayor destaca por un magnífico retablo, obra del sevillano Blas de Escobar, que alberga esculturas atribuidas a Juan de Arce. A este conjunto se suman dos capillas colaterales que complementan el espacio.
La nave principal está cubierta por bóvedas de crucería. La iluminación natural proviene de cuatro ventanales, similares a los del crucero y la cabecera, así como de un óculo situado en la zona del coro alto.
La Torre de la Iglesia
En el interior, sobresale el Retablo de la Virgen de los Remedios, compuesto por nueve lienzos pintados en 1644 por Francisco de Zurbarán. También merece especial mención la Capilla de la Virgen de La Valvanera, de estilo barroco, sufragada por comerciantes originarios de Cameros asentados en la ciudad. Destaca igualmente el Retablo de la Virgen del Carmen, obra de Blas de Escobar, así como la excelente colección de objetos litúrgicos que se conservan en la antigua sacristía.

El Convento de Santa Clara de Zafra como se le conoce en la ciudad. Construido entre 1430 y 1454 y declarado Monumento Nacional en 1984.
Se encuentra en pleno centro de la ciudad de Zafra, en Calle Sevilla. En la actualidad alberga a monjas Claretianas de clausuras, famosas por su obrador de pastelería y por ser sede del Museo de Santa Clara, que ocupa parte del convento y que no solo muestra aspectos destacados de las religiosas Claretianas que lo habitan, sino también de la historia de Zafra.
Al finalizar esta etapa en Zafra, una ciudad donde la historia y la espiritualidad se entrelazan en cada piedra, es momento para detenerse y mirar hacia dentro. El Camino, más allá del esfuerzo físico, es un camino de transformación.
Antes de retomar la senda hacia la siguiente etapa, haz una pausa consciente. El Camino es también una escuela de paciencia y entrega, donde cada paso nos acerca a la esencia de lo que verdaderamente somos.
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>>> 46,4 km <<<
>>> 62,4 km <<<
























Es una gozada leer la descripcion de la etapa, se vive y se palpa paso a paso, escrita con el corazon, muy interesante por todos los datos historicos, el esplendido y majestuoso retablo, iglesia del Divino Salvador, esa plaza de toros adosada a la iglesia, debe ser muy original ( no hay fotografias. Una vez mas Antonio, emhorabuena, un placer leerte, gracias.
ResponderEliminarGracias a ti Beatriz, me agrada te guste.
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